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    Uruguay es “apetecible” por su alto “consenso político”, pero no logró suficiente “visibilidad” entre inversores internacionales

    Junto con su padre, fundador y periodista en varios diarios argentinos, Javier Timerman pasó veranos en Punta del Este y ahora, como muchos de sus compatriotas, se imagina radicado allí, aunque sea temporalmente. Le atrae el lugar —“me encanta”—, pero también lo que a otros: una estabilidad difícil de encontrar en otro país de América Latina, asegura. Para él, el contraste con Argentina es radical: “La grieta es una forma muy tremenda de destruir una economía, o de castigarla”.

    De su país se fue a los 16 años y vuelve unas pocas semanas al año. Trabaja en Nueva York, donde tiene una de sus sedes la empresa argentina de serivicios financieros AdCap, que desde 2011 también opera como agente de valores a través de una sociedad —en cuyo directorio figura— desde Zonamerica, hoy con 10 empleados. “Trabajé toda mi vida en Wall Street y tengo una visión bastante capitalista del mundo. Con algunas cosas estoy de acuerdo con el gobierno kirncherista, con muchas no”, aclaró este economista, que tiene trato con varios de la primera línea política argentina, de un lado y el otro de la “grieta”. Su hermano, Héctor Timerman, fue canciller con Cristina Fernández de Kirchner (2010-2015).

    En la conversación que mantuvo esta semana con Búsqueda vía Zoom, opinó que Uruguay “debería hacerse más conocido” como oportunidad para los inversores.

    —¿Qué tan relevante es el negocio de AdCap en Uruguay? 

    —En Uruguay hacemos sales and trading, un negocio con bancas privadas, de intermediación. Nuestra intención es abrir una casa de bolsa local o una entidad fuera de la zona franca para poder empezar a explorar posibilidades de financiamiento y participar más en el mercado de capitales local. Queremos ver la posibilidad de involucrarnos más con clientes y negocios uruguayos.

    Uruguay funciona muy bien, tiene una regulación respetada.

    —¿Cuál es el atractivo para dar este paso de entrar como un jugador activo en el mercado de capitales de Uruguay, que es muy chico? Es algo que también están haciendo firmas argentinas como Balanz y Banco de Valores… 

    —Nuestro negocio argentino tiene mucho potencial. Más allá de un negocio grande de financiamiento en el mercado de capitales, tenemos fondos comunes, una fintech, ofrecemos varios productos que creemos que en el futuro van a tener mucho éxito. La tecnología provee tantos instrumentos que están yendo tan rápido, innovadores, que en un país como Uruguay, si bien es pequeño, no es más pequeño que otros como Israel, que han desarrollado la industria. La estabilidad política uruguaya es algo envidiable y es un país que debería crecer en términos de su mercado de valores, de bancarización. No hay muchos países en Latinoamérica con el nivel de estabilidad de Uruguay. Mirá lo que pasa en Brasil, en Argentina, Colombia, Perú. Decime un país en la región que tenga los niveles de consenso político y económico sobre a dónde ir (como proyecto de país) más claro que el que tiene Uruguay. Es una apuesta que queremos hacer…, que venimos haciendo, porque en Uruguay hemos crecido.

    —¿Qué necesita el mercado de capitales uruguayo para crecer?

    —Siempre trabajé en sales and trading, y en ese negocio Uruguay era un crédito muy interesante, porque solo lo tenían los fondos de real money, los fondos de pensión, que invertían a largo plazo. Era muy raro que Uruguay sea un activo que genere volatilidad; hubo algunos eventos de volatilidad extrema, que fue cuando reestructuró su deuda (en 2003) y también en el 2008. Ahora, cada vez tiene menos contagio por parte de Brasil y Argentina. Es un crédito que debería hacerse más conocido entre los capitales rápidos y que es un destino apetecible para muchos inversores que no lo están mirando; hablo con cuatro o cinco hedge funds por día y no miran Uruguay. A Argentina lo miran, aunque no están invirtiendo.

    —El gobierno de Luis Lacalle Pou estableció una serie de flexibilizaciones para las residencias de extranjeros y el presidente ha insistido en captar inversiones. ¿Cómo ve este impulso a la radicación de inversiones?

    —Los países deben competir por capital humano, por inversiones, por financiamiento. Parece oportuno salir al mundo y decir: “Acá estamos, buscamos esas inversiones”. El miedo de los inversores hacia Uruguay era el contagio y el tamaño del mercado. En 2008 fue muy dramático; mi inversión era muy pequeña, pero todos los días se deterioraba la posición y no había forma de salir. En un momento fui al BCU y les dije: “Tienen que tener mecanismos que permitan a los inversores tener más liquidez”. Sino la gente dice: “Acá no me meto más”. Creo que Uruguay aprendió la lección.

    El presidente hace un buen trabajo en promocionar. También lo han hecho a su manera los gobiernos del Frente (Amplio) con (José) Pepe Mujica. Al ser una figura conocida, ha mostrado a un Uruguay interesado en el mundo.

    —¿Qué cabe esperar para Argentina, que empezó a repuntar, pero después de un desplome el año pasado producto de la pandemia, y está además con problemas de la alta inflación, elevada pobreza y fiscales?

    —Argentina tiene un problema opuesto al problema uruguayo y la parálisis que provoca la política en la economía es cada vez peor. La grieta es una forma muy tremenda de destruir una economía, o de castigarla. El presidente (Julio) Roca, que construyó en el siglo pasado buena parte de lo que es hoy la Argentina, decía que, como en un tratado de paz, para que la paz sea perdurable el ganador debe ocuparse de los problemas del perdedor. Y eso es exactamente lo que no pasa en Argentina. El problema no es si la inflación subió o bajó 2%, o si el déficit fiscal es 1% más de lo que está previsto cuando se evalúa una inversión en Argentina. Tenemos varios problemas que necesitan consensos: cómo mejorar el gasto, cómo cambiar los incentivos impositivos para generar inversiones en ciertas industrias donde los argentinos somos competitivos. Todo eso debe discutirse; hoy la mezquindad política de ambos lados de la grieta no permite pensar el mediano y largo plazo. Argentina está en un círculo vicioso: los inversores se cansaron y no prestan, cada vez necesita usar artilugios para que no se vayan las reservas, entonces hay un cepo, el cepo crea brecha, y la brecha espanta la inversión.

    En ambos lados de la grieta se están dando cuenta de que esto no debería continuar. La Argentina necesita ser atractiva a la inversión porque es una economía que no crece desde el 2011.

    —¿Son viables esos consensos? La grieta parece profunda...

    —Hay un 30% que apoya al gobierno, un 30% que de ninguna manera votarían al gobierno y en el medio está toda una masa de gente que cada vez más busca soluciones que van más allá de la grieta. A ese electorado no lo atraés por estar en contra de…, que fue lo que hizo (Mauricio) Macri en el 2015 o lo que llevó a Alberto Fernández a la presidencia en 2019. Ese 30% del medio los seducís con políticas de centro, de consenso. El que se adapte mejor a eso va a tener la posibilidad de ganar las próximas elecciones.

    —¿Qué tan relevante es la elección legislativa de noviembre?

    —Muy relevante. No solo para ver quién gana en términos de gobierno/oposición, sino para ver qué pasa dentro de cada uno de los frentes, el Frente de Todos y en Cambiemos. Hay un número mágico que es 40%; si el gobierno saca menos, sería visto como una mala elección; si saca menos de 40% en la provincia de Buenos Aires también. Es importante porque si al gobierno le va mal y la oposición es competitiva en la provincia de Buenos Aires, la estrategia de (Horacio) Rodríguez Larreta de poner su propio candidato le daría resultado y eso lo impondría como nuevo líder de la oposición. También la elección es muy relevante de cara al 2023.

    Si al gobierno le va mal, va a haber todo un grupo dentro del oficialismo que pedirá cambios fuertes, que van a estar más en consonancia con moverse hacia el centro, con políticas más de consenso. Para Cristina (Fernández) es importante ganar en 2023.

    La Unión Cívica Radical, que es un partido tradicional de Argentina que fue socio muy minoritario del PRO, está cautivando cierta intención de voto muy interesante. Eso a mí me hace pensar que un posible gobierno de Cambiemos en el futuro no va a ser un gobierno del PRO, sino de coalición entre los radicales —que son mucho más moderados— y un liderazgo también más moderado por parte de Cambiemos.

    Si al gobierno le va mal, le van a echar la culpa al presidente; y si le va a bien, van a decir que a pesar de los errores del presidente… Va a ser difícil que el gobierno no tenga un cambio de timón o un cambio respecto a sus próximos dos años de mandato.

    —La suba de las acciones de empresas y bonos argentinos en Nueva York de estos últimos días, ¿lo asocia al ánimo de los inversores respecto al posible resultado de noviembre? 

    —La mayoría de los inversores no se involucran en el mercado de acciones porque los volúmenes son muy pequeños para ellos, pero de todas maneras lo vimos en el 2013, 2014 y 2015. Fueron años en los que —si bien había muchas dificultades en Argentina en términos de inflación, de cepo, de problemas con los holdouts— los activos argentinos tuvieron un rally muy importante. El razonamiento era que los candidatos que se perfilaban (Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa) eran con los que el mercado se sentía más cómodo. Ahora se está dando el mismo fenómeno por parte de los inversores, que ven que el gobierno tiene dificultades, que perdió las elecciones en Corrientes y que las encuestas le dan que no está claro si puede ganar siquiera en la provincia de Buenos Aires. Eso crea entusiasmo. Es la contracara de lo que pasó en las PASO de 2019.

    Además, todavía los activos están muy castigados y la situación técnica de la mayoría de los fondos están desinvertidos en Argentina, así que hay mucha capacidad para retomar el interés por los activos argentinos. Pase lo que pase en estas elecciones, el 2023 es una incógnita, y eso va a traer inversión.

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