En un entorno macroeconómico “estable” y un clima favorable para las inversiones, el país se abrió más al comercio internacional aunque el grado de apertura es todavía bajo para su nivel de desarrollo, plantea el diagnóstico. El desempeño exportador de Uruguay, que se incrementó 3,95 veces entre 2000 y 2013, muestra un rezago al compararlo con el de Chile (4,3 veces) o Paraguay (10,8). Así, de cada millón de dólares exportado en el mundo en ese último año, 70 se originaron en Uruguay.
La ubicación geográfica juega en contra de la integración comercial y Uruguay figura en el puesto 183 en un ránking de los más remotos a los mercados, que abarca a 195 países. Es un factor, pero no el único según Varela: “Si los vecinos son cerrados, eso en general hace más difícil que uno sea abierto”. La estrategia, según él, debe ser tratar de negociar nuevos acuerdos comerciales, lo que para Uruguay no es sencillo dadas las restricciones que en ese sentido impone el Mercosur, o discutir mejores condiciones de acceso producto a producto, así como cuestiones sanitarias que amplíen las oportunidades de negocio como ocurrió con las naranjas en Estados Unidos.
Varela percibe de las autoridades uruguayas “vocación de negociación” de acuerdos, aunque hay también cuestiones de “economía política alrededor de los tratados que hace la toma de decisiones más compleja de lo que parece en la opinión pública”. La decisión de bajarse de la discusión del acuerdo sobre comercio de servicios (TISA, por su sigla en inglés) adoptada por la administración Vázquez parece encajar en ese análisis.
“En servicios la negociación de acuerdos es bien importante. En esta área el Mercosur no encorseta tanto y además, los servicios modernos —como las tecnologías de la información (TIC) y los servicios globales— no están tan afectados por la escala como los productos, ni tampoco por la lejanía de los mercados. Allí hay un potencial importante para Uruguay. Negociar acceso a mercados es bien importante, pero también lo son —e incluso más para rubros como la informática— los acuerdos para evitar la doble tributación”, sostuvo.
En el diagnóstico se subraya que las exportaciones de servicios por parte de Uruguay tuvieron un buen desempeño (aumento de 7,4% anual en promedio entre 2000 y 2013) y que en los años recientes llegaron a representar casi un tercio del total. Y se califica como “notable” la expansión en rubros como el turismo.
Por productos, el estudio destaca que las ventas de rubros primarios aumentaron más que las de bienes con mayor valor agregado y representan cerca de 62% del total. En un contexto de “boom” en el precio internacional de la soja y las inversiones en torno al sector forestal, estos sectores duplicaron y triplicaron su participación de mercado desde 1998. En cambio, en otros hubo un “colapso” y los cueros son el caso paradigmático, se señala.
Por otra parte, las exportaciones tendieron a una mayor sofisticación tecnológica en los últimos años y superan a las de Chile, aunque en esa categorización están por detrás de las de Costa Rica y Nueva Zelanda.
En cuanto a su calidad, los productos uruguayos que integran el top ten de exportaciones no mostraron mejoras entre 2007 y 2009. Sí se destacó carne fresca sin hueso, lo que estuvo asociado a la trazabilidad en la cadena.
Otro dato es que el número de empresas exportadoras de Uruguay se redujo en los años analizados, y eran 1.758 en 2013. Costa Rica, Chile, Perú y Sudáfrica tienen una cantidad mucho mayor —y creciente—, y solo Paraguay cuenta con menos (725).
“Desde el BM estamos hablando de cómo podemos ayudar en algunas cadenas de valor y sobre todo cómo podemos seguir conectando más a Uruguay a las cadenas de valor globales. Ya hay mucho que se hace, mucha innovación en la carne, por ejemplo”, afirmó Fruman.
Respecto a la diversificación exportadora, Varela comentó: “Un libro de nuestro economista jefe y otros autores remarca que no importa tanto lo que se produce sino cómo se produce. Lo importante es si se es eficiente, si hay esfuerzo innovador. Es un tema de discusión también en Uruguay. Nueva Zelanda, Australia y Canadá no son diversificados, mientras que Argentina y Brasil sí lo son. Uno podría llevar una política de fomentar la diversificación de sectores, pero eso no es garantía de desarrollo o de crecimiento sustentable. También es cierto que si se tiene una estructura muy concentrada, la vulnerabilidad a los shocks es mayor”.
Según el estudio del BM, los destinos de las exportaciones de productos por parte de Uruguay cambiaron significativamente entre 2001 y 2013, al caer la relevancia de mercados tradicionales como el Mercosur, Estados Unidos y Europa, e incrementarse los envíos a China (de 2,7% a 21,7%). También hubo una “incipiente penetración en nuevas plazas”.
Pero la probabilidad de supervivencia de las exportaciones de Uruguay en los mercados por más de un año es menor a 45%, y la chance de que se mantengan más de dos está por debajo de 30%. Entre países de similares características solo Paraguay presenta tasas de supervivencia peores, conforme al diagnóstico.
“Viento de cola” y desafíos
“El crecimiento de las exportaciones de Uruguay fue mucho más allá del viento de cola. El aumento de los precios internacionales sin duda ayudó, pero al mismo tiempo los exportadores enfrentaron aumentos de costos de los combustibles. Eso también tuvo lugar junto con el superciclo de los commodities”, comentó Varela.
Y prosiguió: “Si uno mira qué pasó con la estructura exportadora se advierten cambios más allá del viento de cola. Por ejemplo, lo que sucedió con el proceso de trazabilidad en la carne, que permitió que Uruguay obtuviera el quintil más alto del precio —cuando antes estaba a mitad de tabla— fue beneficiarse del viento de cola, sí, pero también hubo políticas de Estado de muchos años que colaboraron. Y además hubo un sector privado que estuvo dispuesto a responder”.
También el sector de las TIC creció un significativo 26%, observó. Y fue, dijo, sin “viento de cola; no fue que el Estado puso el dedo diciendo: ‘Vamos a dar tal incentivo’. Fue desde una perspectiva que sentó las bases para dar la infraestructura en términos de bienes públicos y en capacitación de mano de obra. Cuando pensamos en diversificación, esas son buenas prácticas: más que incentivos, hay que diversificar los activos del país”.
Para Varela, “si cae abruptamente la demanda de Brasil, si hay incertidumbre sobre otros países de la región, si se desacelera la economía China, ciertamente eso va a generar un impacto sobre las exportaciones de Uruguay. Pero eso no quiere decir que se desande un proceso de consolidación de una nueva matriz exportadora”. Sin embargo, son múltiples los desafíos para darle continuidad a esos avances.
La infraestructura de transporte es uno. El sistema carretero ha estado bajo una “grave tensión”, y mientras los camiones en Finlandia tienen la capacidad de transporte más de 100 toneladas por viaje, en Uruguay, dada su pobre infraestructura, solo pueden llevar 30, según el diagnóstico. A nivel del transporte fluvial se precisa incrementar la profundidad en la entrada a los puertos para que lleguen barcos de mayor calado.
Además, agrega el estudio, los altos precios de los combustibles encarecen “sustancialmente” los costos. Y plantea que no son claros los efectos sobre las tarifas que derivarán de las mega inversiones que promovió el gobierno en el área energética.
En otro plano, relacionado también con los costos, el BM afirma que los empresarios han expresado preocupación por las condiciones del mercado laboral y, en particular, la conflictividad es identificada como una restricción para aumentar la productividad. En el documento aboga por mayor flexibilidad, sobre lo cual Varela acotó: “Es importante moverse hacia un esquema en el cual los salarios estén atados a la productividad. Cuando uno escribe un reporte es más sencillo que cuando uno tiene que sentarse a negociar cómo se define la productividad. Es lógico que sean procesos lentos, pero hay que poner el tema sobre la mesa”.
Agregó que para mejorar la productividad, la educación “es clave y la integración (comercial) también. La evidencia internacional muestra que los países que más crecen vía aumento de la productividad son los más integrados, porque son también los más expuestos a mejores prácticas, a mejores tecnologías, insumos e inversión”.
En el campo de la educación el diagnóstico cita una cifra para ejemplificar al déficit en capital humano: la Cámara de Tecnologías de la Información del Uruguay informó a los autores que su sector requiere de unos 500 ingenieros más cada año, pero que solo 180 se gradúan anualmente.