Nueva Zelanda es, como Uruguay, un país con perfil agropecuario. Sin embargo, el “paquete productivo y tecnológico” de uno y otro difiere sustancialmente, y el de la economía océanica es mucho más sofisticado que el de la sudamericana.
Nueva Zelanda es, como Uruguay, un país con perfil agropecuario. Sin embargo, el “paquete productivo y tecnológico” de uno y otro difiere sustancialmente, y el de la economía océanica es mucho más sofisticado que el de la sudamericana.
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El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSegún una investigación del Centro de Estudios sobre la Realidad Económica y Social (Ceres) presentado ayer miércoles 27 por su director académico, Ernesto Talvi, los niveles de sofisticación de los bienes producidos y exportados por Uruguay son los siguientes: 44% es “muy baja”, 22% “baja”, 17% “media”, 8% “alta” y 10% “muy alta”. De la última categoría identificó las hormonas, sueros y vacunas elaborados en el país.
Nueva Zelanda también exporta carne, lana, madera y vinos, pero 44% de su producción es altamente sofisticada. Algo similar ocurre con Irlanda, donde ese porcentaje llega a 43%, en este caso abarcando compuestos químicos o cables de fibra óptica.

El estudio del Ceres abarcó 110 países y tuvo en cuenta más de un millar de productos de exportación.
El nivel educativo y tecnológico de un país determina a su vez la sofisticación productiva, remarcóTalvi.
En el caso de Uruguay, en los últimos diez años hubo una mejora en el nivel tecnológico —impulsada por el bajo costo de los recursos financieros y de capital que aprovecharon las empresas para renovar su equipamiento— pero por el contrario, no se registraron avances de ningún tipo a nivel educativo (ni en los años de educación promedio ni en la calidad de la educación de la población activa), señaló Talvi.
Agregó que la caída de los niveles de pobreza en el país en los últimos años obedeció principalmente a la mejora generalizada de los ingresos “asociada al boom económico”, y en menor medida a las transferencias fiscales hacia los sectores más vulnerables. Sin embargo, dijo, la “pobreza educativa se ha quedado estancada en la última década, con cifras alarmantes: el 64% de la población entre 18 y 65 años no tiene secundaria completa”.
“Estamos remando contra la corriente con políticas sociales asistencialistas que mejoran circunstancialmente la desigualdad de ingresos que estructuralmente tiende a deteriorarse por la acentuación de las desigualdades educativas”, subrayó. A su juicio, Uruguay “no sentó las bases para un desarrollo autosostenido y socialmente armónico porque no se hicieron los deberes”.