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    Uruguay según los extranjeros

    Sr. Director:

    El diario británico The Guardian acaba de publicar un artículo escrito por Oliver Balch que describió a Punta del Este como una “ciudad cerrada ‘super-rica’”. Haciendo sensacionalismo respecto de los gustos extravagantes de las élites durante el ePrix y contrastándolo con las penurias de los obreros de los asentamientos cercanos, pregunta si Punta del Este es “una imagen de nuestro futuro urbano”. El autor asemejó a Punta del Este con un “Mónaco en Mali”, dando la imagen de un Uruguay profundamente desigual.

    Cuando leo artículos como este, veo a The Guardian cada vez más como un tabloide disfrazado detrás de un diseño gráfico elegante e intereses de ciertos nichos que no representan el sentir de la población en general. Al hacer eso, cuando analiza lugares alejados como Uruguay, a menudo ignora las realidades económicas, sociales y políticas subyacentes.

    Punta del Este no es una “ciudad cerrada ‘super-rica”. No es Mónaco, ni Uruguay es Mali. Sí, los ingresos de la gente que veranea allí y el costo de vida en Punta del Este son los más altos en el país. Pero es una ciudad de acceso a todo el público —como cualquier otra— cuyas playas, bulevares y paisajes pueden ser disfrutados por todos.

    Comparado con Las Vegas, Miami o aun el Mónaco que menciona el autor, Punta del Este es bastante sencilla, sin adornos y aún igualitaria.

    Asimismo, el Uruguay que sirve como fondo de lo que el autor llama “paraíso distopiano (indeseable)” no se parece en nada a un país caótico y tercermundista como Mali.

    En vez de enfocarnos sobre las divisiones entre los que tienen y los que no tienen, vamos a mirar en primer lugar a la gran cantidad de los que ya tienen. Una mirada a Punta del Este y Maldonado en GoogleMaps muestra que apenas 5% del área (y población) de la zona está ocupada por asentamientos. En el Uruguay de pequeña escala, los pocos que viven en asentamientos en Punta del Este pueden llegar a su trabajo mucho más rápido y de forma más barata que cualquier obrero que tiene que vivir en la Zona 6 del Londres de The Guardian.

    La mayoría del área está poblada por edificios altos y por casas en barrios arbolados que harían sonreír a Ebenezer Howard —británico, fundador del movimiento Ciudad Jardín. Además, esas casas unifamiliares casi nunca se ubican en comunidades cerradas y la mayoría aún no tiene verjas.

    Donde un observador del exterior en un viajecito de una semana ve avaricia, los uruguayos y su gobierno acostumbrados a un siglo de turismo ven necesidad económica.

    Hay una frase uruguaya que me encanta, “laburar la temporada”. En enero y febrero, jóvenes de todos partes del país llegan a Punta del Este para trabajar como mozos de restoranes, DJs y recepcionistas en los hoteles. Los más afortunados pueden ganar un año de sueldo en dos meses, simplemente debido a los precios más altos del lugar y las propinas generosas de la élite argentina y brasileña.

    Artículos como este de Balch no llegan a reconocer que tenemos el derecho a disfrutar una buena vida y que los gobiernos e individuos tienen el derecho de cosechar los frutos de su esfuerzo.

    El aluvión estacional de verano, liderado más que nada por argentinos (dueños de mas de 60% de la propiedad en Punta del Este), efectivamente subvenciona a una porción de la juventud uruguaya que pasa el resto del año estudiando, viajando, trabajando o simplemente viviendo su vida con tranquilidad.

    Muchos de estos jóvenes residen durante la temporada en Maldonado, donde vivir es mucho más barato que en Punta del Este, pero donde sin embargo hay alojamiento de buena calidad y proximidad a las atracciones del balneario. La promoción del turismo de playa es fundamental para el desarrollo económico de Uruguay. En un país dominado por vacas de verdad, Punta del Este es la vaca que rinde más —the cash cow, decimos en inglés— representando una proporción significativa del PBI.

    La noción de que el uruguayo promedio está excluido de Punta del Este es un poco inverosímil. La mayoría de los uruguayos que conozco ni siquiera aspiran a este estilo de vida “super rico” mencionado por The Guardian. Me parece que hay un sentimiento de que es mejor dejar a Punta del Este para los porteños con sus autos rápidos y bronceados falsos, siempre y cuando ayude a la economía uruguaya, aportando trabajo y estabilidad. Que Piriápolis, La Paloma y Atlántida sean más populares entre los uruguayos no es porque sean de segunda clase, sino porque son lo que los uruguayos prefieren cuando se trata de vacaciones.

    En la semana después de que salió este artículo, ocurrió un evento que ilustra aún más que los ricos de Uruguay no tienen murallas que los separan de los pobres. Una familia de cuatro personas salió de Melo a Minas en ómnibus y de Minas a Punta de Este a dedo, buscando trabajo de temporada, armada con solo 700 pesos, dos mochilas, mate y termo. Un hombre se detuvo en la mitad de su camino y los llevó. Les pidió su número de celular, sacó una foto de ellos y la subió a Facebook acompañado por su historia. En 24 horas, el padre dijo que recibió cerca de 200 llamadas ofreciéndoles trabajo, alojamiento, comida, pasajes de ómnibus y más.

    El autor, en lugar de quejarse de la ausencia de planes de vivienda en Punta del Este, hubiera podido mejor apuntar al hecho de que: a) en una localidad pudiente, el mercado se ocupa de la mayoría de las necesidades de alojamiento y, más importante, que b) en lugares donde el alojamiento se precisa más, Uruguay es líder mundial en vivienda cooperativa, gracias a programas innovadores como FUCVAM y MEVIR.

    Otra cosa que ignoró el autor es que tal vez las oleadas de porteños y brasileños vienen a vacacionar en el Uruguay tranquilo e igualitario precisamente para poder escapar de playas como Copacabana o aun Florianópolis, que están ubicadas más cerca que Punta del Este de grandes asentamientos y actividad delictiva.

    Los Guardianistas pueden encerrarse en su burbuja ideológica, ver un árbol caído en el bosque y suponer que hubo una tala masiva. Pero si dedican una mirada más profunda y más amplia a un país como Uruguay, van a ver un país que tiene imágenes de su futuro urbano más positivas que los de Mónaco, de Mali o aún de Londres.

    El artículo hizo otra mala caracterización del pequeño país. Salto no es un “remanso rural”. Ha venido desarrollando industrias desde hace más que un siglo y hoy tiene una economía diversa que combina las industrias ganadera, citrícola y vitivinícola, y además es un centro educativo de nivel universitario. Es un destino turístico agradable por su propio derecho, con su rambla costanera y sus famosas termas. También tiene algunos asentamientos, pero en el paisaje urbano, aun ellos parecen ensombrecidos por planes públicos de viviendas realizadas en una escala humana. 

    Samuel Brandt

    Norteamericano, licenciado en Geografía en la

    Universidad de Chicago, fue becario Fulbright en Uruguay

    en 2014. Visitó 18 departamentos en 9 meses y pasó la

    mayoría de su estadía en la localidad de Cerro Chato

    y los pueblos de la Ruta 7 ayudando en liceos e

    investigando la vida cotidiana del interior profundo.

    Está escribiendo un libro que trata de mostrar a Uruguay

    y a los uruguayos con una mirada integral.

    Twitter @samtbrandt