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    Venezuela, ¿invitada o no invitada?

    Sr. Director:

    La decisión del señor presidente electo de no invitar al actual gobierno de Venezuela, como a los de Cuba y Nicaragua, a la transmisión del mando ha generado algunos comentarios polémicos que creo necesario aclarar o rebatir.

    1) Lo primero que hay que tener en cuenta es que el derecho internacional interamericano ha ido evolucionando. La Carta de la OEA de 1948 no exigía que los Estados miembros se rigieran por sistemas democráticos. Hasta el fin de la Guerra Fría el organismo regional se basaba fundamentalmente en la defensa del “principio de no intervención”, que en realidad expresaba la defensa de la soberanía de cada Estado, es decir de su derecho a adoptar cualquier sistema político en su territorio. Así fue que entre la década del 50 y la del 80 todas las dictaduras de América Latina, fueran de derecha o de izquierda, se parapetaban en la defensa del principio de no intervención. Es claro que no se tenían en cuenta los derechos de los ciudadanos. Es en los 90, cuando cae el muro de Berlín y finaliza la Guerra Fría, que se va diseñando un nuevo orden en América Latina que se expresa en la emergencia del “derecho a la democracia” como una regla del derecho internacional interamericano.

    Ya en 1998 lo expresó con claridad meridiana el chileno Heraldo Muñoz, exfuncionario de las Naciones Unidas, excanciller de Chile y actual presidente del Partido Socialista, al afirmar que ya existía un “derecho a la democracia” que no solo es una defensa de este sistema de convivencia basado en un Estado de derecho, sino que ahora “se ha transformado en una obligación normativa” que lleva al “reconocimiento creciente en las Américas de que la democracia puede y debe ser defendida mediante acciones colectivas de carácter pacífico”.

    Solo los miembros de la Unión Europea y los de la OEA exigen a sus miembros la democracia representativa como sistema de gobierno.

    En el caso de América, es necesario tener en cuenta la aprobación de la Carta Democrática Interamericana, en Lima, el 11 de setiembre de 2011, en cuyo art. 1 se consagra que “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla. La democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas”. Obsérvese que se consagra un derecho de los pueblos, no de los Estados. A su vez, no hay respeto y defensa de los derechos humanos sin democracia.

    No puedo analizar toda la Carta pero sí decir que, como expresó José Miguel Insulza, exsecretario general de la OEA, que esta “trasciende la idea de democracia electoral, incorporando no solo el origen democrático del poder, sino también su ejercicio”.

    Con esto queda claro que el ser democrático no es una ideología optativa, es el ser propio de todos los Estados miembros de la OEA. Es decir, todos menos Cuba. Por lo tanto el presidente electo no discrimina por ideología, solo invita en la región a los países democráticos porque son los que reconocen en sus pueblos “el derecho a la democracia”.

    2) Esta exigencia solo se aplica a los países de las Américas como la Unión Europea lo aplica a sus Estados miembros. No se aplica al resto del mundo aunque las naciones democráticas desean por el bien del desarrollo de los pueblos y la vigencia de los derechos humanos que la democracia se extienda por todo el mundo de forma pacífica. En este sentido debe destacarse en el sistema de las Naciones Unidas la Declaración Universal de Derechos Humanos.

    3) Para el caso de Venezuela se debe tener en cuenta que, habiendo ingresado al Mercosur, ha sido suspendida de este organismo de integración regional por incumplir con la cláusula democrática. Es cierto que el Uruguay gobernado por el Frente Amplio se opuso, pero al final debió aceptar esta suspensión. ¿Por qué se opuso? No hay otra razón que por “afinidades” ideológicas, ya que para la gran mayoría de los uruguayos es claro que el gobierno venezolano actual es ilegítimo, ya que es fruto de un fraude y es por lo tanto una dictadura. Más de 4 millones y medio de hermanos venezolanos que se han visto obligados a emigrar lo testimonian dolorosamente. ¿Qué sentido puede tener invitar al presidente de Venezuela a una fiesta democrática?

    4) Las dictaduras no son excluidas, se autoexcluyen por no cumplir con el “derecho a la democracia” consagrado en el Derecho Internacional Interamericano. Y más Venezuela, que tiene suspendida su membresía del Mercosur por violar la cláusula democrática.

    La solidaridad y amistad con los sufrientes pueblos de Cuba, Nicaragua y Venezuela no se hace cómplice con las dictaduras que desconocen la separación de poderes, la libertad de expresión, la igualdad de los ciudadanos y recurren a la prisión injustificada, a la tortura y a la persecución política por el simple hecho de ser opositores. La persecución del disidente y la intolerancia con el diferente son características de la ausencia de democracia y de regímenes autoritarios.

    El programa del nuevo gobierno es claro en expresar que uno de sus principales objetivos será en sus relaciones internacionales la defensa de la democracia y de los derechos humanos. Es parte de la mejor tradición nacional.

    Juan José Arteaga