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    Venezuela y el Frente Amplio

    Sr. Director:

    1. Cuestiones de hechos y cuestiones de palabra. El abordaje de actores públicos sobre las vicisitudes de la novel República Bolivariana de Venezuela ha ocupado mucho espacio en los medios de comunicación masiva.

    Los actores públicos locales se debaten en cómo caracterizar la naturaleza político-institucional de la República Bolivariana de Venezuela.

    Su problemático dilema es: ¿impera en Venezuela una dictadura o una democracia?

    Por ejemplo, en una reciente entrevista televisiva, el doctor Ariel Bergamino, subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, superó el dilema con una respuesta salomónica: “La situación de Venezuela es una situación complicada”.

    Como es notorio, los adjetivos “complicado” y “complicada” se utilizan abusivamente en el lenguaje coloquial y hasta en el lenguaje público y político, a falta de mayor dominio del pensamiento conceptual y racional. “Complicada/a” sirven tanto para “un fregado como para un barrido”.

    En el caso de Venezuela, su institucionalidad democrática se denomina Socialismo del Siglo XXI. Todo con mayúsculas, como una entidad superior.

    2. Las definiciones y las discusiones. Nuestra aldeana cultura política y general polemiza sin definiciones conocidas. Aun así, los personajes públicos renegaron y se resistieron todo lo que pudieron antes de utilizar el vocablo “dictadura”.

    Para encontrar definiciones, entonces, nada mejor que tomar como punto de partida el Diccionario del español jurídico de la Real Academia Española, que así define la palabra “dictador”:

    Dictador, ra

    1. Const. Persona que asume y mantiene todos los poderes del Estado, empleando para ello la coacción y la fuerza.

    2. Gral. Persona que ocupa la máxima jerarquía del gobierno y ejerce autocráticamente el poder, aunque originalmente su designación se haya producido por la Asamblea o el monarca.

    Con estas dos simples definiciones es posible identificar y calificar el estado político-social de Venezuela.

    Del mismo modo, podemos concluir que no es imposible la existencia de un gobierno elegido de acuerdo con todas las normas constitucionales y legales de un país, y que dicho gobierno devenga en una dictadura monda y lironda.

    3. Pronunciamientos innecesarios e irrelevantes. Ciertos actores políticos, arrinconados por la insistencia periodística, se esmeraron en pronunciarse respecto a la situación política en Venezuela de la mejor manera que pudieron, tratando de escapar del brete lo más airosamente posible.

    Pero, ¿para quiénes son necesarios tales pronunciamientos?

    A mi entender, ningún ciudadano uruguayo está necesitando conocer las opiniones de los actores político-partidarios respecto a Venezuela.

    Y no necesitamos de tales pronunciamientos porque la mayoría de nosotros tenemos radio, televisión e Internet, de modo tal que hemos visto a distintos grupos policiales y militares y paramilitares disparando a mansalva sobre manifestantes desarmados e indefensos en las calles de las ciudades de Venezuela.

    No necesitamos que ningún dirigente iluminado nos decodifique lo que vemos con nuestros ojos. Porque vimos en la calle a un jovencito armado con un violín tocando el himno venezolano, y vimos cuál fue el brutal desenlace de su pacífica interpretación de la canción nacional venezolana.

    También tuvimos oportunidad de observar cómo una tanqueta atravesó el cantero central de una avenida caraqueña para arremeter contra un grupo de personas que, gracias a la suerte, se salvaron de ser aplastadas por el vehículo de guerra.

    Preguntado al respecto, el oráculo de Rincón del Cerro sentenció: “No hay que pararse delante de las tanquetas”.

    Pero la sabiduría filosófica del oráculo no conformó del todo. Al día siguiente, apareció el mesías de las últimas seis décadas para redondear su pensamiento: “Yo lo dije para que se aprenda”.

    ¿Qué haríamos los uruguayos si el enciclopédico erudito no nos advirtiera que es perjudicial para la salud y para la vida ponerse delante de las tanquetas bolivarianas que no se detienen ante nada ni ante nadie?

    Dios quiera que no nos muéramos sin haber aprendido las insuperables lecciones del histórico guerrillero combatiente sin causa ni propósito. Y ojalá que no nos muéramos aplastados por las orugas de las tanquetas democrático-bolivarianas. Y quiera Dios, por último, que bajo la consigna “educación, educación y, otra vez, más educación”, y con el nuevo ADN implantado en la educación 2015-2020, aprendamos la conjugación de los verbos tal como el mismo Dios manda. Sobre todo, el modo subjuntivo del verbo “morir”.

    También contemplamos en la televisión las imágenes de más de tres millones de venezolanos negándose a disfrutar de la democracia bolivariana y que abandonaron su país con lo puesto: niños, bebés, mujeres y hombres atravesaron toda la América Latina a pie, en mulas, en ómnibus prestados y como pudieron.

    ¡Qué curioso es el pueblo venezolano!

    4. Eso sí: no a un baño de sangre. Los más renuentes y tardíos actores políticos en manifestarse acerca de Venezuela comparten un desiderátum: que la posición adoptada por el gobierno uruguayo y su partido es el camino adecuado e ineludible para que no llegue a producirse “un baño de sangre” en Venezuela.

    ¡Pero es que los ciudadanos de todo el orbe están más que convencidos que ya se ha producido un baño de sangre! ¡Lo vimos por tevé, pero lo vimos!

    Tal vez, los actores políticos despertaron de su ensoñación bolivariana con el informe de la doctora Michelle Bachelet, alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

    El informe de la doctora Bachelet fue lapidario. Sí, propiamente lapidario, si pensamos en las siete mil lápidas de tumbas de los siete mil venezolanos asesinados por las fuerzas armadas bolivarianas y democráticas del Sebin y otros grupos de asesinos callejeros voluntarios en motocicletas.

    Seguramente, no hubo lápidas para los cadáveres anónimos de los ejecutados en la tortura en el Helicoide y otras prisiones socialistas del siglo XXI.

    Los ciudadanos uruguayos que dicen procurar que se evite “un baño de sangre”, ¿a qué hipotético baño de sangre refieren? ¿Al que se produciría si se realizara una intervención militar yanqui que aniquilara al Sebin? ¿Al baño de sangre que se produciría entre el eje Venezuela-Cuba-Rusia-China y los Estados Unidos, tomando como campo de batalla el suelo venezolano?

    ¿Presagian, acaso, una tercera guerra mundial controlada, focalizada en el territorio de Venezuela, en una contienda de laboratorio?

    Reiterando: ¿por qué no dicen sin ambages que quieren evitar que continúe el baño de sangre de larga data cuyos resultados fueron difundidos urbi et orbi por la doctora Michelle Bachelet?

    Por lo demás: ¿alguien cree que las opiniones uruguayas tengan alguna incidencia en las decisiones que tomen los grandes centros de poder?

    5. Huyendo por la tangente. Diversos recursos han utilizado quienes fueron despertados de su profundo sueño por el informe de la doctora Michelle Bachelet.

    Algunos invocaron la obligación de no injerirse en la política interna de los países. Esta razón sagrada les impide siquiera describir el caos venezolano. ¿Tienen prohibido sugerir, al menos, que en Venezuela hay un régimen autoritario, autocrático, criminal y sanguinario que se manifiesta a vista y paciencia del mundo entero?

    ¿Será una violación del principio de no intervención manifestar que la Acnur afirma que en Siria hay seis millones de desplazados o migrantes que cruzan el mar Mediterráneo en pateras y gomones, y que el antiguo Mare nostrum se está tragando en este mismo momento a incontables migrantes que anhelan liberarse de las guerras, el hambre y la explotación en sus países de origen?

    Por su parte, el candidato oficialista a presidente señaló que no se detenía en matices semánticos, ante la insistencia con que se lo instó a pronunciarse sobre la dictadura bolivariana.

    Con todo, es comprensible que el exintendente ingeniero se mueva mejor en la física cuántica que en la semántica.

    Asimismo, bien preparado para la ocasión, el ministro de Defensa Nacional miró desafiante las cámaras de televisión y tomó del bolsillo de su saco un libro liliputiense. El ministro usa la edición liliputiense de la Constitución venezolana como lo que es: una perfecta edición de bolsillo. El ministro de Defensa Nacional enarboló el librillo azul y afirmó categóricamente que Venezuela tenía un gobierno democrático, según los procedimientos que establece el pequeño librito. Con todo, no señaló cuáles son los artículos de las normas constitucionales en los que basaba su fundamentada opinión.

    En tren de suposiciones, es bien posible imaginar que la edición de bolsillo de la célebre Constitución es el vademécum del médico en funciones ministeriales. Ojalá que el médico y ministro lleve consigo una buena lupa a fin de poder leer la tipografía de miniatura que debe de haberse utilizado en la edición del librillo.

    En suma: ya tuvimos un tiempo prudencial para valorar los frutos del Socialismo del Siglo XXI.

    Y en la modesta percepción de quienes miramos la televisión y la Internet, y además leemos la prensa, podemos concluir:

    1. Socialismo del Siglo XXI significa adeudarle 30 millones de dólares a la pobre Conaprole. Millones de dólares que no son nada si se los compara con los 200.000 millones de dólares que el socialismo bolivariano le adeuda a su aliada Rusia. Se dice que la deuda se produjo, entre otros factores, en la compra de armamento de última generación por el Socialismo del Siglo XXI para armar al pueblo y con el pueblo repeler cualquier intervención militar extranjera. (Y para reprimir con mayor eficacia a los descontentos de siempre por las calles...).

    2. Socialismo del Siglo XXI significa bloquear un puente fronterizo para impedir el ingreso de una ayuda humanitaria que agravia al bolivariano en jefe, quien afirma que no son necesarios alimentos para la sobrevivencia de los ciudadanos venezolanos.

    3. Que algunos uruguayos que pueden ingresar en Venezuela llevan como pueden en su equipaje... ¡dentífricos, papel higiénico y otros artículos de higiene personal!

    4. Que el Socialismo del Siglo XXI ostenta el récord de cuatro millones de turistas en el exterior, incremento en el rubro que corresponde a la irrisoria inflación de 10.000.000% que augura el Fondo Monetario Internacional para el corriente 2019. Con ese desechable nivel de inflación, el venezolano que no hace hasta turismo patagónico es porque no quiere.

    El pueblo quiere saber. Aunque la ciudadanía uruguaya no precisa de “dirigentes”, o manipuladores de la opinión pública, que le revelen qué pasa en Venezuela, los ciudadanos uruguayos sí tenemos el derecho y la obligación de saber qué tenemos que esperar de quienes administrarán la cosa pública en nuestro país.

    La ciudadanía uruguaya tiene derecho a saber, póngase por caso, si durante un eventual gobierno “progresista” las manifestaciones callejeras pacíficas serán disueltas con tanquetas bolivarianas, gases lacrimógenos y proyectiles de goma.

    Los uruguayos sí debemos tener bien claro si la campaña electoral es una magistral obra teatral, una estructura civilizada de engañar a la plebe con promesas falsas y eslóganes seductores, con muchos besos a los niños, abrazos a los ancianos y visitas a barrios pauperizados y marginados a los cuales llaman piadosamente “vulnerables”.

    Así las cosas, ¿qué amordaza a los oficialistas actuales para llamar dic-ta-du-ra al Socialismo del Siglo XXI? Y si el vocablo “dictadura” no les parece justo, al menos podrían comentar lo que los simples mortales llamamos “atrocidades de típica apariencia dictatorial”.

    ¿Qué lealtades cuasi religiosas deben respetar quienes se creen dirigentes políticos “de izquierda”?

    ¿Habrá algún gato encerrado en las dependencias gubernamentales respecto al “tema Venezuela”?

    ¿O habrá gato encerrado para impedir que el felino se coma al “pajarito chiquitico”?

    Sea por lo que sea, y sea por quien sea, hay gato encerrado respecto a Venezuela.

    Y algo huele a podrido allá y aquí, aunque Shakespeare no lo haya escrito.

    J.I.S.