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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMucha gente que camina por Ciudad Vieja no ha comprendido todavía que algo que parece en proceso de obra es, en realidad, obra consumada.
Lo que se observa como una pobre superficie rústica y lisa —constituida mediante mezcla de cemento, cal y arena, básicamente— podría entenderse como la base para colocar un razonable pavimento final pero, lamentablemente, no es así. Lo que se ve es, definitivamente, la terminación última de las veredas del área más importante con que cuenta nuestra urbe en términos patrimoniales. En sustitución de los viejos baldosones de granito —que si bien es cierto que una parte de ellos se mantiene parcialmente— quedará esa triste mezcla de hormigón, cargada de abierta porosidad, proclive a manchas de toda índole: grasa, tintas, etc. Las lluvias de estos días ya lo han demostrado de manera clara y, en breve tiempo, se irá confirmando este problema para quienes todavía tengan alguna duda al respecto.
Esta mala propuesta —en cuanto a materia, color y textura— parece haber sido la mejor opción que encontró la Intendencia de Montevideo para resolver la vía público-peatonal de esa parte de la ciudad. Sin embargo, y solo apelando a la solución de baldosas de 9 panes, clásica y característica de Montevideo —lógicamente, conformada con pigmentos agregados en el proceso de fabricación— podría haberse encontrado una respuesta más digna y complementaria con el granito que permanecerá.
En su favor se han manejado algunos pobres argumentos como ser la necesidad de transitabilidad pero, ¿no eran transitables los baldosones de granito, aun reconociendo importantes tramos en mal estado, porque la Intendencia no supo mantenerlos durante años? También se esgrimieron razones de accesibilidad —cuesta pensar que una superficie combinada de dos tipos de pavimentos dentro de la misma cuadra haya implicado un estudio serio de accesibilidad— y de limpieza: el más pobre de todos los argumentos escuchados hasta ahora, porque alcanza con transitar a pie por Ciudad Vieja cuando llueve para verificar su endeble sostenibilidad. También se ha referido a la importancia de acompañar el compás marcado por ciudades como Nueva York, que cuentan hoy con pavimentos continuos y no seccionados o de componentes mampuestos pero… ¡qué diferencia de calidad entre lo que vemos en la gran ciudad del norte y lo que nos tocan ver y pisar en Montevideo!
Independientemente de la solución dada preocupa la abstinencia en opinar —y sobre todo en actuar— de dos organismos claramente vinculados con la materia. Organismos que deben ser decisorios al respecto. Me refiero en primer lugar a la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, la que sabe bien que la traza urbana de la Ciudad Vieja de Montevideo es un valor patrimonial declarado. Se podrá argumentar que la traza no está afectada en su dirección y en su forma por esta mala solución de pavimento y tendremos que responderle, en ese caso, que tal argumentación es muy poco sólida. La traza de una ciudad es perceptible, precisamente, por su materialidad, sus texturas y colores aplicados a veredas y calles, además de los bordes edilicios que la delimitan. Una intervención equivocada en cuanto a la materialidad elegida opera negativamente sobre la traza, empobreciéndola en términos visuales y sociales; es decir en términos patrimoniales. Alcanza con poder imaginar a la calle “de los Suspiros”, en Colonia, con un pavimento asfáltico superpuesto al histórico de piedra, o la simple incorporación de una pintura amarilla sobre sus mampuestos portugueses para entender de qué hablamos. Estoy seguro que en cualquiera de esas situaciones la Comisión del Patrimonio, a través de sus técnicos, no dudaría en intervenir.
Pues bien, el caso de la Ciudad Vieja de Montevideo es exactamente igual y por eso también exige que la Comisión se expida. De lo contrario está en omisión respecto de sus obligaciones.
El otro ámbito fundamental de análisis y decisión es la Unidad de Patrimonio de la Intendencia Departamental de Montevideo. ¿Qué opina ésta sobre la solución alcanzada para el pavimento de las veredas mencionadas? ¿Cree que la misma es un verdadero aporte a ese recinto histórico? Preguntamos esto porque suponemos que para introducir cambios en ámbitos relevantes de nuestro patrimonio estos deben constituir verdaderos aportes a la realidad de la ciudad; de lo contrario es recomendable meditar más acerca de una posible y mejor solución. La Unidad de Patrimonio y la Comisión Especial de Ciudad Vieja son ámbitos propios de la esfera departamental y municipal que deben decidir en lo que tiene que ver con el área patrimonial mayor de la ciudad y no constituirse en meros espectadores de lo que otros definen y deciden. Otros que, muchas veces, atropellan en razón de lógicas urbanas que si bien pueden ser razonables para otras partes de la ciudad no lo son para aquellas que, precisamente, están cargadas de valores históricos y artísticos, significativos para toda la comunidad.
La IDM tiene en proceso, actualmente, un plan de actuación integral para la Ciudad Vieja —dentro del cual se incluye la operación ya en curso de pavimentos de vereda— que puede contener, de acuerdo a lo expuesto por sus técnicos municipales, ciertas ideas razonables y beneficiosas para esta parte de la ciudad. No obstante, algunas otras ideas propuestas que forman parte del mismo plan resultan preocupantes. Y, para no llegar tarde, como sucedió en el caso de las veredas, importa su exposición pública, abriendo ya su tratamiento y discusión.
La intención de incorporar verde en áreas aisladas —componentes verdes en pequeños bolsones o ampliaciones del espacio de veredas, como el de la esquina de Buenos Aires y Brecha— y la definición de tramos continuos como ser la calle 25 de Mayo con la presencia de nuevo arbolado, son operaciones que no parecen tener sustento alguno y responder a una idea más caprichosa que lógica. La Ciudad Vieja nunca tuvo una sumatoria de pequeños componentes verdes aislados y ésta es una práctica que ha empezado a aplicarse, sin razón alguna, con los procesos —en algunos casos también inadecuados y poco planificados— de peatonalización. Nuestro recinto histórico solo admite la presencia del verde de manera concentrada en ciertas áreas públicas —como ser Plaza Zabala, Plaza Matriz o el área conocida como “de las Bóvedas”, cercana al puerto— pero no en forma libre e indiscriminada. Alcanza con analizar históricamente el sitio desde tiempos coloniales en adelante, para comprender esta elemental idea. Y no se trata aquí de exponer un concepto reaccionario —siempre la defensa del patrimonio urbano se ve asediada por este tipo nefasto y falso de argumentaciones—, contrario a los lógicos cambios que una ciudad demanda, sino de respetar la memoria histórica de la misma.
Dos conclusiones entonces. La primera es en relación a la materialización de veredas; creo que se impone parar o suspender el proceso iniciado, buscando soluciones alternativas y viables, antes de continuar con él. La continuidad de este trabajo le costará muy caro a la IDM con el pasar del tiempo, además de incrementarse su mala imagen por los naturales procesos de incorporación de futuras cañerías o nuevas cámaras de inspección que fortalecerán la idea de lo precario que ya tiene este pavimento. La segunda, en relación a la idea de incorporar un nuevo arbolado y generar micro-parques aislados, creemos necesario hablarlo más y pensarlo mejor antes de ejecutarlo. En este sentido llevamos ventajas en relación a las veredas, porque esta idea no ha comenzado a materializarse aún.
La Ciudad Vieja merece, sin duda, que dediquemos más tiempo y mayor sentido de responsabilidad cuando se trata de intervenir en su espacio público, tanto como el que se les exige a los técnicos arquitectos que normalmente operan en los dominios privados de su tejido catastral. De lo contrario estaría incurriéndose en una grave contradicción, donde la autoridad departamental estaría quedando sin la altura técnico-profesional necesaria para velar por un área de tan alto valor urbano y patrimonial.
William Rey Ashfield
CI 1.284.134-7