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“Así como en el fútbol son los goles, en la política son los votos. Tiene que ver con los resultados”, dice la diputada blanca Verónica Alonso, reclinada en una silla de su despacho en el Parlamento. El paralelismo no podía calzar mejor en un momento en que los uruguayos se empiezan a desperezar de la siesta mundialista, cuando la campaña electoral lentamente vuelve a ganarle terreno a la pelota en la agenda de los medios. Con cerca de 30.000 votos en las elecciones internas (unos 22.000 en Montevideo y unos ocho mil en Canelones), Alonso fue la dirigente de Alianza Nacional más votada en todo Uruguay luego de atravesar una campaña en la que recibió varios zarpazos: su vinculación con los pastores evangelistas, algunos cortocircuitos internos con dirigentes de su sector y el tema recurrente de la fuente de financiamiento para estar siempre bien visible en la cartelería electoral. Nada de esto parece afectarle demasiado.
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Con “la fuerza de los votos” (o goles) abajo del brazo, la diputada cuyo nombre se manejó incluso para acompañar a Luis Lacalle Pou como vicepresidenta, se planta firme para las elecciones nacionales. Dice que va a encabezar listas a Diputados en Montevideo y Canelones y pretende ocupar un lugar de importancia en la lista al Senado del líder del sector, Jorge Larrañaga. Esa intención no tiene nada que ver con la cuota femenina, avisa. “Esta votación excede el tema del cupo. Tiene que ver con el mecanismo más legítimo que son los votos. Los 30.000 votos hacen que seamos el grupo más votado; eso implica conversar con Larrañaga los espacios en el Senado”.
Alonso admite a Búsqueda que en esa negociación “deben pesar varios factores” como la “experiencia, trayectoria, la confianza con el líder“, pero insiste: “Creo que los votos son los que deberían pesar en esto, que se deberían ponderar bastante”. Para el tercer lugar al Senado, previsto que sea integrado por una mujer por la ley de cuotas, también se manejan los nombres de la diputada Ana Lía Piñeyrúa y el de la intendenta de Lavalleja, Adriana Peña.
La sorpresa, el cortocircuito y las disculpas.
“Mi resultado fue una sorpresa. Muchos no creían”, insiste Alonso. Cuando en Alianza Nacional todavía estaba abierta la herida por la derrota en la interna, la agrupación de la diputada emitió un comunicado para destacar su votación en Montevideo. El gesto no cayó nada bien entre algunos de sus pares y mucho menos en el diputado Jorge Gandini, referente del sector en la capital y candidato a intendente para las próximas elecciones municipales. Para seguir con los paralelismos futboleros, quedó flotando la idea de que le gritó el gol en la cara en un momento en el que no había mucho para festejar. Alonso admite el error: “Fue un comunicado que no fue oportuno en el momento”. Dice que el texto fue enviado con su autorización, pero sin que ella lo tuviera lo suficientemente digerido. “Los compañeros querían demostrar que dentro de la derrota había cuestiones positivas”.
No lo habló con Larrañaga, pero entiende que le “pudo haber generado molestia”. Con el que sí habló fue con Gandini. La reunión fue el lunes 30 de junio. “Fue una conversación larga, pensando en las cosas que hay por delante. Le pedí disculpas. Le dije que desde el 1º de junio para atrás los dos pudimos haber tenido instancias que nos dolieron a ambos. Pero hay que intentar dar vuelta la página y mirar para adelante. Siempre en las derrotas se generan resquemores o gente que pueda quedar dolida. Trato de no mirar lo malo. Lo que nos haya dolido queda para atrás”. Para Alonso, “los números de junio hablaron” y ahora deben “trabajar juntos” para “duplicar” los votos de las internas en Montevideo. Según la diputada, se acordó que ella encabezará la lista a Diputados y Gandini irá en segundo lugar. “Quizá sorprenda por el hecho de ser mujer y tener menos experiencia”, dice, pero subraya que lo que logró fue “respetando las reglas de juego y no rompiendo códigos”.
Los pastores y la plata.
“Es malo discriminar”, se defiende Alonso cuando se la consulta por su vinculación con los pastores evangelistas de Misión Vida para las Naciones, la Iglesia del predicador argentino Jorge Márquez. El acercamiento del Partido Nacional a estas agrupaciones religiosas le valió cuestionamientos internos. El propio Gandini fue uno de los más duros. “Es un vínculo con un grupo que llega a la actividad política de un modo diferente al tradicional. Yo quiero debatir en algún momento su constitución, su pertinencia y sus intereses”, dijo el diputado al diario “El País”.
Alonso relativiza las críticas. “Sacamos una multiplicidad de listas: 72 en Montevideo y 60 en Canelones. Hay dentro de esas listas gente vinculada a la Iglesia Evangélica y hay también gente vinculada a la Iglesia Católica y a la colectividad judía. Yo no les pongo un freno, salvo cuando no comparto determinados valores y principios”, dice. Y se pregunta. ¿Por qué tengo que discriminar porque sean pastores? Además eso lo resuelve la gente. Ellos sacaron listas. Es la gente la que dice si quiere tener representantes que defienden valores que comparten”.
Para la diputada, el barullo en torno a los pastores “no le hace bien al Partido Nacional, al que muchas veces se lo critica por elitista. No me gusta poner etiquetas y mucho menos con olor a discriminación”. Alonso, que pone en el centro de su política barrios marginales y asentamientos, asegura que el acercamiento se dio a través de la obra social. Y dice que el mecanismo “más limpio” para legitimarlos políticamente es “que pasen a través de las urnas”. Afirma que no hay compromisos acordados. “De los 22.000 votos en Montevideo, las listas vinculadas a los pastores tuvieron cerca de 5.000 votos. Son una parte. No son determinantes para condicionar los lugares”.
Sobre el financiamiento de su campaña, Alonso repite que no tiene “nada que ocultar”. En las elecciones pasadas gastó de su bolsillo unos 175.000 dólares. En estas, “un poquito más que eso”. “Nunca le pedí nada a nadie. Muchas veces estas campañas se financian con el apoyo de empresas. Yo no lo quise hacer para poder levantar mi mano en el Parlamento a favor de mis propias convicciones”.
Alonso duda unos segundos al responder sobre los recurrentes cuestionamientos al financiamiento de su campaña. “La gente tiene un prejuicio. Yo vengo de una familia de clase trabajadora. Quizá la gente tiene un prejuicio porque soy de determinada manera. En Uruguay se castiga el éxito. Y en el Frente Amplio hay una especie de resentimiento al que tiene, el que tiene algo habrá hecho”.