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    Viajera dimensional

    “Un poquito tarada”, de Dani Umpi

    Si hay algo que hay que reconocerle a Dani Umpi (Daniel Umpiérrez según su cédula de identidad), es su libertad creativa. Autor de novelas como “Miss Tacuarembó”, llevada al cine por Martín Sastre, y de “Sólo te quiero como amigo”, del libro de poesía “La vueltita ridícula” y del cuento infantil ilustrado “El vestido de mamá”, Umpi ha decidido lanzar ahora una novela pop, posmoderna, new age e inclasificable: Un poquito tarada. En ella, una chica con serios conflictos emocionales viaja a través de varias ciudades usando el nombre y el documento de una ex amiga.

    En una trama que va descubriendo sus nudos misteriosos poco a poco y que revela que lo que parece descabellado termina cerrando como parte de un contenido sumamente original y de una estructura clásica, las claves exóticas son varias: uno de los personajes principales es el espíritu de una muerta, hay una secta vinculada con los extraterrestes, hay poderes telepáticos y mucha relación cibernética: fotologs, blogs, porro y merca, mucha merca.

    Así, Umpi pone en la licuadora un mejunje que se empieza a leer con cierto temor (¿hacia dónde va todo esto?, ¿me perderé en esta jerga adolescente y gay?) y que según avanza la lectura va ganando en interés y espesor dramático. Este multiartista que es al mismo tiempo cantante, artista visual y escritor, y que nació en Tacuarembó en 1974, da rienda suelta a un estilo singular construido en base al diálogo interior desfachatado de su personaje, a abundantes frases breves, a un humor ácido y a observaciones políticamente incorrectas (hay desprecio hacia los gordos, los feos, los nerds y los niños ajenos).

    La descripción de la madre de la amiga brasileña de “Mica” es deliciosa. “Todo mal en ella. El pelo baba, sin gracia ni volumen. Y esa cara que tiene... ¡uy!... malco mal, cero expresividad, sin gracia, la boca hundida, los ojos agrios, propensos al disgusto, parece que solo existen en función de los lagrimales. Universitaria. Perdió mucho tiempo llenándose la mente con cosas inaplicables. (...) Es obvio que durante mucho tiempo tuvo la cabeza en otro mundo, porque loca se ve que no es. Ni ahí. En ese sentido, la conozco bien. Es una viva bárbara, psicóloga, macrobiótica, flaca, sin gracia, máster en Trauma. ¡Lo que es la gente! ¿No? ¡Máster en Trauma! ¡Qué hija de puta! Por favor! ¡Morite!”, escribe Umpi, quien teje párrafo a párrafo la complicidad con su lector.

    En Un poquito tarada, consigue también unas conexiones sensitivas especiales de colores, olores, ruidos y sensaciones táctiles. Para definir el casco antiguo de San Pablo, dice que “el olor a meo es filoso” y que “la mugre es pintoresca, amable”. En otra parte, Mica apunta: “El olor a cloro se mezcla con el olor a nafta, a gas oil. Los olores se mezclan con el idioma y me da alergia, ganas de tomarme un saquecito de merca o un licuadito espeso, comerme un pancho. Me seca la garganta y me reseca el pelo pero me hace bien sudar”. Umpi se descubre, entonces, como un observador implacable para diseccionar su realidad inmediata.

    Asomando entre una parafernalia que incluye horóscopos chinos, tarot, moda y boliches nocturnos, en Un poquito tarada se percibe un sufrimiento por el paso inexorable de los años, la pérdida de la juventud y la infelicidad, por las rupturas afectivas y familiares con los intentos de escape en las pastillas, en la cocaína y en la comida. Y también en los amigos buenos o malos, esos compinches del viaje vital elegidos e imprescindibles.

    “Un poquito tarada”, de Dani Umpi. Planeta, 2012, 278 páginas, $ 395.