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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“No es posible callar”. Con esa referencia al escritor argentino Héctor Tizón, se inicia este intento de desagravio a la inteligencia y memoria histórica rioplatense, afectadas por recientes declaraciones de Víctor Hugo Morales, quien consideró al régimen imperante en Venezuela como “el más democrático de América Latina”.
Morales ofende a su país de origen y a la República Argentina, como se verá más adelante.
Uruguay. Independientemente de la opinión que se tenga sobre el actual gobierno en Uruguay, hace décadas que, junto a Chile y Costa Rica, es ubicado entre los países que gozan de una democracia destacada. Lo consignan organizaciones e instituciones como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD); Amnistía Internacional (AI); Transparencia Internacional; Human Rights Watch (HRW); Reporteros sin Fronteras; la SIP, entre otras; sin que ello signifique que no deba ser mejorada en muchos aspectos.
¿Morales no es capaz de discernir entre democracia y autoritarismo, y/o nuevas formas en que antiguos sistemas totalitarios se reconvierten bajo otras denominaciones, pero que en esencia siguen siendo restrictivas de libertades, con propuestas de confrontación y división hacia la ciudadanía de su propio país; con su contracara de corrupción?
Venezuela ocupa el primer puesto entre los países latinoamericanos en corrupción y criminalidad; fenómenos medidos por instituciones como las mencionadas.
Omito relatar, por respeto a la capacidad de información y discernimiento de los lectores, los antecedentes —que tienen varias décadas— y los hechos que en el presente desembocaron en más de 20 muertes, centenares de heridos, 18 ciudadanos comprobadamente torturados y más de un centenar de detenidos.
No se desconocen las acusaciones que desde sectores del gobierno de Venezuela se les realiza a algunos dirigentes de la oposición venezolana de provenir de la ultra derecha y de haber tenido protagonismo en el intento de golpe de Estado de 2002 contra el fallecido presidente Hugo Chávez.
No existen buenos ni malos absolutos y la peripecia de Venezuela está comprendida en las generales de la ley de su historia, que implican la desidia de sucesivas administraciones de gobierno, durante la segunda mitad del siglo XX, para con millones de venezolanos pobres; hasta el desborde autoritario al que llega, tras 15 años de permanencia en el poder, el denominado “Socialismo del siglo XXI”.
Personalidades mundiales han reclamado que cese la violencia, se respeten los derechos humanos y se negocie entre gobierno y oposición en Venezuela. El Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, el ex presidente Jimmy Carter, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon; la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Catherine Ashton, y el miércoles 26 de febrero se sumó el jefe de los católicos, Jorge Bergoglio.
Causa vergüenza ajena la falta de formación evidenciada por Morales y, desde el oficio periodístico, me permito contribuir al acopio de información para empoderarse. Si no, ¿en qué consiste la democracia? Por lo menos, enterarse de qué no lo es.
El presidente Nicolás Maduro califica de “fascismo” a la oposición ciudadana que constituye la mitad de la población de ese país.
Fascismo: el nombre deriva del Partido Fascista fundado y liderado por el maestro, ex socialista, Benito Mussolini, que en su juventud visitaba a Lenin, en su exilio suizo, según relata la ex amante judía y biógrafa de Mussolini, Margherita Sarfatti (1880-1961), también periodista y crítica de arte de El Diario, de Montevideo.
El fascismo imperó en Italia entre 1922 y 1945. Es una categorización polémica, dado que algunos comentaristas tienden a denominar como fascista a cualquier régimen represivo.
La distinción con otros movimientos conservadores clásicos es:
a) su capacidad de movilización y manipulación social;
b) su rechazo hacia cualquier expresión del Estado liberal;
c) su siembra sistematizada de odio en la población menos formada y la incitación a practicar hechos violentos contra lo diferente;
d) su esfuerzo por penetrar todos los niveles de la sociedad y controlar toda expresión política, social, gremial, etc.;
e) su compromiso con un Estado fuerte;
f) otra característica es su sentido de religiosidad.
Sus metas en el período de entreguerras (1919-1939) fueron la destrucción de la izquierda, la paralización de la capacidad de movilización autónoma de la clase obrera y la exaltación y expansión de la nación.
En el fascismo que se conoció en Italia es de destacar el papel del conductor (Duce), el culto del líder que servía para superar la representación democrática, es una de las claves para entender el fascismo y, en el caso de Mussolini, para entender por qué convocaba a la ciudadanía a expresarse en plebiscitos y los ganaba.
Su base social fue una articulación policlasista y contradictoria. En Italia los grupos de choques del fascismo, paramilitares, los formaron veteranos de la Primera Guerra Mundial y luego las formaciones de “camisas pardas”.
El fascismo en Europa tuvo apoyo relativamente importante de sectores obreros amenazados por la crisis económica. El apoyo del empresariado y las Fuerzas Armadas se destacó cuando el fascismo ya estaba en el gobierno.
En el fascismo se subraya la coexistencia de la presencia de elementos reaccionarios y revolucionarios. La síntesis definitoria del fascismo es su totalitarismo, su carácter antidemocrático y autoritario y el magnetismo del Duce.
Hay autores que califican de “fascismo desde arriba” las experiencias surgidas en España con Primo de Rivera (1923 y 1930); Carlos Ibáñez en Chile (1927-1931); Manuel Odría, en Perú (1948-1956); Fulgencio Batista, en Cuba (en su período 1952-1958); y de Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela (1958-1967).
Getúlio Vargas en Brasil (1937-1945), con el “Estado Novo” intentó un régimen corporativista, sin movilización popular y sin partido oficial, pues los prohibió a todos.
Argentina. Características similares tuvo el régimen de Juan D. Perón, en el llamado “primer peronismo”, surgido del golpe de Estado de 1943.
De 1938 a 1940, Perón viajó a la Alemania de Hitler y a la Italia de Mussolini. “Yo había leído ‘Mein Kampf’ por lo menos dos veces y conocía otros buenos libros sobre Hitler y su doctrina (…). El modelo de sociedad que se forjaba en Italia era completamente nuevo: un socialismo nacional”, le confiesa Perón a Tomás Eloy Martínez, a treinta años de transcurridos los hechos. Y agrega en su relato que el 23 de julio de 1940, tras ser recibido en el despacho de Mussolini, “junté mis tacos y, por una vez en la vida, en vez de hacerle la venia, lo saludé con la diestra en alto, a la manera fascista”.
A partir de 1946, cuando Perón triunfa con el 56% de los votos, el movimiento adquirió características parecidas a las del fascismo en lo que hace al partido único, la persecución a la oposición, las restricciones a las libertades democráticas, la entronización del papel del líder que, en esta etapa, le sumó la figura de Eva Perón y ejercieron el adoctrinamiento de los futuros ciudadanos mediante textos escolares que ensalzaban ambas figuras.
En la Argentina de Perón se nacionalizaron los servicios públicos, se implantó el sistema jubilatorio, se extendió la cobertura pública de salud, educación y vivienda.
La participación de los trabajadores en la renta nacional osciló en un 50%, pero la gestión peronista recorrió el camino de la intolerancia para con la oposición, las restricciones a la libertad de prensa y abusos del poder burocrático, así como violaciones a los derechos humanos.
Según cálculos de 1953, sumaban 30.000 los trabajadores, políticos, intelectuales, empresarios o militares, los que habían pasado por las cárceles del régimen.
Perón recibió en la Argentina de posguerra, entre 11 y 21.000 alemanes con documentación falsa, de los cuales, según los investigadores Ignacio Klich y Holger Medindg, 800 eran nazis de jerarquía y la mitad de estos, criminales de guerra; entre los cuales: Joseph Mengele, Adolf Eichmann, Hans Juttner (segundo de Himmler en las SS), Otto Skorzeny (general de la Wehrmacht que rescató a Mussolini de su prisión en Hotel Campo Imperatore, en 1943), el as de la aviación nazi, Hans Ulrich Rudel; el croata nazi Ante Pavelic, quien fue jefe de seguridad de Perón.
Como todo populista que aplica el asistencialismo, Perón se privilegió de la otra cara de esta práctica: corrupción ante la ausencia de control opositor.
Durante su mandato fueron absorbidas desde el Estado las obras sociales que venían desde décadas en Argentina en el ámbito de la infancia desvalida, la salud pública, el cooperativismo y a través del Estado quedaron en manos de la esposa de Perón, quien disponía además de lo recaudado por la vía impositiva tanto nacional como provincial, sin que intervinieran los organismos de contralor.
Desde 1949, los balances comerciales del país empezaron a ser desfavorables y seis años después, al embarcarse Perón en la cañonera que le trasladaría a Asunción del Paraguay, la deuda externa alcanzaba los 757 millones de dólares.
De los dictadores que huyeron de América Latina en esa época, Perón es quien más fortuna se llevó. Del billón de dólares evaporado, el argentino escapó con 700 millones. Perón en su huida recorre un periplo dictatorial: el Paraguay de Stroessner, luego la Venezuela de Pérez Jiménez, breve estadía en Panamá, para refugiarse en la España de Franco, donde residirá 18 años resguardado por el franquismo.
“Eso de la leña que ustedes aconsejan, ¿por qué no empiezan ustedes a darla?”, provocó Perón una tarde de abril (otoño) de 1953, a la multitud concentrada en Avenida de Mayo y reclamaba buscar a los agentes de una supuesta guerra psicológica: “Hay que buscar a esos agentes y donde se los encuentre colgarlos de un árbol”, gritaba desde el estrado enfervorizando a la turba.
Terminado el acto, unas cien personas caminaron por la Avenida de Mayo hacia el oeste; tras cruzar la plaza del Congreso, siguieron por Rivadavia. Entre las calles Rincón y Pasco estaba ubicada la sede central del Partido Socialista que incendiaron; luego fue quemada la sede del Partido Radical; luego la del Jockey Club y casi hacen lo mismo con el diario La Nación, de Buenos Aires.
El peronismo que tiene lugar en los setenta, se inicia en la década del sesenta creando a los Montoneros (ex Tacuara), como organización derechista que Perón, desde su exilio en Puerta de Hierro, Madrid, empujó hacia la izquierda; para luego repudiarlos y, en 1973, ante la acción armada de Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), enfrentarlos con otra creación peronista, la Triple A, organización paramilitar fundada por el secretario de Perón, José López Rega, responsable de asesinatos y violaciones a los derechos humanos de militantes de izquierda en Argentina. Tres ex criminales nazis residentes para la época en Argentina, Klaus Barbie, Eric Priebke y Walter Rauff, asesoraron a López Rega respecto a cómo vaciar las cárceles y centros de tortura argentinos, según el escritor chileno Luis Sepúlveda.
La Triple A actúa desde 1974 hasta que en marzo de 1976 la dictadura de Videla continúa con el terrorismo de Estado. Se impone recordar que de los 178 uruguayos desaparecidos en aquellos años, 138 lo fueron en ese país.
Ojalá Morales, residente en Argentina desde 1981, pueda conocer la historia rioplatense y distinguir que en la Venezuela de hoy lo que ocurre está lejos de ser “la mejor democracia” y que, en todo caso, se aproxima a otras formas sustitutivas de aquella; y que la responsabilidad mayor de la crítica situación venezolana le cabe al gobierno.
Hugo Machín
Periodista
Fuentes utilizadas: Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas, de Di Tella S. Torcuato, Chumbita Hugo, Gamba Susana y Gajardo Paz. Edit. Ariel, Buenos Aires, 2004; Militarismo y política en América Latina, Edwuin Lieuwen en Los militares y los países en desarrollo-Edit. Pleamar-B.A. 1967 y archivo propio; Burnside, Patrick: El escape de Hitler, Boocket, 2004, Buenos Aires; Martínez, Tomás Eloy: La novela de Perón, Editorial Planeta, 1996, Buenos Aires.