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    miércoles 12 de junio de 2024

    Viejos meados

    Nº 2256 - 21 al 27 de Diciembre de 2023

    “En esta guerra los chicos matan por odio contra el viejo que van a ser” (Diario de la guerra del cerdo, Adolfo Bioy Casares)

    El insulto se popularizó en Argentina al viralizarse un video en el que un grupo de jóvenes grita a un hombre mayor que reclama que bajen el volumen de la música en una fiesta clandestina durante la cuarentena por el Covid-19. No es que todo haya empezado en la pandemia, pero fue en ese tiempo que el problema empezó a escandalizarme y no por el insulto de “viejo meado”, que fue solo un síntoma, sino por las políticas de ciertos centros de salud que optaban por aplicar los recursos (siempre escasos) con un criterio de edad. O sea, los reservaban a los más jóvenes, una decisión con la que muchos estarán de acuerdo pero que, puesta bajo la lupa, es indudable y absolutamente ilegal. Porque ¿desde cuándo hay ciudadanos de primera y de segunda? ¿En qué ley se basa esa elección arbitraria? ¿Quién tiene en sus manos el poder de elegir a los que mueren y a los que se salvan? Quisiera pensar que los hospitales que tomaron tales decisiones fueron demandados judicialmente, que hubo al menos una reflexión sobre los derechos que se violaron, pero apuesto a que no fue así. Y apuesto también a que, si volviera a producirse una catástrofe, despojados de valor humano y culpabilizados por ser una carga social, los viejos volverían a ser las víctimas silenciosas.

    Sin embargo, las personas de 80 y más representan una proporción cada vez mayor del total de la población mundial, y se espera que en las próximas tres décadas se triplique su número. Por otra parte, la esperanza de vida de las mujeres supera a la de los hombres entre 4,8 y 6 años, lo que nos dice que habría una feminización del envejecimiento. Pero ciertas circunstancias hacen diferente el paso del tiempo para unos y otros: mientras los hombres mayores tienen la posibilidad de conservar posiciones de poder y de prestigio, hasta de tener parejas jóvenes y una vida sexual activa, las mujeres, en mayor medida, se ven limitadas por connotaciones negativas del paso del tiempo. En una sociedad machista en la que su valor social estuvo ligado a su belleza, juventud y capacidad para reproducirse, al menguar tales características disminuye ese valor. El perfil de la abuela sería el de una mujer débil y torpe, poco dotada para la tecnología y reacia a nuevos saberes, con necesidades, ideas o proyectos vitales que se pasan por alto y cuya sexualidad se anula. Tal vez por eso estén poco representadas en el cine, en la publicidad, en la ficción, y cuando aparecen lo hacen desde su rol de cuidadoras o en un papel secundario, accesorio y cargado de clichés negativos. Por ejemplo, la versión malvada de la anciana, encarnada en la imagen de la bruja, como la mujer vieja, mala y fea de la película Blancanieves (¡hasta tenía un solo diente!), que daba la manzana envenenada a la joven bella e inocente. Hablame de estereotipos.

    Potencialmente, todos podríamos ser víctimas de la gerontofobia y del edadismo, ese miedo o aversión al paso del tiempo. Pero ¿qué diferencia hay entre ambas? “La gerontofobia se define como un trastorno de ansiedad caracterizado por un temor excesivo, irracional y persistente hacia los adultos mayores y/o a envejecer”, dice Carolina Kralj, médica psiquiatra y especializada en gerontología del King’s College de Londres. Sin embargo, aclara que “el miedo no se limita exclusivamente a un problema médico, sino que está directamente asociado a una construcción social”. Se asocia a los viejos a la enfermedad, a la discapacidad, a la vulnerabilidad, y hay un concepto de la vejez entendida como un estado ineludible de declive en el que la persona es progresivamente despojada de su valor humano para transformarlo en una carga para la sociedad. “Esta visión estereotipada y negativa de los adultos mayores tiene un nombre: edadismo”, dice Kralj. El temor morboso a envejecer involucra nuestra forma de pensar (estereotipos), de sentir (prejuicios) y de actuar (discriminación) hacia otras personas o hacia nosotros mismos en función de la edad. Tal es su presencia en la sociedad actual que, después del sexismo y el racismo, el edadismo es el tercer tipo de discriminación más frecuente. Otro círculo del infierno y van…

    Mientras gran parte de la sociedad se muestra receptiva y sensible frente a movimientos identitarios de orientación sexual, de religión o nacionalismo, hasta de preferencias alimentarias, las actitudes prejuiciosas hacia las personas mayores parecen ser socialmente aceptadas. No es raro ver en las redes sociales adjetivos relativos a la edad, como si el mejor argumento para discrepar con el otro fuera la fecha de su nacimiento. El que no piensa lo que yo pienso, el que no vota lo que yo voto es un/a viejo/a meado/a, escenario actual que podría asociarse al que Adolfo Bioy Casares narró en la novela Diario de la guerra del cerdo, donde a los ancianos se los atacaba porque duraban demasiado.

    Qué hacer con la cantidad creciente de mayores va a ser un tema central en los próximos años. La serenidad frente a los problemas, la plasticidad de hacer cambios sobre la marcha, la capacidad de negociación, una alta tolerancia al fracaso y empatía frente a los problemas ajenos son materias que no siempre se aprenden en la universidad, pero que manejan naturalmente las personas con experiencia. En eso habría que pensar para reconstruir la imagen de los adultos mayores como seres productivos, políticos, sociales. Sin dejar de recordar que los viejos somos jóvenes que han sobrevivido.