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    Vocación de bomberos

    Director Periodístico de Búsqueda

    Nº 2232 - 6 al 12 de Julio de 2023

    Conversar distendidamente con los expresidentes es una tarea muy gratificante y útil para saber sobre cómo funciona Uruguay y todos sus engranajes. Por más que sean muy distintos entre sí, representen a partidos políticos diferentes y se hayan desempeñado en el cargo de mayor poder público en forma disímil, al detenerse en sus recuerdos coinciden en algunos puntos que parecen ser como el ADN de la idiosincrasia uruguaya.

    Dos de ellos, que gobernaron con una diferencia de más de una década, me hicieron referencia por separado a la importancia de que los mandatarios uruguayos tengan “vocación de bomberos”. Lo mencionaron en distintas conversaciones refiriéndose a episodios diferentes, pero ambos coincidieron en que durante una parte importante del período presidencial que les tocó ejercer lo que hicieron junto con sus equipos fue apagar incendios. Grandes y expandidos o pequeños pero peligrosos, la vida en las alturas gubernativas transcurre entre llamas, según cuentan.

    Es muy significativo que allí sea el fuego el que manda. Dice mucho de Uruguay. El presidente es el principal representante de todos los uruguayos y, aunque sea el jefe máximo en la pirámide gubernativa, está mandatado por su pueblo, que es quien le paga el sueldo y lo instruye con el voto. Por eso la vocación de bombero no es solo de él, es algo con lo que deben convivir la inmensa mayoría de los uruguayos y un resumen de por qué algunos problemas locales se hacen eternos y el camino hacia un eventual desarrollo futuro es tan lento.

    Primero llega el incendio y después se discuten las medidas para tratar de apagarlo lo más rápido posible. Son muy pocos los ejemplos de decisiones que se adoptan anticipándose a los problemas y eso trasciende a los distintos gobiernos. No es una cuestión de política partidaria. Es mucho más profundo que eso. Es la filosofía de vida de muchos uruguayos: si algo no echa humo es porque todavía funciona y entonces mejor no tocarlo.

    Hoy está absolutamente en llamas la crisis hídrica. El presidente y su equipo se tuvieron que poner en este caso el equipo de bomberos porque el fuego ya está expandido. Y no es de ahora. Hace mucho tiempo que todos asumen este asunto como un problema pero han hecho poco o nada para revertirlo.

    Es muy significativo que el anterior gobierno haya terminado con un proyecto ya pronto para poder generar más agua potable pero que no lo haya concretado. Algunos de los que estaban en la cocina de esa administración, como el expresidente José Mujica, dicen que el problema fue la resistencia del Ministerio de Economía a provocar un aumento del déficit fiscal. El exministro Danilo Astori sostiene, por otra parte, que se priorizó en el Antel Arena y no en una nueva represa. Como sea, nada se hizo y hoy estamos pagando las consecuencias.

    Tampoco se hizo mucho en la actual administración. Al menos hasta ahora. Todos sabían que se acercaban las llamas pero no les dieron la importancia necesaria. Hace meses que se debería haber instalado un grupo de científicos por fuera de oficialismo y oposición a trabajar en soluciones concretas. La comunicación también debería haberse realizado con base en una estrategia clara, centralizada y con criterios tranquilizadores, no sobre la base de que cada uno diga lo que le parezca. Nada de eso ocurrió hasta hace unas semanas. Ahora, con el fuego en expansión, solo sirven los bomberos.

    También hubo que recurrir a los bomberos, presidente incluido, para apagar el incendio de la seguridad social. Gobierno tras gobierno presenciaban cómo el problema del financiamiento del sistema previsional iba creciendo y daban como un hecho que no demoraría mucho en explotar. Igual el humo todavía se veía lejos y entonces no era necesario intervenir. Tenía demasiado costo electoral y era preferible que otros lo hicieran. La acción se concretó cuando las llamas llegaron hasta los pies de los gobernantes, amenazando con derrumbar hasta el piso en el que se sostiene toda la sociedad. Ahí sí actuaron, aunque tarde, como siempre.

    Antes, para ir un poco más lejos, también ocurrió algo similar con la crisis económica, financiera y bancaria del 2002. Ahí sí que fueron altas las llamas. Fue un fuego casi sin precedentes en la historia uruguaya. Pero durante años se controló muy poco a los bancos y se fue alimentando un vínculo de excesiva dependencia con ahorristas e inversores argentinos. Casi todos los que estaban a cargo del poder sabían que era un camino muy riesgoso pero resolvieron transitarlo porque les daba beneficios a corto plazo y pensaron que los problemas que podía llegar a traer no eran sustanciales.

    Aquella vez fue Jorge Batlle el que tuvo que ponerse el traje de bombero. Y junto con él gran parte del sistema político, oposición incluida, y del sistema financiero. También ayudaron empresarios, sindicatos y muchos otros que asumieron la gravedad del momento. Pero, una vez más, lo hicieron cuando el humo apenas los dejaba respirar.

    Y antes había ocurrido con el golpe de Estado, tan recordado en estos días al haberse cumplido 50 años de realizado. Todos los años previos fueron de un grado de inflamación insostenible. Muchísimos fueron los que se dedicaron a tirar nafta en los campos y se escandalizaron cuando ya estaba prendida fuego la pradera. No todos, vale la pena aclararlo, pero muy pocos se pusieron a pensar las consecuencias de sus acciones en aquellos tiempos.

    Esos episodios citados son a gran escala pero algo similar ocurre también en otros ámbitos, de los más abarcativos hasta los individuales. Pasa en las empresas privadas, en las instituciones de enseñanza, en el fútbol y otros deportes y hasta en los hogares de muchos uruguayos. Primero llegan los problemas y después se piensan las soluciones.

    Se puede hacer de otra forma. Hace poco se hizo. Podría haber servido como un punto de inflexión pero da la sensación de que no ocurrió eso. Con la pandemia, el trabajo realizado por el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) fue de previsionistas en lugar de bomberos. Eso no quiere decir que no estuviera todo prendido fuego pero lo que hizo el GACH fue anticiparse a los futuros focos o expansiones de las llamas y hacerlo desde la ciencia.

    Fue muy útil durante un tiempo, mientras el miedo paralizaba a los uruguayos. Después se fue diluyendo, como era predecible, aunque dejó una marca. Sin embargo, teniendo en cuenta los últimos episodios, no fue lo suficientemente permanente como para desplazar a los bomberos. Otra vez parece ser que llegar tarde a apagar el incendio es la regla. Y se podrán seguir apagando uno y hasta mil de ellos con total éxito pero nada duradero puede construirse entre llamas. Nada.

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