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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSiendo tan conocida la brillante trayectoria política de Wilson Ferreira Aldunate, hoy me referiré a otros aspectos de su vida menos conocidos.
Wilson cursó sus estudios primarios y los primeros años del liceo en Melo, donde ya dejó huella de su talento impar como lo ha testimoniado su compañero en las aulas liceales y de ideales políticos, el Dr. Alembert Vaz. Su familia se trasladó a Montevideo en 1933. En 1935 ingresó a los preparatorios de Derecho en el Instituto Alfredo Vásquez Acevedo. Allí conoció a Enrique Beltrán, iniciando una entrañable amistad que se prolongaría hasta su muerte. En 1937 comenzó sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho. Cabe señalar que una persona que ingresó el mismo año y no se recibió de abogado, me contó que en dicho año también principiaron sus estudios de Derecho nada menos que Eduardo Jiménez de Aréchaga, Alberto Ramón Real, Adolfo Gelsi Bidart, Américo Plá Rodriguez y José Ferro Astray, todos ellos catedráticos de distintas materias y decanos de la facultad en el caso de Real, Plá y Gelsi.
También me narró mi informante que el olvidado y brillante profesor de Derecho Constitucional Luis Arcos Ferrand acostumbraba a hacer participar a los estudiantes en sus clases, lo que dio pie a una verdadera competencia entre Eduardo Jiménez de Aréchaga y Wilson, quienes ya descollaban por su talento.
Prosiguió Wilson su carrera cosechando un sinfín de tres sobresalientes en los exámenes que rendía, lo que dio lugar a la siguiente anécdota. Su tío don Isaac Ferreira Correa tenía cuatro hijas, Blanca, Marta (esposa de Eduardo Jiménez de Aréchaga, que aún vive a los 98 años de edad), Estela y Teresita. Resultó que las chicas al iniciar sus estudios liceales obtenían año a año brillantes notas, lo que daba pie a que su madre de apellido Piaggio Garçon dijera siempre cuando ellas terminaban cada año liceal con excelentes notas: “Salen al Dr. Piaggio”. Don Isaac, al parecer, nada había transmitido a sus talentosas hijas. Ocurrió al poco tiempo que llegaran las noticias de la notable carrera universitaria de Wilson, lo que motivó que la señora preguntara: “¿A quién saldrá tan inteligente Wilsoncito?”, a lo que replicó don Isaac: “¿Y a quién va a salir? Al Dr. Piaggio”.
Lo cierto es que Wilson, como se sabe, no culminó su carrera universitaria, quizás presintiendo que su destino estaba en la política y no en los expedientes judiciales. Y cuando le preguntaban cuál era la única materia que no había rendido su examen, contestaba con la ironía que lo haría famoso: “La materia gris”.
En cuanto a su carrera política harto conocida, que la inició en su juventud en filas del nacionalismo independiente y luego en la Lista 400 liderada por Washington Beltrán, este, al renunciar a su banca por razones de ética política, le permitió en 1954 ocupar por primera vez una banca de diputado.
En cuanto a su condición de hincha fanático de Nacional, ya integraba en 1947 su Comisión Directiva y en 1950 era delegado por nacional en la AUF junto con el inolvidable profesor de Derecho Civil Panchito del Campo.
Ahora contaré tres anécdotas. En el año 64 en un partido con Colo Colo, estaba sentado atrás mío junto a León Morelli en la Tribuna Olímpica. En la platea, unos hinchas tricolores armaron un bochinche poco común en aquella época, golpeando bombos y platillos, lo que motivó que unos hinchas tricolores les reclamaran que hicieran silencio. A lo que replicó Wilson en alta voz: “¡Está bien, que rabien los manyas!”. Muchos años más tarde, estando Wilson en Trinidad, me escribió una carta en la que pude leer estas expresiones ajenas al motivo de su misiva: “¡Gol de Nacional, Nacional 1 Central 0, vamos bien, Gonzalo!”, y al rato escribió: “Empató Central, la p... que lo parió. Apago la radio”.
Y la última. Una tardecita de 1986 me llamó al Senado para que le escribiera de apuro una contratapa en La Democracia porque el semanario salía al día siguiente. Me fui a mi casa y escribí rápidamente el artículo. A las nueve de la noche llegué al apartamento de Wilson en Avda. Brasil y le entregué el artículo. Estaban jugando Nacional y Peñarol en el estadio y de pronto oímos una infernal gritería: “¡Gol de Nacional!”. “No, Wilson —le dije enseguida— debe de haber sido de Peñarol”, a lo que él refutó: “¿Pero por qué sos tan pesimista?”, a lo que le contesté: “No soy pesimista, soy realista. Porque durante los once años que estuviste fuera del país, Peñarol nos ganó casi siempre, primero con Morena y luego con el Pato Aguilera y Venancio Ramos, entre otros”. No se quiso convencer, prendió la radio y entonces oímos a un relator que decía: “Gran jugada de Aguilera, pase a Venancio Ramos y este la anidó en las redes”.
Dr. Gonzalo Aguirre Ramírez