N° 1897 - 15 al 21 de Diciembre de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAún hoy lo ocurrido la semana pasada con los resultados de las pruebas PISA 2015 luce increíble. Que por querer anticiparse a sus competidores un diario publique una información errónea sobre los resultados obtenidos por liceales uruguayos vaya y pase. Al fin y al cabo es un hecho que, como tantos, pone a prueba la credibilidad de un medio de prensa ante sus lectores y lo expone a que se le atribuya todo tipo de intencionalidad. Llama a apelar a teorías conspiratorias. El error de un diario que titula su edición con una noticia falsa es algo con lo que los periodistas deben cargar y por lo que deben disculparse ante los lectores, que son quienes dan razón a su trabajo.
Ahora bien, qué decir del equipo técnico de la ANEP que sacó conclusiones sin haber leído los anexos finales que, para algunos países, caso Uruguay, relativizaban los resultados. Anexos que daban cuenta de un cambio metodológico que requería ajustes para comparar los resultados 2015 con los de años anteriores.
Era una evaluación positiva que, naturalmente, entusiasmó al presidente del Codicen, Wilson Netto, necesitado de resultados que exhibieran mejoras. Sin siquiera meterse en el tema, según confió luego, aseguró que “Uruguay ha tenido los mejores resultados de todas las ediciones anteriores en ciencias y lectura y ha mejorado respecto a 2012 en matemática”.
“Queda en evidencia —dijo— un trabajo que viene dando resultado. Los chiquilines que antes estaban fuera del sistema educativo hoy están aprendiendo más. La diversidad de propuestas y las nuevas estrategias han permitido que los más débiles hayan mejorado más de forma sustantiva”.
Solo 48 horas después, Netto debió reconocer que todo lo que se había informado, incluyendo sus propios comentarios, debía ser relativizado. Que si bien respecto al 2012 los resultados exhibían alguna mejoría en ciencias y lectura (no en matemática), no suponían un cambio significativo de tendencia.
Papelón que el presidente del Codicen rápidamente les endosó a los servicios técnicos de la ANEP.
Lo ocurrido la semana pasada habla de ligereza y poca diligencia profesional, comportamientos que alarman.
Porque así se encara una tarea de la que depende que el país alcance niveles superiores de desarrollo y logre, a través de la educación, lo que con tanto énfasis proclama el gobierno: reducir las desigualdades sociales y recuperar la movilidad social que caracterizó al país en el pasado.
“En el exterior me enseñaron que, cuando uno analiza un informe, siempre hay que empezar por los Anexos ya que el informe se basa en eso. Uno debe entender primero y luego ver si el informe está en concordancia”, fue el comentario que me hizo un experto uruguayo en educación que trabaja como consultor contratado por organismos internacionales.
Hallándose en el exterior no podía entender lo ocurrido.
Apenas accedió a los resultados de las pruebas, Pedro Ravela, el ex director ejecutivo del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), no tuvo dudas. Advirtió el error de la evaluación oficial. En un artículo que publicó en el Portal 180 aseguró que “no hubo grandes cambios a lo largo de los 12 años, (…) salvo una pequeña caída en matemáticas”. Opinión con la que concordó el actual titular del cargo, Mario Palamidessi, quien habló de “señales de estabilidad”. El estudio, agregó, revela “las dificultades que tiene el país para iniciar un camino sostenido de mejora de los resultados de aprendizaje”. Alertó sobre el riesgo de dejarse llevar por “una visión conformista” dado que Uruguay está en segundo lugar entre las naciones latinoamericanas.
El papelón de los servicios técnicos de la ANEP, amplificado por las declaraciones del presidente del Codicen, confirma que, independientemente de los esfuerzos que se realizan y de los mayores recursos presupuestales disponibles, no cabe esperar un cambio sustancial en los resultados del proceso educativo y que, en consecuencia, se sigue perdiendo el tiempo e hipotecando el futuro. Porque para decirlo con las palabras que le costaran el cargo al ex director nacional de Educación del MEC, Juan P. Mir, no se pretende un cambio en el ADN de la educación pública, como se comprometió en la campaña electoral, sino que se encara apenas una “transfusión”.
Un informe del BID basado en los resultados de PISA 2015, que ubican a nuestro país en la posición 47 entre 70 participantes, señala que desde 2003 el desempeño de los estudiantes uruguayos “no ha mejorado en ninguna de las tres materias” y permanece en el nivel dos de los umbrales de competencias requeridas.
En virtud de ello, el informe concluye que si bien en las estimaciones realizadas en 2012 a nuestro país le demandaría 20 años alcanzar el promedio (500 puntos) de los países de la OCDE, ahora, tres años después, esa meta le resulta “inalcanzable”.
En comparación, al ritmo de mejora que registra Perú, hoy 20 lugares por debajo de Uruguay, podría equipar el promedio de PISA en unos 21 años. Y Colombia, hoy 10 lugares debajo de nuestro país, lo lograría en 29 años. Ambos, destaca dicho informe, “muestran un ritmo de mejora anual positivo en las tres materias”.
Resulta innecesario decir lo obvio, que las virtudes del sistema educativo que distinguían al país se han ido perdiendo y que hoy no somos ajenos al drama que vive la región: la mitad de los jóvenes latinoamericanos de 15 años escolarizados están por debajo del nivel de desempeño y por tanto no cuentan con las competencias requeridas para desempeñarse en el mundo en el que les ha tocado vivir y en el que les espera, muy probablemente, una vida mediocre y sin mayores expectativas de progreso.
Una idea de la dimensión del rezago de la región surge al saber que los estudiantes evaluados en los países de la OCDE registran niveles de insuficiencia en competencias básicas en torno a 20%. Un dato que, proyectado hacia el futuro, revela que la brecha de conocimientos y competencias entre unos y otros seguirá siendo inmensa.
El problema es aún mayor. Porque cuando al grupo de jóvenes latinoamericanos de 15 años escolarizados se le agregan quienes están fuera del sistema educativo, y por tanto no evaluados por PISA, los guarismos de incompetencias básicas trepan a dos tercios. En Uruguay dicho porcentaje aumenta significativamente (ciencias 58%, lectura 56%, matemática 59%).
El entusiasmo con que las autoridades de la ANEP asociaron el martes 6 los “mejores resultados” a las estrategias y a los esfuerzos en que se hallan abocados, pusieron de manifiesto que muchas de las objeciones y cuestionamientos que hicieron en el pasado a la competencia PISA no eran sino un pretexto, una actitud defensiva. Una forma de confundir para no asumir responsabilidades.
Cada día está más claro que no existe en el gobierno voluntad política para tomar decisiones que afecten los intereses de la corporación sindical. Hay allí un problema de estrategia política del oficialismo. Siendo esto así, cabe preguntarse ¿para qué el gobierno convoca un nuevo Congreso de la Educación el año próximo? ¿Solo para despertar expectativas y llenar el ojo? Y pensar que durante años se nos dijo que si alguien sabía de educación era la izquierda.