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Nos preguntamos si las características que solemos atribuir a los padres referidas al compromiso con la crianza de sus hijos son una entera construcción cultural
Ya lo dijo la psicóloga Fanny Berger para el artículo sobre corresponsabilidad parental que publicamos en esta edición por el Día del Padre: “El rol es adquirido. La parentalidad depende de la empatía, del involucramiento. No tiene nada que ver con el género. El tema es cómo uno desempeña el rol y no el rol que le adjudican. Entonces, el hombre que cumple con la parentalidad nutritiva, con lo que todo padre o madre, sin importar el sexo, tiene que asumir para que el hijo tenga salud mental, no tiene nada que ver con el sexo biológico del progenitor, tiene que ver con la personalidad”.
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Dicho esto, nos preguntamos entonces si las características que solemos atribuir a los padres —y de la que en la amplia mayoría de los casos ellos mismos suelen hacer uso y abuso— referidas al compromiso con la crianza de sus hijos son una entera construcción cultural.
Hace tiempo que quedó claro que vivimos en un sistema que nos condiciona. Nos condiciona a ser de la misma manera predeterminada que el rol que nos tocó jugar. Debemos ajustarnos a sus cánones, a sus límites, a su corset.
Nos tocó ser mujer u hombre, y nos dijeron exactamente qué debíamos hacer para cumplir con las exigencias de nuestro género. Fuimos hijos mayores, del medio o menores, y debimos comportarnos como se supone que cada uno en esa posición debe hacerlo. Fuimos el travieso, la inquieta, el sumiso, la mala alumna, el buen estudiante. Y supimos jugar ese rol al pie de la letra. Y un día fuimos madres y padres, y estaba muy clara la manera en que debíamos actuar. Como si todo estuviera escrito en piedra. Hay que ser así y hacer esto. Eso se espera de ese rol. Todas las instituciones que forman parte de esta vida nos han condicionado sin que nos cuestionemos.
Vivimos en un sistema que nos condiciona a ser de la misma manera predeterminada que el rol que nos tocó jugar. Debemos ajustarnos a sus cánones, a sus límites, a su corset Vivimos en un sistema que nos condiciona a ser de la misma manera predeterminada que el rol que nos tocó jugar. Debemos ajustarnos a sus cánones, a sus límites, a su corset
Tal vez eso no esté tan mal si nos da un orden, un marco, nos facilita, nos ayuda. Pero sí está mal si nos hace sentir incómodos, frustrados o en falta.
Esos condicionantes sociales son los que hacen que un hombre que en un momento decidió no ser padre —haciendo caso omiso al mandato— sienta años después que, para que su paso por esta vida valiera la pena, tal vez debía haberlo sido —sucumbiendo finalmente a aquella imposición.
Son los mismos mandatos los que le dicen a uno que sí fue padre que estar atento a lo que necesita su hijo, mirarlo, atenderlo, darle lo que necesita es una cuestión más de la madre.
Tanto uno como otro (el que fue padre y el que no) probablemente hayan aprendido las implicancias del rol de su propio padre, y por eso haya tomado las decisiones que tomó y asumido las actitudes que asumió.
La nota que Patricia Mántaras escribió esta semana sobre Steve Martin cuenta que el actor fue padre recién a los 67 años. Para un documental sobre su vida que el director Morgan Neville estaba produciendo, Martin le entregó sus diarios personales. En ellos el realizador tuvo acceso a sus pensamientos más íntimos; y una de las cosas que supo es que con esa hija Martin “cerró un círculo”, porque logró ser un padre distinto al ejemplo que tenía de su propio padre, hipercrítico, a quien nunca pudo complacer. “Fue a terapia, se esforzó en trabajar su relación con su padre siendo ya un hombre de éxito y no repitió errores”, dijo el director. Recién a sus 60 años, Martin logró comprender que ser padre no era ser como su padre había sido con él. Mucho tiempo le llevó madurar esa idea, pero lo hizo, y revirtió ese condicionamiento. Hoy, con casi 80 años, asegura que fue padre en el momento preciso. “Creo que si hubiera tenido un hijo antes, habría sido un pésimo padre porque habría perdido la atención en mi carrera. Ahora solo estoy merodeando por la casa jugando con mi hija. Es genial”.
Para ser padre solo hay que ser como uno es, seguir la intuición, escuchar los sentimientos, respetar la propia personalidad. Lo que se debe, lo que se espera, no entiende de amor verdadero, de felicidad.