¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

El periplo de un blandito en el gimnasio: pereza, ansiedad y “gymtimidation”

Entre pesas y miradas incómodas, empezar a entrenar puede ser tan agotador como el propio ejercicio

Editor de Galería

El saldo del fin de semana: un chivito con fritas, tagliatelle­ a la carbonara, una pizza al tacho y nula actividad física. Ni una caminata, ni una sentadilla, ni el más mínimo intento de mover el cuerpo más allá del trayecto sofá-heladera. La culpa —y un incómodo cruce de miradas con el espejo— me llevó a tomar una decisión que tanto venía eludiendo… Me anoté en el gimnasio.

Mi última experiencia no fue feliz. Solo media hora de ejercicio me alcanzó para terminar patas para arriba, tras un desmayo provocado por el exceso de esfuerzo en una tarde de calor. ¡En mi primer día!

Pero me prometí que esta vez sería distinto: “Me voy a convertir en un toro”, me repetía una y otra vez, mientras contraía mis gelatinosos bíceps de señora. Aunque me propuse un objetivo realista y claro: ir tres veces por semana y pasar desapercibido.

¿Voy a ir todos los días? Probablemente no. ¿Sé usar las máquinas? Tampoco. ¿Ya estoy viendo ropa deportiva como si eso me hiciera más fit? Absolutamente. Pero lo importante es empezar…

Para ello, opté por concurrir a media mañana, esperando un gimnasio semivacío. Y acerté; casi ningún gymbro a la vista, apenas un par de veteranos que entrenaban con calma y sin necesidad de exhibirse.

Showtime

En la cinta volé, al punto que se me atravesó la idea intrusiva de entrenar para una media maratón. Sin embargo, los problemas llegaron con las primeras gotas de sudor. El aire se acababa y cada zancada era un grito de auxilio; parecía un pingüino con sobrepeso intentando despegar.

Miro a la izquierda y veo a mi némesis, un señor que perfectamente podría tener nietos de mi edad. Sin despeinarse, me sometió al ridículo, como una Ferrari dejando atrás a un Fitito en plena recta. Y yo solo llevaba tres minutos (contando el calentamiento).

Rendido —física y anímicamente—, me dirigí a la sala de musculación, donde intenté demostrar mi hombría en el press de pecho. Spoiler: pequé de optimista y me vi forzado a intentar con (mucho) menos peso, ante quién sabe cuántos ojos juzgadores.

¿El profesor? Bien, gracias. Jamás se acercó a corregirme y ni siquiera me dio la bienvenida. No lo culpo, estaba muy ocupado atendiendo a cada chica en calzas que pisaba el establecimiento.

Por suerte, estaban para guiarme un par de discípulos de Schwarzenegger. A lo mejor les horrorizaba ver mi técnica primitiva o solo buscaban que me apurara para liberar el aparato.

Ya de salida, la recepcionista me invitó a participar de crossfit a la mañana siguiente… esa secta que todos fingen disfrutar. Cuando mencionó el horario (¡7 a. m.!) dejé de escuchar. Hay cosas que simplemente no están hechas para mí.

Al otro día, podría haber sido la misma historia, pero no fui. Y al día siguiente, llovía.

Gymtimidation

Mi caso no es aislado. En Reddit abundan relatos de principiantes en gimnasios que harían llorar a cualquier entrenador. “Tengo miedo de hacer ejercicio porque siento que no sé lo que estoy haciendo y me preocupa lesionarme”, confesó un usuario desde el anonimato. Otro fue aún más explícito: “Llegué sin saber absolutamente nada: ni ejercicios, ni rutinas… sentía miedo de hacer el ridículo”.

Esta incomodidad al entrenar se denomina gymtimidation­ y, según un estudio de Planet Fitness España, afecta aproximadamente al 59% de los españoles, en especial a mujeres y jóvenes. Los principales disparadores incluyen desconocimiento del funcionamiento de las máquinas, falta de intimidad en los vestuarios y presencia constante de cámaras (lo que alimenta el miedo al ridículo).

En Estados Unidos, una encuesta de Deseret News realizada a 2.000 personas reveló que cerca de la mitad de los encuestados experimenta ansiedad vinculada al gimnasio, que, en ocasiones, los lleva a abandonar o evitar sesiones, incluso a no renovar membresías.

La gymtimidation es real, pero no debería ser un obstáculo para una vida más activa. Al final del día, todos empezamos sin saber qué hacer con esa máquina que parece sacada de Transformers. Así que si tenés miedo de hacer el ridículo, tranquilo: probablemente varios ya lo estamos haciendo… pero en diferentes horarios.

// Leer el objeto desde localStorage