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Lo que los hombres callan (y lo que dicen sin palabras)

Entre silencios y chistes, los hombres también dicen “te quiero”, solo que a su manera

Editor de Galería

Durante un asado, mientras picaba un chorizo cantimpalo, le pregunté casualmente a mi gran amigo Pepe cómo andaba su novia. La respuesta llegó con su voz entrecortada.

—Me dejó hace dos meses... pero estoy bien.

Sin darle tiempo al silencio, el encargado de la parrilla intervino con firmeza, dando por cerrado el tema.

—Me alegro que estés bien.

Le di a Pepe una palmada en la espalda y seguí cortando el cantimpalo, como si nada.

Años después, otro de los míos sufrió una ruptura amorosa que lo dejó hecho un trapo. Fue una sorpresa porque ni sabíamos que su relación pendía de un hilo. Aunque, a decir verdad, jamás un amigo mencionó una crisis ni discusión de pareja. Fuimos todos a su casa a hacerle compañía, pero de sentimientos, ni una palabra. Los comentarios buscaban animarlo a nuestra manera.

—Con ese bigote horrendo, entiendo por qué te dejó.

—Te hizo un favor, ahora podés volver al gimnasio.

Compartimos unas pizzas, abrimos un vino barato y le colgamos unos estantes que tenía tirados desde hacía meses. A nuestra manera, estuvimos ahí.

Decir sin hablar

Por ridículo que parezca, los hombres admiramos al león, ese animal que por más que esté en peligro o herido siempre busca mostrarse dominante y seguro. Pero muchas veces, en realidad, somos solo gatitos más interesados en ronronear que en rugir.

A su manera, es lo que explican Vogel, Wester, Hammer­ y Downing en su escrito Masculine Norms, Avoidance of Help-Seeking and Men’s Health, publicado en 2011. Este artículo revisa cómo las normas masculinas influyen en la reluctancia de los hombres a expresar vulnerabilidad o buscar ayuda emocional, incluso con amigos cercanos, y cómo esto afecta su bienestar psicológico.

A pesar de toda la evidencia acumulada, muchas de estas creencias siguen profundamente arraigadas en nuestra cultura. Y así seguimos tragándonos la angustia solo porque, en algún momento, alguien decretó que “los hombres no lloran”.

También en 2011 y más en profundidad, el sociólogo australiano Michael Flood analizó cómo los hombres­ manejan la intimidad emocional y la expresión de sentimientos dentro de sus amistades masculinas. Descubrió que, aunque muchos hombres evitan hablar abiertamente de emociones profundas debido a normas culturales, sí desarrollan formas alternativas de intimidad y apoyo emocional. Estas incluyen­ bromas, humor, lenguaje indirecto y actividades compartidas, como formas de expresar cercanía y cuidado sin necesidad de conversaciones explícitas sobre sentimientos.

La incomodidad que sentimos al abordar “temas difíciles” no es casual, ni nos enorgullece. Me atrevo a hablar en plural, consciente de que este flagelo afecta a miles, especialmente a machos de la vieja guardia.

Quizás sigamos esquivando el dolor con chistes, fútbol y asados, pero el primer paso para construir vínculos más profundos es justamente reconocer esa necesidad de intimidad emocional, aunque no siempre se exprese con palabras. Porque, a veces, un “¿todo bien?” con una doble palmada en la espalda es lo más cerca que estamos de decir “te quiero, amigo”. Y por ahora, eso también cuenta.

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