Reconocimiento facial, registro de teléfonos, tratamiento de datos asistido por IA... Desde que se le asignó un presupuesto colosal, el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) ha multiplicado las inversiones en tecnologías de vigilancia de última generación para localizar a los inmigrantes indocumentados, pero también a los ciudadanos estadounidenses que se movilizan contra sus acciones