Dos DJ pasan música. Varios bailan con total soltura al ritmo de la música electrónica, mientras otros se mueven tímidamente, y algunos mantienen un diálogo entrecortado, interrumpido para mirar a su alrededor. Hay juegos de luces, y también hay que esquivar vasos cada algunos pasos. La escena se parece mucho más a la de un boliche montevideano a las tres de la mañana que a la de un domingo de tarde. Pero es domingo, son las cinco y media de la tarde y lo que más se consume durante esa tarde invernal en una esquina de Punta Carretas no son vasos de alcohol sino de café.
Este espacio llamado Koffee Skates —que, como indica su nombre, es una mezcla de cafetería con tienda de patines y skates— no es el único de Montevideo que aquel domingo reunió a una multitud para bailar y tomar café. Más de cien personas se concentraron en el local de Desmadre en Ciudad Vieja, que además de su clásico menú, pasó música en su patio desde las 10 de la mañana para quienes tuvieran ganas de bailar a la hora del desayuno. Lo mismo pasó en la sucursal de Carrasco del café Cardenal, que a media tarde —ese mismo domingo— sacó las mesas de su jardín para convertirlo en una pista de música electrónica en la que circuló no solo el café, sino también scones, pan de queso y alfajores de maicena hasta las nueve de la noche.
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Valentina Weikert
Los primeros registros de esta tendencia en el mundo datan de, por lo menos, el año 2014, cuando The New York Times escribió una crónica sobre cómo en Brooklyn y Manhattan unos pocos cafés o clubes empezaban a organizar fiestas en días laborales a las 8 a. m. Entre jugos y cafés, a estos sitios llegaban desde grupos de corredores después de entrenar hasta trabajadores corporativos con ganas de activar su cuerpo con un poco de música, cafeína y baile antes de empezar la jornada laboral.
Tímidamente, otras ciudades se animaron a replicar estas propuestas, cada una con su impronta, hasta que en los últimos dos años se extendieron hacia otras partes del mundo, principalmente Europa, ya no como una forma de activarse antes de ir a trabajar o después de entrenar, sino como todo un plan de fin de semana.
No fue hasta este año que las fiestas de café llegaron a Sudamérica, con un claro epicentro del fenómeno en Buenos Aires. Y cuando una tendencia se afianza al otro lado del río, es cuestión de días o a lo sumo unos pocos meses para que haga eco en Uruguay.
Reivindicar la música electrónica
Algunos definen las coffee raves como el nuevo boliche, un sustituto a las salidas desde la medianoche hasta el amanecer, que surge de una mayor conciencia sobre los costos físicos —y económicos— que tienen estas trasnochadas, generalmente acompañadas de alcohol. Si bien lo último es cierto, quienes impulsan el movimiento no lo ven como un reemplazo: consideran que son propuestas que se complementan y suman a la oferta existente. “En Montevideo hay muy pocos planes en el día, sobre todo en invierno, que se habla de que es medio gris. Una de las ideas era crear planes distintos durante el día”, explica Bruno Barthaburu, fundador de Koffee Skates e impulsor de esta tendencia en Uruguay. En la misma línea, Gimena, quien baila frente al DJ, cuenta a Galería que salió a bailar la noche anterior, pero esta es una experiencia completamente distinta: “No suplanta a la noche. Es algo sano, que suma, es otra interacción”.
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Valentina Weikert
Barthaburu suele frecuentar fiestas electrónicas, tanto en Uruguay como en otras partes del mundo. El último año, no obstante, se topó con esta tendencia en uno de sus viajes. “Estoy muy relacionado al mundo de la electrónica, y empecé a ver este fenómeno en Europa y Estados Unidos”, señala. Fue así que en abril, cuando abrió su tienda-café, lo hizo con la idea de organizar coffee sessions como forma de tantear el mercado, que es muy distinto al de otras partes del mundo. “El uruguayo es muy vergonzoso, más criticón y tímido; siempre a lo nuevo le tiene un poquito de rechazo”, comenta el dueño.
Pero llegó el 31 de mayo, se hizo la primera coffee session y la esquina se pobló de unas 350 personas, una cifra que superó las expectativas. El domingo 27 de julio se llevó adelante la segunda, que empezó a las 15.30 y se extendió hasta las 20 horas. “La gente de a poco se va sacando la vergüenza, y está buenísimo hacerlo con café y no depender del alcohol para bailar”, dice Barthaburu.
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Valentina Weikert
Precisamente, la popularidad alcanzada por la electrónica durante los últimos años vino acompañada de muchos prejuicios que estas fiestas tratan de derribar. “La gente tiende a relacionar mucho la electrónica con las drogas, la noche y la oscuridad. El intento es reivindicar esta música y demostrar que se puede pasar bien sin necesidad de alcohol ni otras drogas. La búsqueda es esa”, añade el dueño de la cafetería.
En efecto, aunque la carta de aquel domingo 27 de julio también incluía algunos tragos, lo más vendido de la tarde fue café. Concretamente, las opciones preferidas fueron flat white y caramel. “Flat white es para un público cafetero de especialidad, porque tiene más café. Caramel es bien lo opuesto, para un público más comercial, con menos gusto a café”.
Otra de las chicas que baila se llama Romina, forma parte del mundo techno y le parece “buenísimo sacar a la electrónica de ese mundo oscuro, de la noche y la droga”, dice segundos antes de saludar a uno de sus amigos que acaba de entrar. “Él tiene 65 años”, cuenta, para señalar que este ambiente abre las puertas a personas de todos los ámbitos y edades. Y no solo los seres humanos: entre el público que baila o se amontona sin bailar, hay un perro que busca mimos y salta a todo el que se le acerca. Y también se encuentra con otros de su especie, cuando por la puerta llegan clientes acompañados de sus mascotas.
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Pichu Salvo
Otro grupo de amigos en el entorno de los 20 años comentan que hace por lo menos dos años tienen la costumbre de poner sesiones de coffee raves de fondo —en YouTube— mientras estudian o trabajan desde casa. De ahí su entusiasmo, ya que lo que durante tanto tiempo vivieron a través de pantallas es ahora una experiencia que pueden disfrutar juntos en su propia ciudad. “Nos encanta que sea de tarde, la música y que podamos hablar más, estar más tranquilos. Y el café, todos somos fans del café. Así que nos gusta todo ese conjunto. Es tremendo plus venir a tomar café y bailar”, agrega una de las jóvenes.
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Pichu Salvo
Otra de las que más baila es ecuatoriana y, al igual que Barthaburu, había frecuentado coffee raves en Alemania. “Conocía este concepto, pensé: ‘qué bueno que haya llegado a Uruguay’, le avisé a mi amiga y vinimos. Nos encanta este plan tranqui de domingo”, dice.
¿Para quedarse?
Recientemente abrió una franquicia del café Cardenal en Carrasco. Al contar con un local de grandes dimensiones, quisieron aprovechar el espacio para organizar coffee raves y así generar una propuesta diferente en el barrio. “Contratamos a unos DJ con experiencia, ellos hicieron una gran movida para atraer público en Carrasco Polo, en los colegios. Y fue un éxito”, cuenta Mariana Demarco, propietaria de la sucursal.
El público alcanzó las cien personas y se vendieron más de cien cafés. El alcohol no fue parte de la propuesta. “Solo café y alguna cosa para comer, pero todo para llevar, sin menú. Fue de 17 a 21, y sobre la hora de cierre seguía llegando gente”, señala. La idea, dice, es organizar alrededor de una fiesta de café por mes.
Nicolás Barbero, dueño de la panadería y café Desmadre, explica que pactaron cuatro fechas de coffee raves para el invierno, con una nueva a anunciarse para este mes. Debido al éxito y la repercusión de la propuesta, no duda de que se agreguen nuevas fechas durante la primavera, cuando el clima invite a salir.
A diferencia de otras coffee parties, la de Desmadre empezó de mañana, un gran desafío teniendo en cuenta que el público uruguayo no suele ser mañanero como el del hemisferio norte —por el contrario, es noctámbulo— y que los asados tienen prácticamente el monopolio de los domingos al mediodía.
Como era de esperar, la mayor cantidad de gente empezó a acercarse al local de Desmadre en Ciudad Vieja después del mediodía. “Al uruguayo le cuesta mucho madrugar, más aún un domingo. Fue una jugada, pero para la segunda fecha el público entendió que podía venir a las 11 o 12 a tomarse un cafecito y bailar”.
Nadie puede afirmar si las coffee raves son una moda pasajera o un fenómeno que vino para quedarse. Por lo pronto, todo parece indicar que mientras el público lo demande, se podrá seguir brindando con café y bailando a plena tarde.