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Un solo y enérgico “aló” al otro lado del teléfono bastó para demostrar que a Nicolás Pirozzi la alegría se le escapa por los poros. Y no es para menos: en cuestión de semanas, pasó de un relativo anonimato a ocupar las portadas de los principales medios locales tras convertirse en el segundo uruguayo de la historia en clasificar a los Juegos Olímpicos de Invierno, siguiendo los pasos de Gabriel Hottegindre, quien participó en 1998.
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Esto no solo representa un hito enorme en su incipiente carrera como esquiador profesional, sino también un motivo de orgullo para toda su familia materna, que verá cómo aquel chico nacido y criado en Chile, hijo de madre uruguaya y padre chileno, se vestirá de celeste para participar en el mayor evento de los deportes de nieve.
Fueron sus abuelos y primos quienes años atrás le enviaron una entrevista de Joaquín Gallinal, presidente de la Asociación de Ski y Snowboard del Uruguay (ASSU), que por entonces buscaba deportistas uruguayos en el exterior con proyección olímpica. Nicolás, que se había tomado un tiempo del esquí para dedicarse de lleno a su otra pasión —la programación—, en ese momento desechó la idea. Pero el último verano, un encuentro casual con Gallinal en un café de Punta del Este reavivó su pasión por el esquí y lo llevó a plantearse un nuevo desafío: representar a Uruguay en Milán 2026.
Nicolas Pirozzi medallas (1)
El esquiador junto a sus entrenadores tras ganar dos medallas de oro en las Valle Nevado Spring Series.
Lo que vino después ya es historia: a sus 23 años, Nicolás consiguió las dos primeras medallas de oro para el país en la disciplina durante las Valle Nevado Spring Series, carreras FIS internacionales, y logró la clasificación en la categoría slalom gigante, con la posibilidad de sumar también participación en slalom.
Su familia delira. “Mi abuela es la más chocha, lejos. Mis primos y mi madre también están muy felices”, cuenta. En contraparte, sus colegas chilenos lo tratan de “vendido” y él, como un yorugua más, les habla de su amor por Suárez y Forlán.
Entre la nieve y la PC
Mientras algunos de sus compañeritos de clase aún no sabían andar en bicicleta, Nicolás ya empezaba a dominar el esquí. Su padre, un verdadero fanático del deporte, le fue enseñando todos sus secretos, que él luego aplicaba con maestría para desafiar a sus cuatro hermanos mayores.
Vivió toda su vida en Santiago, lo que lo convirtió en un visitante habitual de La Parva durante los inviernos. Este centro de esquí, ubicado a unos 50 kilómetros al este de la capital, en la cordillera de los Andes, se convirtió en su segundo hogar: allí Nicolás pasaba horas deslizando sobre la nieve y perfeccionando su técnica.
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Race day. Ski out . Analyze => Learn => Replicate. Lets go. Now back to some coding pic.twitter.com/ElXyU9cQVh
A los seis años corrió sus primeras carreras y a los 10 ya comenzaba a dar sus primeros pasos en el esquí profesional. “Siempre quería ganar y eso me llevaba a entrenar bastante desde chico. A los 13 años fui a competir a Europa por primera vez, donde están los mejores. Gané un par de carreras en Andorra, hice podios en Canadá e Italia. Incluso tuve la posibilidad de ir a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Lausana 2020, representando a Chile. Fue una experiencia impresionante”, expresa.
Pese a sus logros, a los 20 años Nicolás se tomó un descanso del esquí para dedicarse exclusivamente a la programación. Se formó de manera autodidacta, aprendiendo con tutoriales de YouTube, y desarrolló varios proyectos, entre ellos Nutria, una aplicación de nutrición que analiza fotos de los platos de comida para calcular calorías, proteínas, carbohidratos y grasas. “En Chile ya tenemos más de 30.000 usuarios. Es un proyecto que me apasiona porque puedo enseñarle a la gente a conocer lo que come y tomar conciencia sobre su alimentación. Para mí, es tan importante como el esquí”, explica.
Después de tres años alejado de las pistas, volvió a competir este año, pero con una mentalidad completamente distinta. “Físicamente nunca dejé de entrenar —juego al fútbol y siempre me cuidé mucho con la alimentación—, así que el regreso, en ese sentido, fue fácil”, cuenta. Pero la verdadera diferencia estuvo en lo mental: “Antes estaba lleno de dudas, no tenía trabajo ni sabía qué hacer con la universidad. Esta vez volví más tranquilo, con mis proyectos andando y con otra libertad mental. Eso me permitió disfrutar mucho más del esquí”.
Nicolas Pirozzi programacion (1)
A su vez, liderar un emprendimiento le permite combinar el trabajo con el deporte. “Casi todo es online”, explica. “Cuando estoy en Santiago tengo reuniones presenciales con mi equipo o con inversionistas, pero el resto del tiempo trabajo de forma remota, lo que me da libertad para entrenar y viajar”. Esa flexibilidad, dice, fue clave para poder volver a competir sin dejar de lado sus proyectos.
Su rutina no es apta para holgazanes: durante la temporada de invierno, los días de Nicolás comienzan al amanecer. “Me levanto a las seis, hago un calentamiento hasta las seis y media, y tomo un buen desayuno: huevos, pan y café, siempre bien temprano”, relata. A las siete ya está en la pista y entrena hasta el mediodía. Luego almuerza —arroz, carne y ensalada— y dedica la tarde al trabajo frente a la computadora. “De dos a cinco programo o tengo reuniones, y después voy al gimnasio. A eso de las nueve ya estoy durmiendo porque al día siguiente arranca todo de nuevo”. La rutina, admite, es exigente, pero también lo llena de energía: “Es agotador, pero me encanta”.
Preparación y expectativa
Este año, Nicolás no podrá disfrutar de sus tradicionales veranos entre Montevideo, Punta del Este y Salto, de donde es oriunda su familia. Pronto partirá hacia Europa, donde se entrenará en Italia bajo la guía de su entrenador andorrano y la ayuda de un psicólogo deportivo. “El tema físico lo manejo por mi cuenta, pero estoy evaluando la posibilidad de sumar un preparador físico al equipo”, subraya.
En paralelo, mantiene un vínculo constante con ASSU, que no solo se encarga de conseguir auspiciantes para hacer posible su sueño olímpico, sino también de un detalle clave: proveer trajes de competencia y abrigo que no se encuentran en Uruguay.
En cuanto a la disciplina, explica que “el esquí es un deporte individual en el que se busca llegar lo más rápido posible de un punto A a un punto B pasando por puertas que marcan la trayectoria”. “Me especializo en las modalidades técnicas slalom y slalom gigante, donde la precisión y la disciplina en cada giro son clave para un buen desempeño. Logro alcanzar velocidades de entre 80 y 90 km/h”, agrega.
Nicolas Pirozzi esqui (1)
Nicolás tiene claro que el peak de un esquiador suele estar sobre los 28 años, por lo que estima que sus mejores Juegos Olímpicos podrían ser los de 2030. De todas formas, no se quita presión y aspira a estar entre los mejores representantes de Sudamérica.
“Compito contra los mejores del mundo (suizos, noruegos, italianos, austríacos), muchos de ellos en sus cuartos o quintos Juegos. Por eso, creo que en estos primeros lo más importante es ganar experiencia y dar mi mejor versión, realizando la mejor bajada posible”, asegura.
Un chileno bien nuestro
Nicolás mantiene un vínculo muy cercano con Uruguay, un lazo que va más allá de la sangre. Se declara “full mate” y un apasionado del fútbol uruguayo, en especial de la garra que caracteriza a nuestros futbolistas.
Tan es así que ante la ausencia de Chile en el último Mundial, viajó a Catar con sus hermanos a ver a la Celeste. “Fue una experiencia épica: vimos Uruguay contra Portugal y, de hecho, me entrevistaron saliendo del partido para la televisión uruguaya. ¡Fue increíble!”, recuerda.
Ahora es él quien tiene la responsabilidad de representar al país, y lo deja en claro: “Sepan que voy a dejar la vida por esta bandera”, afirma.
Además, invita a todos los uruguayos a descubrir el esquí: “Si alguno llega a venir a La Parva, que me avise; podemos dar una vuelta juntos y disfrutar de este deporte. Muchos uruguayos prueban el esquí de vacaciones y les encanta, así que el mensaje es que se animen y vengan a vivirlo”, concluye.