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Quién es Julia Paternain, la atleta con pasado de modelo y un MBA, que hizo historia

La corredora británico-uruguaya, hija de matemáticos y nieta del escritor Alejandro Paternain, fue modelo de la agencia Elite, pagó su carrera universitaria en Estados Unidos corriendo y ahora recibe invitaciones a maratones de todo el mundo

Julia entra al Estadio Olímpico de Tokio por un túnel vacío. La escena ocurrió el domingo 14 por la mañana en Japón. Sábado 13 por la noche en Uruguay. Los recortes de X llegan primero. Se viralizan en pocos minutos.

El relato de los ingleses, de los españoles y de los brasileños. “Ahí viene la uruguaya, ahí viene la sudamericana, ahí viene la medalla para Uruguay, impresionante, la gran sorpresa”, anuncia el relator brasileño. La voz es todo asombro: “¡En medio de tantas etíopes, kenianas, atletas de Baréin, de Uganda, viene una uruguaya!”.

Julia corre a paso firme. Alta y delgadísima, avanza con determinación. Apenas entra a la pista, su rostro comienza a evidenciar desconcierto. Recorre el óvalo de 400 metros de largo con su mirada y no encuentra a ninguna otra corredora. Después dirá que, según sus cálculos, sabía que estaba entre las 10 primeras, pero creía que estaba en el sexto o séptimo puesto. Sigue corriendo. El estadio la ovaciona.

Un minuto después que ella, entra al estadio Susana Sullivan, de Estados Unidos. “¡Qué máquina, Sullivan!”, dice el relator. Julia corre sin aflojar el ritmo, 200 metros adelante de la máquina. Cuando toma la recta final esboza una mueca de sonrisa. Pero vuelve a recuperar el foco. No da más. La emoción quiere aflorar, pero la mente aún tiene el control. Dicen que en la maratón los últimos 10 kilómetros son a pura mente.

Las piernas flacas y largas de Julia dan las últimas zancadas hacia la línea final. Cuarenta y dos kilómetros y ciento noventa y cinco metros en dos horas con veintisiete minutos y veintitrés segundos. Julia devora los metros finales, cruza la meta y comienzan 20 segundos de incertidumbre. Mira para todos lados, su boca se abre buscando oxígeno, sus ojos se abren aún más buscando una respuesta a la madre de todas las preguntas. ¿Cómo salí? Lo intuye, pero necesita la confirmación oficial. “Yes, you are!”, exclama emocionada la relatora de la televisión inglesa.

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Según sus cálculos, sabía que estaba entre las 10 primeras, pero creía que estaba en el sexto o séptimo puesto.

Según sus cálculos, sabía que estaba entre las 10 primeras, pero creía que estaba en el sexto o séptimo puesto.

Julia se apoya sobre sus rodillas. Está exhausta, pero la adrenalina fluye más que nunca. Su rostro es una montaña rusa de emociones. Sonríe un poco, vuelve la angustia, levanta los brazos. La incertidumbre es total. Gira sobre sí misma. Uno de los jueces oficiales le da la noticia. Tercer puesto, escucha. Se agarra la frente y repregunta con los tres dedos y gesto interrogante, como para confirmar lo que acaba de escuchar. “¡Você é! ¡Acredite!” (“sos vos, creelo”), grita el locutor brasileño. “Una performance asombrosa, un momento histórico para Uruguay”, dice el inglés. “Esta mujer es la sorpresa del campeonato del mundo”, afirma con total seguridad el comentarista español.

Ahora sí. Julia explota de alegría. Mira al piso y por primera vez sonríe a pleno. Apenas sabe que ha ganado la medalla mundial de bronce, se toma la musculosa celeste con las dos manos y grita: “¡Uruguay!”. Es lo primero que hace. Es un grito con las tripas. Un grito que no suena impostado. Están sus padres en ese grito, están sus tíos y primos con quienes ha compartido sus vacaciones en Colón. Está el Monte de la Francesa en ese grito, el parque por el que Julia salía a correr cuando venía de visita a Montevideo. Y en ese grito está también la Confederación Atlética del Uruguay, con la que se puso en contacto hace solamente dos años para conseguir la posibilidad de hacer carrera en el atletismo internacional corriendo por Uruguay.

Ahora sí, Julia se convence de lo increíble. Ni en sueños avizoraba este logro. Su meta era estar entre las 20 o 30 primeras. Mientras Julia festeja, el 99,9% del Uruguay se entera de su existencia. Y su sonrisa es infinita.

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La medalla de bronce de Julia Paternain Muniz­ en el Mundial de Atletismo de Tokio fue la primera medalla para Uruguay en los 19 mundiales que se han celebrado desde 1983.

La medalla de bronce de Julia Paternain Muniz­ en el Mundial de Atletismo de Tokio fue la primera medalla para Uruguay en los 19 mundiales que se han celebrado desde 1983.

La medalla de bronce de Julia Paternain Muniz­ en el Mundial de Atletismo de Tokio es, por donde se lo mire, un hecho extraordinario en la historia del deporte uruguayo. Porque fue la primera medalla para Uruguay en los 19 mundiales que se habían celebrado desde 1983, cuando se disputó el primero, en Helsinki­. Los máximos logros de los atletas uruguayos en mundiales eran el decimosegundo puesto de Ricardo Vera en Stuttgart 1993 en 3.000 metros con vallas y el noveno puesto de Emiliano Lasa en Londres 2017. De hecho, el atletismo uruguayo tampoco tiene una medalla olímpica. Paternain ha logrado también la primera medalla para Sudamérica en la maratón mundial.

El logro de esta atleta nacida en México, de padres uruguayos, criada en Inglaterra y radicada desde hace tres años en Estados Unidos, es tan inaudito como descomunal. Fue, con rigor, la mejor del mundo, exceptuando a las dos africanas que ganaron oro y plata. Estuvo por encima de decenas de atletas de todas las potencias mundiales del atletismo, incluyendo a muchas africanas, que, como es sabido, dominan las carreras de fondo a escala mundial desde hace décadas, en ambos géneros. Solo fue superada por dos estrellas consagradas: la keniata Peres Jepchirchir, oro olímpico en Tokio 2020, y Tigst Assefa, de Etiopía, plata en París 2024. Pero es aún más inverosímil la proeza si se tiene en cuenta que la de Tokio fue apenas la segunda maratón que corrió en su vida, tras debutar en la prueba más exigente del atletismo en marzo, en la que logró los puntos necesarios para clasificar al Mundial. Paternain llegó a Tokio en el puesto 288 del ranking mundial. Pocas veces se ha dado un ascenso al podio tan meteórico. Su incredulidad en la línea de meta era muy lógica. Nunca se había imaginado el desenlace. “Estaba aterrada de que no fuera la meta”, declaró poco después para World Athletics, la organización que rige el atletismo a nivel planetario, y que organiza los mundiales. “Pensaba que quedaban otros 400 metros para el final. No me lo creía. Uno de los oficiales me tuvo que decir que había acabado”, dijo entre risas.

“¿Qué acaba de pasar?”, se preguntó en su primer posteo en Instagram tras la carrera. “Todavía me cuesta poner en palabras lo que siento después de la carrera de ayer. Nunca en mis sueños más locos pensé que algún día diría esto: soy medallista de bronce en el Campeonato Mundial”.

Leyenda instantánea

Al llegar a la meta en Tokio, con solo 25 años y toda una carrera por delante, Paternain se transformó no solo en una de las máximas deportistas de la historia uruguaya, sino en una leyenda del atletismo sudamericano.

En los primeros días surgió una fuerte polémica en redes sobre si Julia es o no es uruguaya, dado su origen propio de una familia de uruguayos emigrantes. La respuesta fundamental la dio la propia Paternain en la pista, con ese grito visceral. Luego contó ante cámaras que ha venido a Uruguay decenas de veces a visitar a su familia, durante toda su vida, y que decidió correr por Uruguay hace varios años, luego de iniciar su carrera inscrita como atleta británica, debido al arraigo por el país que sus padres le inculcaron siempre, incluso a través del aprendizaje del español como segunda lengua. “Por mis venas corre sangre uruguaya”, dijo poco después del triunfo.

“No puedo creer tener esto acá en mi mano. En una semana espero que se sienta más real. No lo puedo creer”, dijo, con la medalla recién colgada y envió el primer agradecimiento a sus padres, Graciela Muniz y Gabriel Paternain, dos destacados matemáticos uruguayos con una notable carrera académica en Inglaterra: “Me ayudan con todo y vinieron hasta acá a verme correr cuando no pensábamos que fuera a ganar una medalla”.

Julia Paternain
En paralelo al secundario, y mientras aún corría cross country en Inglaterra, Julia trabajó como modelo para la agencia internacional Elite Model Management.

En paralelo al secundario, y mientras aún corría cross country en Inglaterra, Julia trabajó como modelo para la agencia internacional Elite Model Management.

A Graciela y Gabriel les explota el celular. Es viernes a media tarde en Seattle. Hace seis días que Julia corrió la maratón pero a Graciela le parecen dos meses. Todos quieren hablar con la maratonista uruguaya. La llamaron de todo el mundo. Dirigentes de atletismo, periodistas, atletas, organizadores de maratones, amigos de Inglaterra, donde vivió durante 20 de sus 25 años de vida, familiares y amigos de Uruguay. “La vida no te prepara para esto”, dice Muniz a Galería. Y comienza a contar la historia de cómo su hija se convirtió en medallista mundial de bronce. Lo primero que dice es que desde Tokio volvieron a Estados Unidos porque los tres tenían actividades agendadas. Obviamente no esperaban volver con una medalla. De hecho, Julia tiene prevista en estos días una cirugía odontológica (extracción de muelas del juicio), que agendó para esta semana con antelación, debido al descanso en los entrenamientos posterior al Mundial.

Graciela cuenta que “ante la locura” de la medalla, están coordinando agendas con la Confederación Atlética para que Julia pueda viajar a Uruguay en las próximas semanas, aunque aún la fecha es incierta. De hecho, en pocos días ella tiene previsto reincorporarse a los entrenamientos con su equipo, dirigido por el entrenador Jack Polerecky, en Flagstaff, Arizona­, la ciudad donde se radicó debido a sus 2.100 metros sobre el nivel del mar. La altura geográfica es clave para potenciar el entrenamiento en los maratonistas y corredores de fondo, pues permite un mayor desarrollo de glóbulos rojos y un mejor desempeño en el llano. Esa es una de las claves del dominio mundial de Kenia­ y Etiopía en la especialidad. Y por esa razón Flagstaff es uno de los epicentros del entrenamiento en fondo no solo de Estados Unidos, sino del mundo.

La escuela del cross country

Julia nació el 29 de setiembre de 1999 en León, México, donde sus padres estaban trabajando en un centro de investigación de matemáticas. Cuando la niña tenía dos años la familia se mudó a Inglaterra, lugar en el que permanecieron durante dos décadas. Allí, Gabriel fue profesor de Matemáticas en la Universidad de Cambridge (se retiró hace pocas semanas) y llegó a ser director del Departamento de Matemáticas de esa icónica universidad británica y fellow en el legendario Trinity College.

Julia es también nieta de Alejadro Paternain, reconocido escritor fallecido en 2004, y sobrina de Rafael Paternain, sociólogo y académico en la Universidad de la República, conocido también por haber dirigido el Observatorio de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior en los primeros gobiernos del Frente Amplio.

Graciela cursó un Doctorado en Bioestadística también en Cambridge, dio clases de Matemáticas en una universidad de Londres y es actualmente docente en Escocia y Estados Unidos, en universidades de Edimburgo y Ohio.

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Su madre, Graciela Muniz, es docente de matemáticas en universidades de Edimburgo y Ohio.

Su madre, Graciela Muniz, es docente de matemáticas en universidades de Edimburgo y Ohio.

Julia hizo la primaria y la secundaria en Cambridge, donde a los 11 años comenzó a correr cross country, disciplina muy arraigada en el norte de Europa, que consiste en correr largas distancias a campo traviesa, por lo general en circuitos de tierra que generan enormes barriales. Allí, Julia empezó a forjar la resistencia, atributo clave para cualquier fondista. Sus imágenes en plena adolescencia, corriendo con sus piernas y brazos llenos de barro están entre las postales familiares que Graciela atesora. “Los championes tienen clavos y te los tenés que pegar con cinta pato a los pies para que no se queden enterrados en el barro”, aclara la madre.

En su niñez y adolescencia también practicó natación, handball y hockey, pero llegando a los 16 años se dedicó a correr. Se integró a un grupo de corredores de cross country en Cambridge­ y eso, según su madre, fue decisivo. “Era un grupo muy lindo, el entrenador la estimulaba mucho. Ella empezó de la nada, simplemente saliendo a correr. Después, con mucho esfuerzo y sacrificio, comenzó a conseguir objetivos y a superarse”. Graciela cuenta que desde su juventud, la prioridad de Julia siempre fue el deporte. “Levantarse a las cinco de la madrugada para salir a correr se transformó en su rutina, y eso fue siempre más importante que cosas como salir a bailar”.

Luego de cursar el secundario en el colegio Saint Mary’s de Cambridge y el bachillerato en el Hills Road Institute, Julia ganó dos años seguidos una carrera muy importante en el Reino Unido llamada English Schools. “A esa edad solo permiten correr hasta tres kilómetros en Inglaterra y es una carrera muy tradicional, en la que se inscriben solo los que terminan el bachillerato. Esa carrera es vista por muchos entrenadores, que van a reclutar atletas para un entrenamiento profesional. Y al ganar esas carreras, empezó a recibir muchas ofertas de universidades de Estados Unidos”. Así fue que Julia ingresó en el programa Students Athlets, que otorga becas universitarias a cambio del fichaje deportivo. En los hechos, Julia se pagó su carrera en la universidad Pen State, en Pensilvania, Estados Unidos, corriendo. Es el mismo programa en el que actualmente están los atletas uruguayos Valentín Soca y Manuela Rotundo. Soca llegó a la final en 5.000 metros en Tokio. Su 15º puesto es el otro gran logro de la delegación uruguaya en el certamen.

Graduada y modelo

Julia se graduó en Estados Unidos en una carrera que combina Psicología y Sociología. Luego de graduarse hizo un Máster en Negocios (MBA). “Su escolaridad en todos sus grados es sobresaliente. Logró la máxima nota en cada uno de sus exámenes”, dice Graciela sin ocultar su orgullo.

En paralelo al secundario, y mientras aún corría cross country en Inglaterra, Julia trabajó como modelo y durante dos años estuvo contratada por la agencia internacional Elite Model Management. Hizo desfiles y algunas campañas en revistas importantes, como Vogue, pero las corridas eran más fuertes que las pasarelas. “Caminó en la London Fashion Week”, cuenta Graciela con el mismo orgullo con el que antes había relatado la excelencia académica de su hija. Cuando se mudó a Estados Unidos, la agencia Elite la contactó con sus sedes en Nueva­ York y California, pero pudo más la pasión de Julia por correr.

julia Graduada
Se graduó en una carrera que combina Psicología y Sociología, y luego hizo un máster en negocios en Estados Unidos.

Se graduó en una carrera que combina Psicología y Sociología, y luego hizo un máster en negocios en Estados Unidos.

Con la llegada de la pandemia de Covid-19, Paternain regresó a Inglaterra y luego volvió a Estados Unidos a completar su formación universitaria y atlética, pero en el estado de Arkansas. En esa universidad el entrenador de atletismo era Neil Harper, una institución en el atletismo­ universitario estadounidense. Allí, Julia terminó su Bachelor of Arts in Psychology y su maestría en negocios. En los últimos años, en Arizona, donde entrena en régimen profesional, trabajó en una importante agencia de management­ de artistas y deportistas. Mientras tanto, entrenaba duro para mantenerse en forma.

Durante un tiempo trabajó en San Francisco, en la West Coast Conference, dependiente de la NCAA, la organización que rige la actividad deportiva de las universidades de Estados Unidos. Hacía tareas de marketing en las competencias de básquetbol. Allí le tocó, entre otras tareas, hacerle una entrevista a Phil Jackson, el legendario entrenador de los Chicago Bulls de los 90. Actualmente, radicada en Flagstaff, la atleta complementa sus ingresos, cuando es necesario, usando su auto para hacer delivery de paquetes.

Julia Paternain
Durante su carrera de modelo desfiló en la London Fashion Week y salió en la revista Vogue.

Durante su carrera de modelo desfiló en la London Fashion Week y salió en la revista Vogue.

Antes y después de Tokio

Lógicamente, la medalla en Tokio marca un antes y un después en la vida de Julia Paternain. Hay que tener en cuenta que comenzó a correr maratones este año, por lo que tiene ante sí un mundo de nuevas posibilidades. Por lo pronto, en pocos días, una vez que se recupere del esfuerzo del campeonato del mundo y de su intervención odontólogica, comenzará una nueva temporada de entrenamientos con su equipo en Flagstaff. Pero la perspectiva ahora es radicalmente distinta que un mes atrás: en estos últimos días ha recibido decenas de invitaciones de maratones de todo el mundo para correr en forma profesional, por lo que ahora deberá diseñar su vida y su calendario en función de las grandes competencias. Lógicamente, la meta ahora pasará a ser la maratón olímpica de Los Ángeles 2028. “Esa ya era su meta antes del Mundial”, aclara su madre.

Consultado por Galería, el presidente de la Confederación Atlética del Uruguay (CAU), Iván García Crespo, dijo desde Tokio que “hay un antes y un después en el atletismo uruguayo con Julia Paternain. “Es un logro inconmensurable, imposible de imaginar para todos nosotros previamente”. García afirmó que la hazaña de Paternain es muy beneficiosa para todo el deporte uruguayo, y en particular para el atletismo, un deporte que requiere de una gran inversión, porque una pista de piso sintético reglamentaria, como la que se instaló recientemente en la pista de atletismo de Montevideo, requiere de una inversión cercana al millón de dólares.

El dirigente informó que en Uruguay hay solo cinco pistas de este tipo y que el objetivo de la CAU es lograr que haya una al menos en cada departamento. Para ello, señaló, se requiere de una importante inversión pública y también privada. “Hay que trabajar en la captación de recursos, y para ello, el éxito de Julia en Tokio puede ser muy importante”. García agregó que están coordinando con Paternain para lograr que pueda venir a Uruguay en el corto plazo, “y poder rendirle los homenajes que merece por su logro extraordinario”.

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