¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

Teléfonos celulares tontos: un movimiento contracultural cuestiona el lugar que se les da a los smartphones

Cambiar los celulares actuales por dumbphones, o teléfonos tontos, es la propuesta de este nuevo movimiento

La adicción a los teléfonos celulares y el empobrecimiento de la salud mental que trae el uso excesivo de las redes sociales y del entretenimiento indiscriminado despertaron un movimiento contracultural y tecnológico que cuestiona y ordena el lugar que los seres humanos les damos a los dispositivos móviles de comunicación.

Este movimiento está integrado por los llamados “minimalistas digitales” y son, en palabras de uno de sus principales portavoces, el profesor de Ciencias de la Computación en la Universidad de Georgetown Cal Newport, autor del libro Minimalismo digital: en defensa de la atención en un mundo ruidoso, quienes abandonan “actividades de baja calidad como deslizar el teléfono sin sentido y mirar contenidos indiscriminadamente y sin entusiasmo” en favor de actividades de ocio de valor como juegos de mesa, crossfit, clubes de lectura, aprender a “arreglar o construir algo nuevo” todas las semanas, o simplemente tiempo para existir sin consumir ni producir.

Así, el minimalismo digital es una suerte de filosofía que promueve el uso consciente de la tecnología, orientado a minimizar las distracciones digitales y mejorar la calidad de vida con más tiempo libre, menor dispersión y mayor poder de concentración. En lugar de permitir que los dispositivos y las plataformas­ digitales­ decidan cómo vivimos nuestro tiempo finito, el minimalismo digital invita a reflexionar y optimizar el uso de la tecnología.

El objetivo es cambiar de perspectiva hacia una vida más holísticamente productiva en la que recurramos a la tecnología digital solo cuando proporciona algo útil y eficiente, y que encontramos con la intención de hacerlo.

Según Newport, la fuerza de voluntad y las resoluciones no son suficientes para controlar la capacidad de las nuevas tecnologías de invadir nuestro “paisaje cognitivo”. En su libro sostiene que debemos establecer una “filosofía del uso de la tecnología” y recomienda una desintoxicación digital de un mes, un período de ordenamiento al estilo Marie Kondo, en el que una persona se toma un descanso completo de todas las tecnologías opcionales. Pasado este mes, el minimalista digital reintroduce poco a poco estas tecnologías, pero en sus propios términos meticulosos. Por ejemplo, es posible que solo necesite una hora de Instagram­ por semana para ponerse al día con sus videos de gatitos y recetas.

Quizás, pasado este mes, el minimalista digital prefiera tener una buena conversación con amigos en una cafetería en lugar de enviarles mensajes de texto de forma continua y compulsiva.

Este mes de detox podría servir para erradicar esa manía de mirar la pantalla del celular cada 10 minutos o llenar los espacios vacíos mirando contenidos inconducentes. “Nada es más difícil de hacer que nada”, escribe la artista Jenny Odell en su libro Cómo hacer nada: resistir­ la economía de la atención, en el que también cuestiona el agresivo avance en el uso de la tecnología. Odell equipara la crisis de la naturaleza y la crisis de nuestras mentes: lo que le ha sucedido al mundo natural nos está sucediendo a nosotros, sostiene, y está sucediendo en la misma escala, de manera que pronto será irreparable.

De la misma forma ella ve poca diferencia entre la restauración de hábitats naturales en el sentido tradicional y la restauración de hábitats para el pensamiento humano, ambos en peligro por la lógica de la “productividad capitalista”.

“Al revelar constantemente nuestras necesidades y deseos a las empresas de tecnología que analizan nuestra identidad en busca de estrategias para generar ganancias, estamos descuidando, e incluso perdiendo, las profundidades misteriosas del alma: las partes de nosotros que no sirven para un propósito productivo, sino que existen simplemente por existir”, dice. Nuestras “partes mejores y más vivas” están siendo “pavimentadas por una lógica de uso despiadada”, puesto que los teléfonos inteligentes están diseñados para ser adictivos, advierte la artista. Nuestras “partes mejores y más vivas” están siendo “pavimentadas por una lógica de uso despiadada”, puesto que los teléfonos inteligentes están diseñados para ser adictivos, advierte la artista.

De hecho, se estima que casi tres cuartas partes de los estadounidenses tomaron alguna vez medidas para alejarse de Facebook. Familias enteras intentan establecer un “shabat digital”. Sin embargo, continúa acumulándose un estado de ánimo de inquietud e impotencia, “como una lluvia ácida en nuestra mente colectiva”, asegura Odell.

old-vintage-mobile-cell-phones-red-orange.jpg

Celulares tontos

Además de un plan para limpiar de distracciones innecesarias la experiencia digital, existen celulares que están especialmente diseñados para promover su mínimo uso. Estos tienen sus distintos precios. Están los celulares como el clásico Nokia con su teclado físico, que, a diferencia de los smartphones modernos, solo integran funciones básicas como llamar, enviar y recibir mensajes. Recientemente, tratando de captar a los cansados de la dependencia tecnológica la empresa finlandesa realizó una reedición de sus modelos Nokia 150 y Nokia 130. Estos celulares “tontos” y los de otras empresas tecnológicas como Motorola están todos en un rango de menos de 40 dólares.

También hay otros dispositivos más sofisticados en sus funciones —o no funciones— y que pueden salir tan caros como un teléfono inteligente, en el entorno de los 800 dólares. The Light Phone es un teléfono móvil de la empresa Light, una startup fundada en Nueva York con un concepto de celular que limita a sus usuarios la conectividad a internet, el acceso a noticias y notificaciones. El teléfono tiene una interfaz limitada y fue especialmente diseñada para usarse lo menos posible.

The Light Phone es un dispositivo muy básico, no admite la instalación de aplicaciones, ni navegador, mucho menos juegos. Solo tiene un número con tarjeta SIM prepago, un reloj y funciones básicas, como mapas o notas. La batería puede llegar a durar 20 días, por lo que también puede ser un buen respaldo de un teléfono principal.

Recientemente la empresa lanzó el Light Phone III, y todo lo que trae preinstalado es lo que ofrece (como el primer iPhone). Teléfono, alarmas, aplicación de mapas, notas, reproductor musical, mensajes SMS, y no mucho más. No, no admite WhatsApp.

nokia-110-1_020E0DFA80724AF78A31E567040E5425.jpg

Demasiado frágil

“Honestamente soy una persona demasiado frágil para tener redes sociales. Mi ego es muy frágil, mi cerebro es muy frágil”, comentó la actriz Scarlett Johansson en una entrevista radial. “Soy una flor demasiado delicada y ya tengo suficiente ansiedad, realmente no necesito más. Una vez tuve Instagram­ durante tres días y me di cuenta de que había estado 20 minutos mirando la cuenta de alguien que no sé quién era, alguien que trabajaba para un amigo; supe que tenía un pitbull y dos hijas y me di cuenta de que había perdido 17 minutos de mi vida, sentía la necesidad de mudarme a California, tener ese mismo perro y cambiar mi vida de mil maneras y me sentí mal, como que me estaba perdiendo de cosas, por la cuenta de esta persona elegida al azar…. Me di cuenta de que soy demasiado frágil”, confesó.

Si Scarlett Johannsson siente que se está “perdiendo de algo” cada vez que mira las redes sociales, ¿qué queda para los consumidores de a pie? Inara es uruguaya, tiene 48 años, está radicada en el sur de Francia desde hace casi 20 y recientemente hizo una desintoxiación profunda de sus hábitos tecnológicos.

El cuestionamiento de Inara con respecto a la peligrosidad de los aparatos celulares nació luego de varios altercados desagradables y episodios ocurridos en WhatsApp. “Empecé a notar una falta de límites y de respeto cobijados bajo el ala de una impunidad en el marco difuso de un anonimato ‘grupal’ que anulaba toda posibilidad de encuentro constructivo entre seres humanos”, dijo a Galería.

Autodefinida como una persona sociable, extrovertida, comunicativa, curiosa y frontal, Inara confiesa que estas características sumadas a su veta soñadora, lunática, obsesiva y a una construcción psicológica con tendencia a la dependencia, la llevaron en varias oportunidades, poco a poco y sin darse cuenta, a verse atrapada en un sistema de comunicación y un modo de consumo diametralmente opuesto a sus valores y aspiraciones más profundas.

“Dueña de una gran sensibilidad por la imagen y amante como soy de las palabras, mi relación con el smartphone, por sus características en términos de diseño y posibilidades, me fue llevando más de una vez a caer en un modo de expresión completamente excesivo y compulsivo, sumamente nefasto para mi salud y bienestar, que poco tiene que ver con una comunicación de ida y vuelta, sana, consciente, responsable, amorosa, respetuosa y equilibrada con el/los otro/s”, dijo.

A partir de varios desengaños amorosos, en los que a través de un intercambio extremadamente “onírico, desproporcionado y ansiogénico, generador de relaciones mutuamente fantasmadas y cristalizadas, repletas de bellas palabras, emoticones, imágenes, grabaciones y podcasts sin ton ni son, en una lluvia de mensajes, carente de todo autocontrol, que no intenta al final más que, de manera tan ilusoria como naif llenar nuestro gran vacío existencial y escapar al sentimiento de soledad, de abandono y de muerte inherentes a la condición humana”, y gracias al apoyo profesional psicológico, fue que Inara decidió hace apenas unos meses pasarse a un teléfono tonto.

“Guardo todavía mi antiguo smarthphone en un cajón y lo saco únicamente para comunicarme, de modo más espaciado pero consciente­, a través únicamente de llamados, con mi familia y amigos que están lejos, sacar fotos de mi trabajo, en caso de urgencia y otros casos puntuales para los cuales se ha vuelto indispensable, como por ejemplo, pagar mi alquiler”, relata. “Guardo todavía mi antiguo smarthphone en un cajón y lo saco únicamente para comunicarme, de modo más espaciado pero consciente­, a través únicamente de llamados, con mi familia y amigos que están lejos, sacar fotos de mi trabajo, en caso de urgencia y otros casos puntuales para los cuales se ha vuelto indispensable, como por ejemplo, pagar mi alquiler”, relata.

Porque es claro que el celular también nos evita colas innecesarias en los centros de cobranzas y en muchos casos nos permite realizar trabajos remotos evitando traslados y ahorrándonos tiempo.

No se trata de demonizar la tecnología, ni de negar todo lo que nos brinda en el plano educativo y de entretenimiento además de comunicacional. Pero sí se hace inminente reescribir y educar acerca de su uso con nuevos hábitos y rutinas diarias. Todo esto si no queremos convertirnos en muñecos teledirigidos por un algoritmo.