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Empresa láctea pretende alquilar las instalaciones de Coleme; los productores empezaron a remitir la leche a Conaprole
Se evalúa que el alquiler de la planta industrial resulte muy conveniente por su mantenimiento y cuidado, ya que el costo de preservar la seguridad del predio es alto
Los acreedores de Coleme son el Banco República y algún proveedor de servicios de mantenimiento, según fuentes de la cooperativa.
Una empresa láctea pretende alquilar las instalaciones de Coleme, en Melo, para utilizar fundamentalmente las cámaras de frío y utilizar el predio como centro de distribución para esa región del país. También está la posibilidad de que esta compañía contrate a trabajadores que fueron despedidos, según confirmaron a Agro de Búsqueda fuentes vinculadas con la cooperativa que decidió su cierre el pasado 3 de junio e irá a concurso de acreedores.
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Se evalúa que el alquiler de la planta industrial resulte muy conveniente por su mantenimiento y cuidado, ya que el costo de preservar la seguridad del predio es alto.
Las autoridades de Coleme estiman que la resolución del concurso de acreedores será similar a la de Calcar, porque el síndico “recibirá todo bastante resuelto”, según las fuentes consultadas. Los acreedores son básicamente el Banco República y algún proveedor de servicios de mantenimiento.
Por otra parte, los productores de Coleme comenzaron a remitir su producción de leche a Conaprole, algo que fue muy bienvenido, ya que tendrán seguridad de cobro, además de acceso a asistencia técnica y financiera, a través de Prolesa y Proleco. Para hoy jueves está prevista una reunión entre integrantes de Conaprole y los productores.
Coleme era la cooperativa láctea más antigua del país, fue fundada en 1932 —antes que Conaprole, que data de diciembre de 1935— y durante más de nueve décadas fue un eje de la economía lechera del noreste y una fuente de trabajo y arraigo para generaciones enteras de familias de Cerro Largo.
Un final anunciado
La crisis de Coleme no fue repentina. Fue un proceso de deterioro lento y sostenido que se aceleró en los últimos años hasta volverse insostenible. En tiempos no tan lejanos, la cooperativa contaba con más de 70 productores remitentes. Hace una década, cuando adoptó el Fondo de Financiamiento a la Actividad Lechera (FFAL), rondaba los 50.
Al momento del cierre apenas 12 tamberos seguían enviando leche a la planta —algunos de ellos estatales, como los predios de UTU y la Facultad de Agronomía— y el volumen diario recibido era de unos 6.500 litros, insuficiente para sostener una estructura industrial de 30 trabajadores.
El cuadro financiero estaba igual de deteriorado. Coleme arrastraba un atraso en los pagos a sus remitentes de alrededor de seis meses, con una deuda que superaba los US$ 500.000. Al cierre de la empresa se estaba tratando de terminar de pagar octubre.
De manera paradójica, la cooperativa estaba al día con el resto de sus obligaciones, como salarios, aportes patronales, UTE, OSE y proveedores de insumos.
Uno de los problemas estructurales más difíciles de resolver era la contradicción que provoca la estacionalidad de la producción lechera cuando el volumen es tan pequeño. En primavera, cuando hay más leche, la empresa debía pagar más a sus remitentes, pero los excedentes se derivaban a la elaboración de quesos —con ciclos de producción, maduración y cobro mucho más largos— y eso causaba atrasos.
En invierno, cuando baja la producción, la empresa podía estar relativamente más al día, porque la leche fluida representa una mayor proporción del ingreso. Un ciclo que se retroalimentó y que, a la escala de Coleme, se volvía imposible de revertir.
Los propios socios de la cooperativa tenían claro el diagnóstico: si la cuenca hubiera estado funcionando en condiciones normales, la planta podría haber recibido entre 20.000 y 25.000 litros por día, un volumen que la habría hecho viable. “Se nadó mucho para morir en la orilla”, sintetizó una fuente interna a Agro de Búsqueda. Pero la materia prima no estaba, y comprar leche en otras cuencas para pagar al contado mientras se les debía a los propios remitentes no era una opción.