Integrar agricultura, ganadería de carne y nuevas alternativas al negocio lechero puede ayudar a reducir riesgos y mejorar la estabilidad de los sistemas productivos, según se planteó en una jornada realizada en la Rural del Prado.
Diversificar no significa hacer de todo, sino incorporar actividades que complementen la lechería y permitan distribuir mejor los riesgos
Integrar agricultura, ganadería de carne y nuevas alternativas al negocio lechero puede ayudar a reducir riesgos y mejorar la estabilidad de los sistemas productivos, según se planteó en una jornada realizada en la Rural del Prado.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa actividad “Diversificar para estabilizar: estrategias productivas para construir sistemas sostenibles”, organizada por Mercoláctea y la Asociación Rural del Uruguay, con el apoyo de las gremiales lecheras, tuvo como expositor a Jorge Giraudo, integrante del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina , quien analizó las principales tendencias del mercado internacional de lácteos, y luego reunió a los productores Mónica Wiebe, Federico Montaubán y Juan Carlos Blanco, así como al asesor Alexis Rinaldi.
Giraudo señaló que en el mundo se producen unos 800.000 millones de litros de leche de vaca, pero apenas 94.000 millones se comercializan internacionalmente. Por esa razón, pequeñas variaciones en la producción mundial pueden causar fuertes movimientos en los mercados.
Para Uruguay, país que exporta alrededor del 70% de su producción, los movimientos internacionales tienen una incidencia directa. A esto se suman los costos de transporte, energía, fertilizantes, mano de obra y las dificultades derivadas de un escenario geopolítico y climático más incierto.
El expositor también destacó cambios en la demanda. El envejecimiento de la población y el interés creciente por la alimentación y la salud abren oportunidades para productos de mayor valor agregado, en especial aquellos vinculados a la nutrición infantil, deportiva y clínica. En ese sentido, señaló el potencial de las proteínas derivadas del suero, como WPC 80, las aisladas y los productos hidrolizados.
Otro fenómeno señalado fue la concentración de la producción. En Argentina la cantidad de tambos cae alrededor del 2,7% por año y el proceso alcanza también a establecimientos medianos. Mientras tanto, los sistemas de mayor escala aumentan su participación.
Frente a ese escenario, la diversificación aparece como una herramienta para disminuir la dependencia de un único ingreso. Pero, como planteó Alexis Rinaldi, no alcanza con que una actividad resulte positiva en una planilla de Excel, hay que considerar la gestión diaria, los equipos, el personal, la inversión y, especialmente, el flujo de fondos.
Las experiencias presentadas mostraron distintas estrategias. Wiebe explicó cómo la agricultura permite producir reservas para el tambo y, al mismo tiempo, generar ingresos mediante cultivos como soja, colza, trigo y cebada. Montaubán y Blanco plantearon sistemas que combinan agricultura, leche y ganadería de carne utilizando cada recurso según su mejor aptitud.
Otro ejemplo fue el del macho Holando. Rinaldi explicó que comenzaron a trabajarlo en 2018 para transformar un animal considerado tradicionalmente un subproducto de la lechería en una categoría con valor propio. Con sistemas intensivos y rendimientos de faena superiores al 55%, la carne encontró diferentes canales comerciales.
La genética también puede contribuir a la integración, utilizando semen sexado para asegurar las reposiciones del rodeo lechero y destinar otros animales a cruzamientos de carne.