A continuación, un resumen de la entrevista realizada con el cardenal el lunes 21, al día siguiente de volver del Vaticano.
—¿Cuándo se enteró de que el papa iba a visitar Uruguay?
—Cuando lo eligieron papa, en el primer saludo, le dije: “Santo padre, lo saluda todo Uruguay a través de mí y lo esperamos en Uruguay, porque recuerde que Francisco no pudo ir”. Después, en otra visita que hice a la Santa Sede el año pasado, le volví a reiterar la invitación y también lo hizo el gobierno. Y en enero de este año, el papa me dijo: “Nos vemos en Uruguay”. Y eso me dio la pauta de que estaba en sus planes venir, aunque aún no estaba oficializado. Luego, fue esperar el sí oficial y definitivo.
—¿Por qué decidió venir?
—Porque el papa Francisco no había estado en Uruguay ni en Argentina, y porque Perú es la patria de León XIV.
—¿Qué mensaje le transmitió al papa sobre la Iglesia en Uruguay?
—A la semana de la elección le pedí una audiencia y le hablé un poco de nuestra Iglesia con cuatro palabras que repito siempre: que es una Iglesia pobre, libre, pequeña y hermosa. Y que a esa Iglesia le hace muy bien que venga el papa. Yo creo, además, que le hace bien al Uruguay entero. Y le pedí que, si venía, que fuera primero a Uruguay.
—¿Por qué?
—Primero, porque sabíamos que la fecha de la visita iba a ser en noviembre y, en esa fecha, nosotros tenemos la Fiesta de Nuestra Señora de los Treinta y Tres, entonces, podía coincidir su llegada con esa fiesta. Ese fue un motivo. Pero, además, también le dije que en Uruguay no somos muchos y que la Iglesia es pequeña, mientras que en Argentina lo van a esperar multitudes y en Perú, su patria, va a ser la apoteosis. Entonces... no queríamos que la visita del papa a Sudamérica fuera de más a menos, sino de menos a más.
—¿Por qué dice que “al Uruguay entero” le hace bien la llegada del papa?
—El papa remueve una cantidad de sentimientos que están en nuestra naturaleza y en nuestra cultura. Uruguay hace una especie de cuestión de la laicidad o el laicismo mal entendido, pero, en el fondo, pertenecemos a una cultura occidental y cristiana, nos guste o no. Lo cristiano está en la raíz de nuestro ser, aunque esa raíz a veces la cortamos diciendo que tiene que quedar en la conciencia individual. Todos tenemos un fondo cristiano porque es parte de nuestra realidad; entonces, creo que la figura del papa remueve un sentimiento positivo, de unidad, nos remite al Evangelio, a las cosas más hermosas, como la Navidad y la Pascua, a Jesucristo capaz de sacrificarse por los hombres, a los elementos claves de la vida humana, como el amor.
—¿Ayuda su llegada a romper divisiones respecto a la laicidad?
—Yo creo que sí, porque, además, ha habido una maduración interesante en el Uruguay: aunque cada tanto sale un resabio del antiguo laicismo, medio trasnochado, en general se maneja un concepto relacionado a la libertad y a la pluralidad, a una laicidad que respeta y permite la fe y las ideas de las personas. Este año, en un encuentro del Poder Ejecutivo habló Gabriel Rossi, quien lastimosamente falleció hace poco. Habló como presidente de la Junta Nacional de Drogas y se mandó un discurso sobre laicidad que es lo mejor que yo he escuchado sobre el tema de una autoridad del Estado. Y va en la línea de ese concepto.
—¿Es buena hoy la relación de la Iglesia con el gobierno?
—La Iglesia se relaciona bien con todos los gobiernos y no ha habido mayores problemas con ningún gobierno desde el retorno de la democracia. Puede haber mayores coincidencias con unos que con otros, pero tanto con el presidente Orsi como con otras autoridades hay una relación cordial. En este gobierno hay gente de fe, gente católica, gente que está en los ministerios del gobierno, y hay una buena relación con ellos y con los que no tienen fe, como el propio presidente Orsi, que, si bien fue bautizado y comulgado, es agnóstico y, sin embargo, tiene una relación cordial con la Iglesia.
Yamandú Orsi y Daniel Sturla en 2025, durante un evento en la Universidad Católica del Uruguay en Montevideo.
Javier Calvelo/adhocFOTOS
—¿Puede la visita del papa también profundizar divisiones con aquellos que defienden la laicidad?
—Es posible, sí, pero yo creo que unanimidad hay en los países totalitarios, en un país democrático como el nuestro es normal que haya polémicas. De todas formas, en una encuesta que se hizo, la mayoría de los uruguayos ve de forma positiva la visita del papa. Y eso lo percibimos nosotros también en el día a día. Recientemente tuve un encuentro con chiquilines de liceos públicos que estaban muy entusiasmados: “¡Vo, viene el papa!”, me decían. Es un momento favorable para la Iglesia.
—¿En qué sentido?
—En la teología cristiana se habla del Kairós como el momento favorable. Es como, ¡tac!, hay que aprovechar el momento. Yo nunca hice surf, pero sí barrenaba las olas de chico y tenía que esperar una buena ola para que me llevara a la orilla. Yo creo que hoy es un momento de una ola positiva que trae el papa y está en nosotros decir “¡aprovechemos!”, no para hacer propaganda de la Iglesia, sino para anunciar a Jesucristo.
—¿Confía la Iglesia en sumar nuevos adeptos gracias a la llegada de León XIV?
—La Iglesia no es una especie de club que tiene una cantidad de adhesiones y, si no sumamos, decimos: “Uh, se nos viene abajo el club”. La Iglesia tiene, desde el vamos, un espíritu misionero que, de repente, otras religiones no lo tienen por su identidad. El judaísmo, por ejemplo, no tiene eso de buscar nuevos fieles. Entonces, ¿por qué los busca la Iglesia? Porque considera que hay un mandato de Jesús de ir y anunciar el Evangelio, de que llegar a todos los hombres con la salvación de Cristo es un deber. En ese sentido, sí, ojalá se despierte y se suscite la fe en los uruguayos con el papa. Pero no para llenar de gente las iglesias, sino para que se dé ese encuentro personal capaz de transformar la vida de las personas. Esto ya está pasando con muchos adultos hoy en Uruguay.
—¿A qué se refiere?
—Es algo que está pasando en muchos países del mundo: los adultos, los mayores de 18 años, cambian de vida, descubren a Jesucristo. El otro día tuve una charla con ocho o nueve muchachos que se convirtieron de la no fe a la fe y, a diferencia de los más chicos, que se unen a la Iglesia desde la obra social, acá se dio por una búsqueda de la verdad. Yo me quedé asombrado porque comprendí que hay mucha gente que está en esa búsqueda y que finalmente encuentra eso que busca.
—¿Maneja la Iglesia uruguaya algún estudio al respecto?
—Es algo que está sucediendo en países de Occidente, en Francia, en España, en Estados Unidos. Aquí también se está dando, aunque no lo tenemos cuantificado. Yo lo veo en las confirmaciones en las distintas parroquias de Montevideo: de hace 14 años a hoy cada vez son más los adultos que confirmo respecto a antes. El otro día, en la Parroquia Inmaculada Concepción Paso de las Duranas, hubo 17 confirmados y solo dos eran adolescentes, el resto eran mayores y muchos de ellos se habían bautizado este mismo año y en esta misma celebración de confirmación tomaron la comunión. Yo creo que hay menos cristianos por tradición, por costumbre, y más personas que descubren la fe de adultos.
—¿Nota, entonces, un cambio en el porcentaje de adeptos a la Iglesia?
—No aún, porque este fenómeno se da en una tendencia a la baja de los fieles. Sí se trata de un núcleo creciente e interesante de gente que va recorriendo la fe.
—¿Está el papa al tanto de la situación de la Iglesia uruguaya?
—Él conoce a la Iglesia de Estados Unidos, donde nació, a la de Perú, donde vivió, pero no a la de Uruguay. Somos una Iglesia que tiene pocos recursos, que en muchos temas tiene que remar y remar, una Iglesia totalmente distinta al resto, un poco más marginados de la vida más pública y oficial. Pero es una Iglesia libre, que hace presente a Jesucristo y al mensaje evangélico, con una vida social muy fuerte. Mucha gente desconoce la obra social de la Iglesia en Uruguay.
El papa León XIV bendice a un niño pequeño a su llegada para presidir la audiencia general semanal en el Vaticano, el 16 de setiembre.
Filippo Monteforte/AFP
—¿Por eso quisieron que una de las visitas del papa fuera a Casavalle?
—Sí, yo procuré que se diera eso, porque la cuenca del Casavalle es el lugar de mayor pobreza del país y es donde hay mayor densidad de presencia católica en el territorio. Tenemos, en un pequeño radio de esa zona, de 15 a 20 obras de la Iglesia. ¿Son conscientes de eso los uruguayos? ¿O piensan que la Iglesia solo está en la costa?
—Este mes, los obispos uruguayos se encontraron con el papa en el Vaticano. ¿Qué preocupaciones le manifestaron?
—Le entregamos un insumo de 800 cartas de todo tipo y color, de uruguayos que le escribían preocupaciones, críticas, felicitaciones... Había gente agradecida con la Iglesia y con su visita, y gente con recriminaciones porque la Iglesia está en contra de esto o de lo otro. También situaciones de temas de la Justicia, con cartas de familiares de detenidos en la cárcel de Domingo Arena y de personas que están en busca de sus desaparecidos. Y también había cartas con críticas a situaciones de abuso sexual.
—¿Qué les respondió el papa?
—Nos habló de la transmisión de la fe y de la importancia de la familia y, sobre todo, del tema del suicidio. Le llama la atención el número de suicidios y de suicidios juveniles en Uruguay. Es un tema que se habló y que tiene que ver con la falta de amor a la vida. Le impactó mucho lo del suicidio y él tenía el dato, no es que nosotros le hayamos dicho.
El cardenal Daniel Sturla en mayo de 2025, durante una misa en la Basílica de San Pedro, el Vaticano, tras el funeral del papa Francisco y antes del cónclave que elegiría a León XIV.
Tiziana Fabi/AFP
—¿Del aborto y la eutanasia hablaron?
—Son temas que, obviamente, salieron en la charla con el papa. No son un mal para la Iglesia de Uruguay, sino un mal para la gente, para los chiquitos que no nacen, para la mentalidad que se crea de poder terminar con una vida y ser dueños de una vida. En estos temas siempre se plantean las situaciones más trágicas, pero la mentalidad es lo que hace más daño. Por ejemplo, el aborto se despenalizó y después pasó a ser un derecho. La ley de eutanasia toma ciertos elementos que tienen que tenerse en cuenta, pero después, ¿qué pasa? Hablamos de esto con el papa y con el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el organismo encargado de estos temas en la Santa Sede. Ahí los obispos conversamos sobre la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, y de la dificultad de las leyes. Se ha dicho que el año que viene en Uruguay se haría una expansión de la actual ley del aborto. Yo creo que es una macana. Esas cosas estuvieron en discusión con el Dicasterio.
—¿Cree que el papa incluirá estos temas en sus oratorias en Uruguay?
—Pienso que va a hablar, obviamente, de la cultura de la vida.