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    INIA advierte “diferenciales” en el mercado ganadero y nivel “insuficiente” de adopción de tecnología

    Un estudio señala “posible carencia de paquetes tecnológicos estandarizados, de aplicación sencilla y validados”

    Redactor Agro de Búsqueda

    Un estudio sobre el mercado de haciendas de la Unidad de Economía Aplicada (UEA), del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), permitió identificar características “diferenciales” entre el mercado de faena del de reposición, y en cierto sentido este último resultó ser “más complejo y sofisticado” que el primero, señala.

    Argumenta que el mercado de faena reconoce “diferencias” entre los “fenotipos raciales”. Si bien no se llevó a cabo ningún estudio específico para confirmar esta idea, esto “se infiere en forma muy indirecta a partir de lo que sucede con el ganado de reposición, donde las razas británicas reciben mejores precios, a igualdad de otras condiciones”.

    No obstante, en esta apreciación también “influyen características propias” de cada una de las razas, como la “eficiencia en el crecimiento y engorde”, reconocen los técnicos de ese organismo, Bruno Lanfranco, Enrique Fernández, Bruno Ferraro y Juan Manuel Soares de Lima, en el trabajo titulado Ganadería extensiva en Uruguay: economía y adopción de tecnología.

    Respecto al sexo y la edad de faena, indican que, si bien “hay diferencias de acuerdo con requisitos específicos de algunos mercados, no son una condición diferencial en sí misma, para el tipo de productos” de la industria cárnica.

    En el sexo de los animales hay un “pequeño diferencial de precio en favor del novillo gordo frente a la vaca gorda, pero ambos guardan históricamente una muy alta correlación”, consideran.

    Para “muchos” de los mercados, según el INIA, es “indistinto satisfacer la demanda” con hembras o con machos, y “lo más relevante es el peso de faena, ya que para muchos de los destinos se requiere un peso mínimo” de canal.

    A la hora de reponer

    El mercado de reposición es “diferenciado”. En su formación de precios en el corto plazo intervienen distintos factores, como las “condiciones de oferta” y “demanda inmediata”, las “características y atributos” del ganado, las “estrategias de comercialización” según el canal utilizado y la “procedencia” de los animales.

    INIA menciona entre las características que componen un determinado lote en venta, que el peso vivo, sexo, raza predominante y presencia de determinadas cruzas, uniformidad de tamaño y conformación, así como la clase y el estado del ganado, como las de “mayor relevancia” para el comprador. “Cuando el ganado es vendido a través de mercados organizados, el orden de venta y el tamaño son estrategias que se reflejan en los precios”, sostiene.

    Acota que las “diferencias de precio debido a la procedencia de los animales” se deben a dos cuestiones: la primera se relaciona con características del lugar de procedencia (zona libre o no de garrapata, conocimiento de malezas tóxicas como mío-mío), y la segunda se refiere a las condiciones agroecológicas permanentes o dinámicas.

    Las diferencias de “carácter permanente” se derivan del tipo de suelos, incluyendo su productividad y capacidad de almacenamiento de agua, indica.

    Se suma la variación climática estacional promedio de cada región agroecológica, que actúan sobre oferta y demanda de ganado en el corto plazo.

    Limitante

    En otro capítulo se señala que los sistemas de investigación, transferencia y extensión fueron criticados por lo que se considera un “nivel insuficiente” de adopción en la ganadería uruguaya. Y que los productores ganaderos han sido “estigmatizados” por una supuesta “falta de interés” en aumentar la producción, consideran.

    Y puntualizan que “para algunos actores del sector la tecnología no constituía un factor limitante” en Uruguay para lograr el aumento de la productividad, “pero sí su aplicación”.

    “La posible carencia de paquetes tecnológicos estandarizados, de aplicación sencilla y validados en situaciones comerciales, podría ser un factor relevante, que ayudaría a explicar en alguna medida su escaso uso”, plantean.

    Los investigadores sugieren que la “secuencia investigación-difusión-adopción” es un proceso que involucra tiempo. “Tras una lenta adopción inicial viene un período de aceleración hasta llegar a un nivel máximo, que rara vez alcanza al 100% de los potenciales adoptantes”, valoran.

    Para INIA, la tecnología es una herramienta cuya justificación va en función del “beneficio esperado”, por lo que una “baja adopción no demuestra, por sí misma, su inexistencia ni su inadecuada difusión”.

    Sostienen que la evidencia reveló tres elementos “importantes”. El primero es que no existe tecnología de “costo cero”, el ingreso adicional debe cubrir el costo total de producción, incluyendo el costo de oportunidad monetario y no monetario.

    El segundo es que hay un “orden de prelación” que implica ir levantando, en forma paulatina, las restricciones de menor costo-beneficio, lo cual involucra tiempo. Y el tercer elemento fue “constatar que, de no conocerse previamente el estado del arte de la tecnología, al menos en sus aspectos más generales, no hubiera sido posible la velocidad de adopción, inversión y dinámica de crecimiento que siguió a la ruptura del estancamiento”.

    Las finanzas porteras adentro

    Con el objetivo de analizar “cómo hacen los ganaderos uruguayos para mantener y eventualmente incrementar su capacidad productiva”, los investigadores del INIA elaboraron estudios para evaluar la capacidad financiera de sistemas ganaderos con distinta orientación productiva y tecnología de partida, bajo condiciones reales de mercado.

    El efecto potencial de las características socioeconómicas de quien toma las decisiones económicas y productivas en la empresa ganadera, tanto si se trata de una persona física individual o de alguna modalidad pluripersonal, fue considerado en un estudio específico.

    “La mayoría de las empresas agropecuarias en Uruguay son de propiedad familiar”, señalan. Y consideran que, “dependiendo de su grado de complejidad (tamaño, escala de producción), la familia propietaria de la empresa se ve más o menos involucrada en la dirección o gerencia, pudiendo a su vez aportar parte o aún todo el trabajo requerido para su operación”.

    “Cuanto más sencilla es la estructura de la unidad de producción, mayor tiende a ser la superposición de actividades y presupuestos, y más difuso o impreciso se hace el límite entre la empresa y la familia”, sostienen.

    De esta manera, afirman que “los objetivos empresariales confluyen y se confunden con los objetivos del individuo propietario y su familia”.

    La necesidad de considerar la producción ganadera como una actividad económica empresarial llevó a evaluar el uso de tecnologías de información y gestión contable y estados financieros, indican.

    Analizan que las empresas de “mayor envergadura”, tributantes de Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas (IRAE), están obligadas por ley a llevar contabilidad ficta o real, lo que les impone, según el caso, determinados niveles de registración de información productiva y económica. Sin embargo, “muchas de estas no sacan todo el rédito que esa información puede proporcionar para la gestión”, advierten.

    Para los técnicos, “la incorporación de tecnologías de gestión empresarial y manejo del riesgo en la actividad ganadera a través de sistemas de información contable sigue siendo un tema que requiere de mayor investigación”.