Aunque, a los intereses de los agricultores uruguayos, las decisiones del presidente de Estados Unidos no siempre han sido negativas.
Desde la llegada de Donald Trump al Despacho Oval, el régimen de un comercio internacional basado en reglas dejó de existir y pasamos a un sistema más caótico, basado en una agenda que mezcla relaciones personales, razones económicas y estratégicas
Aunque, a los intereses de los agricultores uruguayos, las decisiones del presidente de Estados Unidos no siempre han sido negativas.
Accedé a artículos gratuitos y newsletters de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde que comenzó su nuevo mandato, Trump dice sostener una relación muy amistosa con su homólogo chino, Xi Jinping. Las relaciones entre las dos superpotencias distan de ser buenas, aunque han mejorado luego de un período tormentoso de intercambios de aranceles y restricciones recíprocas que al menos se han atemperado en las últimas semanas.
La visita del presidente chino a Estados Unidos no tuvo grandes novedades comerciales, se trató de sostener el statu quo donde ambos tratan de no afectar más las relaciones comerciales, al tiempo que buscan mantener su supremacía.
Estos precios de los granos son hijos de la acción de Trump, que sigue convenciendo al mercado de una demanda china, que esta se resiste a confirmar por un lado (en el caso de la soja), sumado al impulso de los biocombustibles en Estados Unidos y a la guerra en Irán.
Pero Trump también deja hacer a otros autócratas con los que, según él, se lleva bien, como es el caso del presidente ruso, Vladímir Putin, a quien no le impone muchas restricciones para seguir bombardeando lo que estime necesario para subyugar a Ucrania a la sumisión.
Así, la falta de interés de Estados Unidos en lograr una reducción de las hostilidades en infraestructuras críticas, tanto en el comercio de granos como en la energía, colabora en sostener los precios altos de las materias primas agropecuarias, especialmente el trigo y el maíz.
Trump y sus políticas económicas también agitan el fantasma de la inflación. Más allá de que sostiene que es un impacto transitorio y de corto plazo, causado por la suba de precios de la energía, tanto la trayectoria de la inflación como el costo de financiarse en Estados Unidos empiezan a preocupar, por más que los fundamentos económicos de la principal economía del mundo parezcan muy sólidos.
Y la especulación financiera que se subió a los titulares optimistas de Trump, en cuanto a más compras chinas de materias primas agrícolas estadounidenses, empieza a dudar de la consistencia de esas declaraciones y se ve a las puertas de una cosecha muy grande de maíz y soja, a lo que hay que sumar la ausencia de problemas climáticos graves por el Niño.
El ajuste de los precios agrícolas no solo es necesario, sino también saludable. Cuando los mercados operan lejos de sus fundamentos, las variaciones de precios hacen que sea difícil congeniar las expectativas de los actores con la realidad del mercado.
Este escenario de precios muy estirados por titulares comerciales que no se concretan y tensiones geopolíticas suelen ser muy desafiantes para gestionar los precios. Uno siempre tiene la sensación de que corre detrás de los acontecimientos y se genera un temor genuino a entrar en el momento errado en el mercado, porque hacerlo implica exponerse a usar recursos financieros limitados en gestionar sus posiciones y, por otro, en no poder captar los mejores precios.
Si algo sabemos los que llevamos años en esto es que, más tarde o más temprano, los fundamentos de la oferta y la demanda terminan reinando en los precios. Solo hace falta un titular para que los que ayer vendían escasez hoy vendan abundancia, y los precios cambian tan rápido que no nos da el tiempo a reaccionar.
La agricultura uruguaya parece enfrentar una campaña de invierno que va a terminar con muy buenos precios y, por ahora, sin grandes problemas productivos.
Mientras se arma la campaña de verano, con un optimismo generalizado con las perspectivas de futuro de los agronegocios, los mayores temores están en qué pueda pasar con el clima más que con los precios.
El productor tiene herramientas para asegurar los precios de su soja, su canola y su cebada a niveles muy buenos en comparación con el promedio histórico y respecto al año anterior. No usarlas, porque se cree que la dinámica de precios cambió y no volverá a nada cercano a lo que vimos el año pasado, puede ser un error caro. Es de los años en los que equivocarse asegurando un precio decente es menos malo que no hacer nada.
Así pues, aparte de hacer todos los deberes en materia productiva, este año dedicar tiempo, recursos y esfuerzo a una estrategia comercial es más urgente que en otros años para no dejar pasar un buen resultado.