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La citricultura uruguaya dio un paso relevante la semana pasada, al presentar los resultados de la primera medición de huella ambiental del sector citrícola, que arrojó resultados “optimistas”. El estudio fue una iniciativa de Upefruy –institución que nuclea entre 85% y 90% de los cítricos que exporta Uruguay– y contó con la financiación del Fondo de Promoción de Tecnología Agropecuaria (FPTA), del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).
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El proyecto fue liderado por la ingeniera en alimentos María Inés Cabot. Durante el trabajo se analizaron 376 cuadros de producción de naranjas, mandarinas y limones de seis empresas del norte y del sur de Uruguay, pertenecientes a Upefruy. Con el apoyo del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Facultad de Agronomía (Universidad de la República) y la Universidad Politécnica de Valencia, se procesó la información relevada y se obtuvieron datos concretos.
En el caso de la huella de carbono, el sistema citrícola uruguayo presentó valores de 0,17 kilogramos (kg) de dióxido de carbono (CO2) equivalente por kg de fruta y 2.080,78 kg por hectárea, considerando únicamente la etapa de campo. Si se incluye también la etapa de packing, el valor total asciende a 172,08 kg CO2 eq·ton-1, de los cuales 165,65 kg CO2 eq·ton-1 corresponden al campo y únicamente 6,43 kg CO2 eq·ton-1 al packing.
“El valor que obtuvimos para la huella de carbono del sector citrícola es muy positivo. Coincide con el promedio reportado en estudios internacionales que reúnen múltiples casos productivos de distintos países, lo que refleja que nos encontramos en niveles comparables con los de otros sistemas citrícolas evaluados a escala global”, destacó Cabot.
Agregó que, “en algunos casos, incluso, los valores registrados en Uruguay resultan más bajos, según la especie considerada y el país con el que se compare. Es un buen punto de partida y todavía hay margen para seguir mejorando”.
Además, este estudio “marca un antes y un después para el sector”, porque es la primera vez que se mide la huella de carbono con un enfoque representativo del sistema citrícola a escala nacional, y con un nivel técnico comparable con el de otras cadenas agroalimentarias, señaló.
Puntos críticos. Entre los principales puntos críticos asociados a la huella ambiental que arrojó el estudio se encuentran los fertilizantes, tanto su producción, como las emisiones, debido a su aplicación y la utilización de maquinaria agrícola como el tractor.
“A partir de estos resultados, se planteó una serie de recomendaciones técnicas orientadas a mitigar estos impactos, incluyendo opciones tecnológicas actualmente en desarrollo y otras con potencial de adaptación al sector citrícola uruguayo”, indicó la investigadora.