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    “Soy un deportista que intenta ser mediático”

    A los 21 años y radicado en Costa Rica, el surfista uruguayo de tabla larga Julián Schweizer clasificó a los Panamericanos de Lima 2019

    Julián Schweizer es un surfista profesional uruguayo. De alemán solo tiene el origen del apellido y la disciplina para entrenar y exigirse día a día para ser mejor. Con 17 años, luego de competir en 2015 en el Mundial de la Asociación Internacional de Surf (ISA) les dijo a sus padres que se iba a perseguir su sueño, que quería dedicarse a correr olas. Así se fue sin terminar el liceo. Hoy, con 21 años, es uno de los surfistas con mayor proyección. Terminó octavo en el Mundial ISA Longboard 2018 entre 71 atletas de 22 países, compitió por primera vez en el World Longboarg Tour de la World Surf League (WSL), la principal liga a escala mundial, y terminó en el puesto 34 entre los mejores 32 surfistas de longboard del mundo.

    Schweizer, junto con otros surfistas que representaron a Uruguay en los Juegos Panamericanos de Surf en Punta Rocas, Perú, logró un lugar en los Panamericanos de Lima 2019, el segundo torneo multideportivo más grande del mundo. Y así sigue soñando para, como él sugiere en sus redes sociales, “ir por más... Ganas sobran”.

    Sobre por qué eligió usar tabla larga, cómo confluye su vida de deportista profesional con la de influencer, su rutina diaria, cómo es convivir con su principal auspiciante y otros temas Schweizer conversó con galería.

    En la historia del surf hubo varios estilos y diferentes tablas, pero desde los años 80, con el auge de las tablas cortas y la fibra de vidrio, se dejaron de usar las  largas. ¿Por qué dedicarse al longboard?

    Arranqué a surfear en shortboard a los 10 años. A los 14 comencé a intercalar ambas tablas, a veces con una, a veces con otra. En 2015 clasifiqué al Mundial de la ISA. Tuve que entrenar todo un mes con tabla larga para ese campeonato. Ahí vi a los grandes exponentes del longboard a escala mundial. Después de ese Mundial me enamoré del longboard. Ahora en todas mis sesiones del año surfeo en tabla larga.

    ¿Nunca montás tabla corta?

    No, nunca.

    ¿Va en contra de tu entrenamiento?

    No, en realidad se complementa. En longboard está la parte clásica y la performance. En la segunda se hacen los mismos movimientos. Técnicamente es lo mismo, con un poco más de peso y flotación. 

    Es común en las playas que se dé una riña entre surfistas de tabla corta y larga porque los segundos agarran la ola antes. ¿Es un estereotipo? ¿Alguna vez tuviste un inconveniente?

    Sí, y más cuando me ven joven entrando al agua. Para agarrar una ola, normalmente, con tres brazadas ya estoy en el lugar correcto. Así se diferencia un buen surfista de un mal surfista, en el posicionamiento en el agua. Si se presta atención, la gente que sabe surfear bien rema dos o tres veces y ya está en la ola. Depende en qué parte de la ola te ponés para agarrarla. Con el longboard puedo tomar la ola en el mismo lugar que la tabla corta o más adentro. 

    ¿Eso te generó algún problema?

    Problemas, no. Intento respetar. El funcionamiento en el agua es como en el tránsito: hay ciertas normas morales que se saben y hay que respetar. Si hay mucha gente, no se puede agarrar una ola atrás de otra, por más que se esté pasando por el lugar más cerca del pico. Hay que dejársela al que está esperando más tiempo.

    Hablando de prejuicios. Muchas veces se asocia al surf con las drogas. ¿Es cosa del pasado?

    Es otro de los estereotipos que intento romper. Muchas veces me dicen: “Vos, surfista, sos un vago, fumás porro todo el día y estás en la playa con las patas para arriba”. En realidad, depende de cómo te lo tomes. Es como los futbolistas: está el profesional que entrena y lo toma como un trabajo y el que se junta a jugar al fútbol cinco con amigos y lo vive como un hobby. En mi caso, es mi profesión. Entreno y pongo todas mis energías en eso. Obviamente, no consumo ningún tipo de droga que perjudique mi rendimiento. 

    ¿En qué parte de Costa Rica vivís?

    En Playa Hermosa, al lado de Jacó. En Costa Rica puedo surfear solo si quiero, capaz que no monto tan buenas olas, pero estoy solo. También puedo hacerlo con gente, pero casi no hay turnos para las olas.

    ¿Cómo es tu rutina diaria?

    El despertador suena a las seis de la mañana. Depende de la marea si me voy rápido al agua o si espero un poco a que baje. Entro a diferentes aplicaciones y páginas para ver los pronósticos en el Pacífico. Hago un par de horas en el agua en la mañana. Luego hago físico al mediodía. Depende del momento del año, pero cuando estoy en pretemporada, por ejemplo, las cargas de peso e intensidad suben un poco. Dos o tres días paso en el gimnasio. No es estrictamente fierros, aunque sí levanto peso y hago potencias; pero no es la clásica rutina de gimnasio playera. Trabajo mucha potencia con peso. Hay otros días que hago circuitos metabólicos, es lo que la gente llamaría “entrenamiento funcional”. Es decir, funcional al surf. Y tengo que hacer mucha pierna. Hombros y espalda los trabajo constantemente, pero para mí remar es como caminar. Hay gente que les quita importancia a los abdominales y las piernas, pero es lo que te da estabilidad y mejora. Es la parte que uno menos entrena. En una sesión de dos horas, paso una hora y cuarenta minutos remando y 15 minutos sentado en la tabla. Si sumás todos los tiempos, en total será un máximo de cuatro minutos parado en la tabla o menos. En un promedio de una hora en una beachbreak (playas de fondo de arena) estaré 10 parado.

    ¿Por qué elegiste Costa Rica por sobre otros países o destinos del surf?

    El primer año fui a Costa Rica por mi entrenador, que en ese momento era Diego Naranjo. Me fui a vivir con él. Luego fue fluyendo. No me proyectaba vivir en Costa Rica, pero surgió un muy buen sponsor que fue Energy Law Firm, un buffet de abogados en Costa Rica.

    Parece raro que un buffet de abogados patrocine a un surfista.

    Sí, es superraro, pero tuve suerte de estar en el momento y en el lugar justos; de encontrarme con Walter Brenes, que es el socio mayoritario del buffet. Hasta hoy en día me sigue apoyando y se transformó para mí en un hermano mayor. Vivo con él en su casa. 

    ¿Cómo diste con él?

    Fuimos a entrenar juntos con Diego Naranjo hace cuatro años. Walter ni surfeaba en ese entonces; pero según él, sí. Cuando se fue a tirar al agua, mi entrenador me dice: “Andá a ayudar a entrar a aquel”. Aquel era Walter. Le dije: “Vos, dale, nadá para adentro”. Ahí lo conocí. Por cosas de la vida se empezó a meter en el surf y a llevar campeonatos a Costa Rica. Comenzó a patrocinarme a mí y a otros jóvenes y niños de allá. Actualmente soy el único que “sponsorea”. 

    Por eso te quedaste, pero ¿por qué elegiste ir a entrenar a Costa Rica?

    Por mi entrenador. Y porque Playa Hermosa es uno de los lugares del mundo donde hay olas hasta el pecho todo el año. Es fondo de arena, pero está muy expuesto a cualquier dirección del oleaje. Habrá cuatro días en el año que las olas lleguen solo a la cintura. Se cuentan con los dedos de la mano. Ni que hablar que allá hace calor todo el año. Hay temporada seca y de lluvia. Cuando hay 18 grados es un día frío. 

    ¿Extrañás?

    Sí, claro. Y cada vez extraño un poco más. Sobre todo cuando estás enfermo o en situaciones que necesitás un poco más de apoyo. Cuando estoy metido en la máquina, entrenando, a veces me planteo dónde quiero estar. Sentado en el agua me doy cuenta de que es en Costa Rica. 

    ¿En La Paloma, donde te criaste, cuántos días al año podías surfear?

    En una semana normal, podía pasar tres días sin olas, otros tres surfeando con olas chicas y, tal vez, un día bueno.

    Y La Paloma es uno de los mejores lugares para surfear en Uruguay.

    Sí. 

    “Muchas veces me dicen: 'Vos, surfista, sos un vago, fumás porro todo el día y estás en la playa con las patas para arriba'. En realidad, depende de cómo te lo tomes. Es como los futbolistas: está el profesional que entrena y lo toma como un trabajo y el que se junta a jugar al fútbol cinco con amigos y lo vive como un hobby. En mi caso, es mi profesión. Entreno y pongo todas mis energías en eso. Obviamente, no consumo ningún tipo de droga que perjudique mi rendimiento”. 

    En el último Mundial de la ISA te metiste entre los ocho mejores surfistas de longboard en el mundo. 

    Sí, es increíble. Lo cuento así pero no puedo creerlo. 

    ¿No creés que el longboard tiene mejores posibilidades de éxito que la tabla corta?

    Sí, es más fácil ser el mejor del mundo. En la tabla corta hay más competencia para entrar en ese top 32, pero también hay más plata. Esa es una de las razones por las cuales hay más competencia que en tabla larga. El reto es similar.

    ¿Las tablas te las hacen a medida?

    Sí, me las hace Piccolo Clemente (Benoit Clemente) en Perú. Mi relación con Piccolo es extraña, porque hoy en día es mi competidor directo. Él es campeón mundial 2013 y 2015. Tiene 36 años pero está en el top 10 del mundo. Aprendo muchas cosas de él. En cierto sentido me está apadrinando. Incluso viajamos juntos a Taiwan. 

    ¿Durante las competencias es imposible ser desleal o hay maneras de embarrar la ola o robarla?

    Es por turnos y hay prioridades. La prioridad se instaló hace cuatro años para ayudar a que gane el mejor surfista, no el más agresivo o el que reme más. Siempre se puede molestar o intentar pasarle la presión al otro. Ahí entra la parte estratégica. Con la prioridad ocurre que si vos remás una ola, al demostrar intención por ir, ya perdés la prioridad. Va en cada uno entrar o no a la ola. Podés tomar todas las que quieras, pero cuentan las dos mejores olas. Y se puedo ganar tomando dos olas o diez. No va en la cantidad, sino en la calidad de las dos mejores.

    ¿Cuál es tu cábala antes de entrar al agua?

    No la digo.

    ¿Por qué no la decís?

    No sé, nunca la digo. No tiene nada de especial, es cábala.

    ¿Cómo convenciste a tus padres para que sin terminar el liceo te dejaran ir a perseguir tu sueño?

    Todo surgió luego del Mundial de la ISA en Perú en 2015. Llegué a casa muy motivado y con muchas ganas de mejorar. Mi nivel en ese momento era bajísimo. Si ahora considero que mejoré  (aunque aún estoy lejos de donde puedo llegar) en ese momento mi rendimiento era mucho menor al actual. El surf es superautodidacta en Uruguay, o lo era en ese momento, (cada vez se ven más entrenadores en la playa, por suerte). Supe que necesitaba conseguir un entrenador. Como en cualquier deporte, si querés mejorar, precisás alguien que te diga por dónde ir. Comencé a buscar y encontré a Diego Naranjo en Costa Rica. Fui tres semanas y volví motivado, con otra idea de lo que era el surfing, más asociado a un deporte de alto rendimiento y no a un hobby. En ese momento estaba en 4º de liceo y se lo planteé a mis padres: “Me quiero dedicar a esto. Me quiero ir a vivir a Costa Rica. Pasarme ocho meses entrenando todo el día”. Tenía 16 años. Al principio no me creyeron mucho, pero les insistí.

    ¿Y la parte económica?

    Le pregunté al entrenador si existía esta posibilidad. Cuando me dio el visto bueno le pedí que me dijera cuánto me cobraba por vivir con él y entrenar. A mis padres les hice las cuentas de cuánto gastaba en Uruguay y lo que me costaba vivir en Costa Rica. “¿Por qué no me puedo ir a vivir mi sueño?”, les dije. Mi madre fue bailarina de danza contemporánea y de joven se fue de la casa antes de terminar el liceo para perseguir su sueño. Corría con eso a mi favor. Así que primero convencí a mi madre y ella a mi padre. Me fui sin terminar el liceo con la condición de volver y concluirlo. Di las materias libres y lo terminé.

    ¿Te gustaría estudiar? 

    Sí me gustaría, pero no puedo cursar. Ese es mi problema. Arranqué a estudiar a distancia en una universidad de Buenos Aires pero no me gustó. Además, tenía que ir a dar los exámenes de manera presencial. Cuando vengo a Montevideo, lo que menos quiero hacer es tomarme un barco para rendir pruebas. No me terminó de convencer. Ahora fui a averiguar en un par de universidades de Montevideo y les planteé mi situación: “Soy un caso especial, necesito que me ayuden”. Las tres a las que fui me dijeron que era posible.

    ¿Universidades públicas o privadas?

    A privadas. Becas me daban todas. Pero si no podía hacer los cursos presencialmente no me dejaban cursar. “¿Cómo me vas a dar una beca por ser un deportista destacado que necesita entrenar todo el día y me obligás a que venga seis horas diarias?” Es imposible.

    ¿Qué carrera te gustaría estudiar?

    Comunicaciones.

    ¿Si querés ser un mejor surfista te tenés que ir de Uruguay?

    Sí. Te va a ayudar mucho si querés hacerlo profesionalmente. En Uruguay se puede lograr, pero es cuesta arriba. Implica viajar mucho más, más tiempo, y, por consiguiente, más sponsors y plata.

    Los futbolistas tienen la tele que les da difusión. ¿Cómo hacés para encontrar patrocinios o mostrarte?

    Hoy en día, soy mi propio representante. Tengo gente que me ayuda con prensa o a conseguir marcas, pero yo soy el que da la cara y se vende. Una de las razones por las que estoy tan interesado en estudiar es esa: para venderme mejor, entender qué es lo que quiere una empresa. Poco a poco lo estoy comprendiendo. Tengo claro que en Uruguay, si no sos conocido, por más bueno que seas, no vas a poder vivir de un deporte menor. Así que intento ser lo más mediático posible.

    ¿Intentás ser un buen deportista y a la misma vez un influencer?

    Sí, es un combo. Muchas veces, las marcas se confunden. No soy un influencer, soy un deportista que intenta ser mediático.

    ¿Tuviste que hacer algo para alguna marca que hubieras preferido evitar?

    Sin duda. Hoy en día, intento seguir cierta filosofía y apegarme a ello. Por suerte, lo puedo hacer porque obtengo buenos resultados y logré cierto apoyo económico que me respalda.

    ¿Qué filosofía seguís?

    Soy un deportista y necesito que me paguen. Me pasó de trabajar con marcas que te querían pagar con canje. Es como que a vos, periodista, te quieran pagar con canjes. Yo también necesito comer, viajar. Ahora, normalmente, no acepto canjes. Me puedo llegar a perder oportunidades, pero es la filosofía que elegí seguir.

    ¿Te perjudica o beneficia en algo vivir con tu sponsor?

    Me ayuda. Walter me mantiene motivado. Soy una persona que disfruta de la soledad. Hay personas que no pueden vivir sin compañía, pero yo no tengo ningún problema en levantarme solo, tomar unos mates en la playa y surfear. Pero en cierto punto necesitás hablar con alguien y está buena la convivencia. Obvio que hay roces en algunas cosas.

    ¿Cómo ves el surf en Uruguay?

    Viene creciendo mucho. En cuanto a nivel mundial, al tener tan pocas olas, sucede que en juniors tal vez no tengamos muy buenos. A medida que van creciendo, el nivel se empareja. En cuanto a la masificación del deporte, en los últimos cinco años se notó un gran cambio. 

    ¿Lo considerás un deporte de elite?

    Hoy en día, no. Capaz que hace 30 años sí. Hay mucha gente que no pertenece a la elite que vive cerca de la costa oceánica y lo practica. Tal vez hay que tener un poco de suerte, pero por sobre todo una tabla y vivir cerca de la playa. No todo el Uruguay lo puede tener, pero en Rocha y Maldonado está volviéndose popular.

    ¿Cómo definirías tu manera de surfear?

    No me considero alguien que surfea bien, ni talentoso.

    Pero seguro surfeaste en playas conocidas de California y Hawaii y llamaste la atención a varios.

    Sí, es cierto, pero me considero alguien con poco talento, pero con mucha disciplina, ganas y repetición. Mi estilo es de longboard performance, más radical que clásico. El caminar en la tabla es mi parte fuerte, pero no es mi estilo en el surfing