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    Alfonsina Maldonado

    Edad: 33 Ocupación: Amazona Señas particulares: Compitió en los Juegos Paralímpicos de Río 2016, le pidió patrocinio a la reina de España, se casó en La Toscana.

    A pocos meses de no poder participar en los Juegos Ecuestres Mundiales en Tryon (Estados Unidos) porque los fondos para transportar el caballo no llegaron a tiempo, ¿cuál es su estado de situación actual? Perdí absolutamente todo. Había ido a México a dar una charla y a acompañar a mi marido por trabajo y volvía para entrenar, pero me dijeron básicamente: quedate ahí. Me llegaron comentarios de que yo insistía prepotente con que quería ir al Mundial, pero es mi carrera. Hay patrocinadores de por medio, hay una inversión muy grande de tres caballos, es una falta de respeto. Yo pedí ayuda, que no me dejaran sola, y eso te duele, porque te dejan ahí y vos tenés que entrenar y bancarte la presión del patrocinador, que es lo más difícil. Es una situación muy triste porque me quedé sin nada, ni con mi montura. Es muy fácil decir que yo me enojé. Me hace acordar a cuando me fui con 21 años a Europa, que no tenía nada. Estoy en la misma situación, perdí todo mi equipo. En ese entonces tenía mucha fe porque siempre encontraba personas maravillosas que me ayudaban en el camino, y tengo esa misma fe de que las voy a volver a encontrar, porque ahora es otra trayectoria, otra experiencia, y hay otra madurez. 

    ¿Cómo es su conexión con el caballo? Los caballos fueron mis primeros amigos, me aceptaron tal como soy, de ahí que mi amor hacia ellos es cada vez más grande. Siempre le digo a mi marido Gonzalo y a mis amigos que cada vez que me tengo que despedir de uno de mis campeones, se me rompe el corazón. Ellos hicieron que yo saliera de un hospital, que saliera de un coma y en los momentos más difíciles me dieron alegría. Si bien en mi mano tengo dolor crónico, y cuando me entreno es cuando más dolor tengo, ese dolor pasa a ser secundario porque mi felicidad de estar encima de uno de ellos es más grande. Es una manera de sanarse.

    ¿Su marido la acompaña en cada aventura, en cada mudanza? Yo le digo que es muy valiente. Él es de Buenos Aires y a los tres meses dejó todo y se fue conmigo a Italia. No es fácil salir del área de confort, adaptarte, tenés que jugártela. Nos casamos hace cuatro meses. Gonza me acompañó a Italia porque él quería hacer un documental del día a día de un atleta paralímpico, y ahí me dijo: ‘¿Vamos a casarnos?’. Como vivíamos en un pueblo de la Toscana donde nadie se casa, fuimos un martes y el jueves nos casamos. Solo estaban los testigos y la psicóloga. Una de las chicas que montaban conmigo nos hizo las fotos, el vestido lo compramos en una tienda de cosas chinas y el ramo lo armó la psicóloga con las flores del jardín. 

    ¿Se ve con hijos? Sí. Y siempre le digo a Gonzalo que cuando quede embarazada voy a montar hasta los siete meses. Él me dice “no”, y yo le digo “sí”.

    ¿Hay algo que le de miedo hoy? Estando en pareja, no llegar a hacerlo feliz de la manera que él se merece, y a mi familia también.     

    ¿Siente que el accidente le dejó alguna huella psicológica, algo que todavía le pese? Me dejó muchas marcas en el cuerpo. Pero más que huellas me dejó aprendizaje. Cuando uno se queja tiene que ser por algo realmente importante, porque cuando uno quiere, puede. El esfuerzo es la voluntad para hacer todo. Cuando me hicieron el injerto cruzado con siete años, que me bloquearon los dos brazos en el estómago para regeneración de tejido, yo aprendí a comer con los pies.

    ¿Es cierto que llegó a pedirle apoyo al Papa? Sí, estaba en Portugal. Un día fui y le dije a mi entrenador: ‘Hoy voy a llamar al Papa’. Con un amigo que era mi cómplice, Gustavo, buscamos el número del Vaticano, llamamos y nos atendió un italiano que enseguida nos pasó con alguien que hablaba español. Le digo: “Te habla Alfonsina Maldonado y quiero hablar con el Papa”. El tipo me dice: “Sí, como todo el mundo”. “Pero no sé si todo el mundo tiene una causa como esta”, le dije yo. “Quiero que el Papa en unas de sus misas hable de la discapacidad, que el mundo le empiece a prestar más atención al deporte paralímpico y que haya más apoyo”. El tipo me decía que estaba muy bien lo que yo quería hacer, y me propuso que lo solicitara por escrito. Ese día llamé también a la reina de España, llegué al secretario personal de ella, y también al presidente del Barça. Con él llegué a reunirme. Me dijo: “¿Cómo se te ocurrió llamarme?”. “Si llamé al Papa, ¿no te voy a llamar a vos?”. 

    ¿Ha obtenido frutos de la perseverancia? Sí. La Fundación Barça trabaja con escuelas ocurrentes, que es un proyecto del Papa que está en 75 países y se dedica a educar a través del deporte. Llegué a reunirme con el director de escuelas ocurrentes en Buenos Aires. Soy muy perseverante, puedo tener obstáculos en el camino pero no me desvío. Dicen que cuando estás por llegar a la meta puede suceder que te encuentres cansado, y es verdad, pero he hecho de todo por cumplir mi sueño y eso no me lo quita nadie.

    Cada 1º de enero cumple con la promesa de hacer algo diferente y salvaje. ¿Cómo son esos rituales? Lo hice por primera vez cuando empecé mi campaña para Londres 2012. Salía a correr por el bosque todos los días y me propuse empezar el año haciéndolo, pero en pelotas. El 1º de enero en Europa hace un frío que te morís, pero lo hice, y como me había prometido que lo iba a hacer desnuda, no podía usar zapatos y me pinché toda. Otro año en Portugal estaba en un cerro con nieve, de donde caía el agua del hielo cuando se derrite en un pozo que era totalmente transparente, entre piedras. El ritual es hacer algo que te dé adrenalina y te haga sentir vivo. Es desnudarte contigo mismo, es “fuera los complejos”. Una persona que se desnuda y se baña en cualquier lado se enfrenta consigo misma y cada día se convierte en alguien más seguro y más libre.

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