El actor y director cuestionó el sistema de Socio Espectacular y provocó una fuerte polémica en el mundo teatral que involucró al Teatro El Galpón y a SUA. Fue censurado.
El actor y director cuestionó el sistema de Socio Espectacular y provocó una fuerte polémica en el mundo teatral que involucró al Teatro El Galpón y a SUA. Fue censurado.
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Me pide la revista que reviva en unas líneas una de las controversias que agitó el ambiente cultural del país en este año: el conflicto entre mi colega y amigo, el actor, director y dramaturgo Franklin Rodríguez, primero con la institución teatral El Galpón y luego con las dos organizaciones que nuclean a los teatristas: la Federación Uruguaya de Teatros Independientes (FUTI) y la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA).
La mecha fue encendida por un reportaje a Franklin que publica el semanario Voces, donde mi amigo, con el desparpajo y la incorrección política que lo caracteriza, se refiere a temas controvertidos como la promoción Socio Espectacular, el apoyo del Estado a la cultura y las condiciones histriónicas del expresidente Mujica. Primero fue El Galpón que literalmente prohibió el ingreso de Franklin a sus instalaciones. Después un comunicado bastante terrible de la FUTI, donde se enunciaba explícitamente una especie de vendetta de la Cosa Nostra: “Hay que aguantar en el lomo lo que se dice con la boca”. Y por último una aún más sorprendente resolución de SUA, consistente en sancionar a su socio por haber emitido opiniones supuestamente inconvenientes, con el agregado de que los demás afiliados debíamos “informar al sindicato” en caso de que tuviéramos proyectos profesionales en curso con la oveja descarriada.
La verdad es que lamento profundamente haber enviado a SUA mi renuncia indeclinable, en un arranque de ira, en el mismo momento en que leí esa resolución en la prensa de la mañana. Eso me impidió asistir a una asamblea donde el macartismo ganó por aplaste, pero donde una colega tan querida como Gabriela Iribarren defendió hasta el final el derecho a la libertad.
Tengo la convicción absoluta de que el odio a Franklin no proviene tanto de sus opiniones contra Socio Espectacular (no es el único que discrepa con esa promoción) sino fundamentalmente de haber explicitado ser un frenteamplista arrepentido, algo imperdonable para algunos, en el umbral de una campaña electoral que pueden llegar a perder.
Está bien: que se queden con su FUTI y su SUA, como clubes de amigos de un gobierno prebendario. Pero ojalá los teatristas, en lugar de dedicarnos a carnear a un colega por el delito de expresar sus ideas, sumáramos nuestro esfuerzo tras el único objetivo de fortalecer la mejor cultura, en este pobre país del porrito, el reguetón y las narcobandas.
* Dramaturgo y director teatral.