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Bambú, la planta de las mil oportunidades que toma impulso en el camino de la sustentabilidad

Emprendedores locales exploran las posibilidades que ofrece el bambú, material noble y sustentable del que se pueden generar múltiples y diversos proyectos

En noviembre de 2012, unas 600 casas de bambú resistieron en medio de los escombros a uno de los terremotos más destructivos en la historia reciente de Guatemala. Cuatro años después, en Ecuador, un sismo de magnitud 7,8 costó la vida de cientos de personas; no se registró, sin embargo, muerte alguna en las 15.000 casas construidas en bambú que se vieron afectadas.

El mismo fenómeno se ha observado en Costa Rica, Colombia y El Salvador, donde el bambú es un material comúnmente utilizado para la construcción de viviendas, sobre todo entre poblaciones de bajos recursos. Por su estructura flexible y liviana y por su bajo costo, este material ha demostrado ser una buena opción para construir viviendas en regiones propensas a desastres naturales.

Pero esta es apenas una de las tantas posibilidades que ofrece el bambú. Conocida como “la planta de los mil usos”, el bambú es proveedor de materia prima para elaborar cosméticos, medicina, alimentos, bebidas, papel, prendas de vestir, muebles; es material de construcción y puede ser un gran sustituto del plástico y la madera, además de oficiar en ganadería como barrera de viento y abrigo para el ganado, por mencionar solo algunas de sus tantísimas utilidades.

Otro capítulo amerita el impacto positivo que esta planta, cuando crece saludablemente, tiene en el medio ambiente: los estudiosos destacan su alta capacidad para absorber dióxido de carbono y liberar oxígeno a la atmósfera, que es unas cuatro veces mayor a la de los árboles, por lo que también es promovida como una aliada para mitigar los efectos del cambio climático. Su rápido crecimiento previene la erosión de los suelos, y su capacidad para almacenar agua permite que se retenga en invierno y se libere en verano para regular las necesidades de la tierra.

Ahora, si son tantos sus usos y beneficios ¿por qué no hay bambú por todas partes?

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La altura del bambú, dependiendo de la especie –de las que hay más de 1.500–, puede ser de hasta 40 metros.

La altura del bambú, dependiendo de la especie –de las que hay más de 1.500–, puede ser de hasta 40 metros.

Si bien es originario de Asia, África y Sudamérica, China es el único país que cuenta con una gran economía en torno al bambú, desde donde se importan la mayoría de los productos que generalmente se encuentran en el mercado, como cepillos de dientes, utensilios de cocina, botellas térmicas y hasta parlantes, entre muchos otros.

En América la realidad es otra, explica Analaura Antúnez, fundadora junto a Lucía Kröger de Planeta Bambú (planetabambu.com), un emprendimiento de educación y difusión, y creador de experiencias en torno a esta planta. “Al haber sido colonizados, se perdió el conocimiento sobre el bambú. No es que sea nuevo acá, es que los chinos no se desconectaron del bambú y lo siguieron trabajando”. En los países dominados por imperios extranjeros las cañas (que son una especie de bambú) se fueron reemplazando por casas de cemento y otros materiales nada sustentables, explica la emprendedora, una de las referentes del bambú en Uruguay, y parte de una comunidad de impulsores que intentan rescatar las técnicas y el conocimiento ancestral olvidado en esta parte del planeta.

Los mil usos del bambú

Antúnez podría pasar horas hablando sobre el bambú. “Es infinito”, dice. Diseñadora industrial, trabajaba dando clases cuando en 2011 le surgió una beca para ir a China por dos meses a estudiar esta planta que, por entonces, no le despertaba ninguna emoción en particular. En el país asiático tomó clases teóricas y recorrió tanto plantaciones de bambú como sus fábricas e industrias textiles, madereras y alimenticias. “Obviamente de noche llegábamos a comer bambú”, recuerda. Fueron dos meses que le movieron todas las estanterías, por lo que volvió a Uruguay dispuesta a trasladar su experiencia a la realidad local. Viajó por diferentes partes de Sudamérica y América Central para seguir formándose y explorando las posibilidades de aprovechamiento del bambú que podría hacerse en Uruguay, que —descubrió también— cuenta con la famosa caña tacuara como una de sus especies más abundantes.

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Analaura Antúnez y Lucía Kröger son las fundadoras de Planeta Bambú, un emprendimiento de educación y difusión, además de creador de diferentes experiencias en torno a esta planta.

Analaura Antúnez y Lucía Kröger son las fundadoras de Planeta Bambú, un emprendimiento de educación y difusión, además de creador de diferentes experiencias en torno a esta planta.

El mundo del bambú parece infinito porque existen más de 1.500 especies, y cada una puede ser destinada a diferentes usos. En Uruguay son cinco las especies nativas, y existen muchas otras naturalizadas e introducidas. La más conocida de las nativas es la guadua chacoensis. Esta especie —que se encuentra, por ejemplo, en el Jardín Botánico de Montevideo— es usada como madera para la elaboración de muebles y artesanías, y en paisajismo a gran escala. Además, sus entrenudos (parte de la planta que se ubica en el medio de sus visibles “rayitas”) contienen agua pura. También puede ser utilizada para construcciones, aunque su manejo es algo complejo debido a que tiene espinas.

Pero la especie que más abunda en Uruguay no es nativa, sino naturalizada, como se les llama a aquellas que hace tanto tiempo están en el país que pasan por nativas aunque no lo sean. Se trata de la famosa caña tacuara, de nombre científico phyllostachys aurea. De esta planta se obtienen bebidas y sus brotes también son comestibles. Se utiliza como madera —ideal para pérgolas y estructuras livianas— y también en paisajismo, para canteros y cercos. “Esta especie es un valor a rescatar porque está bueno plantar especies nuevas, pero también rescatar lo que ya está”, comenta la fundadora de Planeta Bambú.

Por otro lado, las especies introducidas son aquellas que llevan poco tiempo en una región. De todas ellas, Antúnez destaca la oldhamii, de rápido crecimiento en Uruguay, comestible y bebible, y utilizada en muchas partes del mundo como material para construcción.

En Asia, el bambú es considerado un superalimento. Es alto en fibra, ayuda a fijar el calcio en los huesos, promueve la regeneración de los tejidos y cuenta con propiedades antioxidantes. Su alto contenido en potasio también contribuye al buen funcionamiento del sistema nervioso, al tiempo que regula la presión arterial.

Desarrollo en comunidad

Hoy, a través de Planeta Bambú, Antúnez y Kröger dan talleres de iniciación a la práctica con bambú (panda.uy), enfocados en la creatividad, el acercamiento y “aprovechamiento respetuoso” de la planta. También crean contenido didáctico mediante Historias bambuseras, una serie de cuentos educativos con actividades recreativas para toda la familia; realizan conciertos meditativos usando el bambú como instrumento para “conectar con la sutileza de la tacuara” y fundaron Aurora de las Sierras (sobre la ruta 39 entre San Carlos y Aiguá), la primera escuela de bambú en Uruguay, un parque en desarrollo, demostrativo y experimental con más de 15 especies de bambú sembradas. Además, crearon Tacuara Lab, área de investigación y desarrollo de oportunidades con bambú, y se encuentran también explorando el biocarbón (conocido también como carbón vegetal), investigado en el mundo por su potencial para secuestrar dióxido de carbono y mejorar y retener los nutrientes en el suelo.

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Planeta Bambú realiza conciertos meditativos usando el bambú como instrumento para

Planeta Bambú realiza conciertos meditativos usando el bambú como instrumento para "conectar con la sutileza" de la caña tacuara.

El objetivo de Planeta Bambú es “empoderar a las personas” a través de esta planta, educando acerca de sus tantas posibilidades. “Si hacés doble click en bambú, podés hacer un montón de cosas”, señala Antúnez. A través de la difusión y educación, Antúnez y Kröger buscan que el conocimiento se expanda y así se generen capacidades productivas locales para que se multipliquen los emprendimientos y el aprovechamiento de este recurso.

Mientras que en China el bambú lleva miles de años de desarrollo de una gran y sofisticada industria con la que se construyen hasta puentes y edificios, en Uruguay —si se compara con China— esta planta y sus tantos beneficios se están recién comenzando a explorar. Por una cuestión obvia de tiempos de desarrollo pero también de escala, Antúnez considera que Uruguay no debería copiar el modelo de China, sino encontrar uno propio. “Es poco a poco. Mi premisa cuando empecé fue: ¿qué puedo hacer que China no hace? Empecemos a educar, a trabajar el bambú y el diseño como valor agregado, a mejorar procesos productivos”, subraya.

Fabricar, por ejemplo, chupetes o cepillos de dientes de bambú en Uruguay como lo hace China implicaría comprar maquinaria, asumir costos y atravesar barreras legales que dificultarían alcanzar una ecuación de negocio positiva. “Me fui amigando con la idea de que esto es lo posible hoy; mejor importar cepillos de dientes de bambú que seguir importando plástico”, añade la emprendedora.

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En ese sentido, considera que Uruguay tiene una oportunidad en el desarrollo de servicios asociados al bambú. “Por lo que más nos llaman, incluso de otros países, es por bambú y creatividad”, explica, y agrega que mientras que otros países tienen una industria más desarrollada, no cuentan con suficientes especialistas enfocados en el pensamiento creativo en torno al bambú, por lo que se tiende a intentar replicar el modelo chino. “El potencial de Uruguay es diseñar y validar un modelo de negocios disruptivo de economía de desarrollo a escala humana, de crecimiento y expansión circular. Es bueno concentrarnos en la educación, en empoderar”, sostiene.

En vez de generar una mega industria, Uruguay podría trabajar en un manejo sustentable del bambú que genere valor a una cantidad de personas, asegura la especialista. “Lo nuevo pasa por crear una economía a escala humana. En vez de tener un señor haciendo mil bancos, tener diez personas haciendo diez bancos cada uno”.

En ese sentido, en Uruguay varios actores se encuentran colaborando con el desarrollo del bambú para integrarlo a su estrategia productiva. En enero de este año, a través de la Dirección General Forestal del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Uruguay presentó un proyecto de ley para adherirse a la Organización Internacional del Bambú y el Ratán (International Bamboo and Rattan Organization), que fue aprobado por la Cámara de Representantes en mayo y espera su próxima aprobación por parte del Senado. Argentina, Brasil y Chile ya están adheridos a esta red, que tiene el objetivo de desarrollar políticas y promover el uso del bambú como recurso sostenible en la región.

Mientras tanto, la Dirección General Forestal analiza las especies nativas y exóticas de esta planta en el país, un trabajo que realiza junto con la Dirección de la Granja (MGAP) y productores familiares. El técnico de la Dirección General Forestal, Andrés González, cuenta a Galería que la idea no es trabajar en grandes extensiones, ya que algunas especies se expanden rápidamente y se correría el riesgo de que afecten la biodiversidad de los bosques. En cambio, se trabajará en “pequeñas producciones” junto a productores para poder controlar su desarrollo. Según Antúnez, plantar miles de hectáreas impediría “hacer un manejo sostenible”, lo que a la vez repercute en la calidad del producto final que se genere.

En Uruguay, cuenta González, se está recurriendo al bambú sobre todo como sombra para el ganado, una opción ideal para lugares donde no es posible plantar árboles, además de ser “muy resistente a sequías”. También se extiende su uso ornamental, así como en pequeñas construcciones (techos y toldos) y en el diseño de muebles. “Es un mundo nuevo a explorar por todo lo que se puede hacer”, indica el especialista.

Para promover su uso, la Dirección General Forestal está analizando las especies nativas y exóticas de bambú en Uruguay, trabajo que realiza junto con la Dirección de la Granja (MGAP) y productores familiares. A corto plazo, se generará un mapa de distribución y una base de datos con todos los puntos donde se encuentran las diferentes especies de bambú en el país, para luego seleccionar las más prometedoras y hacer pruebas de cultivo en el Vivero Nacional Alejandro Gallinal (Toledo). En paralelo, se darán talleres a pequeños productores. “No empezamos de cero, porque nos encontramos emprendimientos privados (como Bambú del Este y Planeta Bambú) donde ya cultivan y tienen experiencia y conocimiento”, apunta el técnico del MGAP.

En cualquier caso, la intención es aprovechar este recurso en Uruguay pero de forma consciente. Según Antúnez, “es clave no solo el bambú per sé, sino cómo nos vinculamos con él”. De un buen vínculo podrían brotar tanto una infinidad de oportunidades para las personas como beneficios para el planeta.

Lencería sostenible

Tres amigas se fueron a vivir a Aiguá y pensaron en emprender algo juntas. Luego descubrieron el bambú y sus beneficios. Después se lanzaron a la investigación. Fue así como, tras años de ensayo y error, crearon Tramma Bambú, una marca de ropa interior hecha en Uruguay a base de fibra natural de bambú. Una de sus fundadoras, Matilde Seco, explicó a Galería que las prendas fueron creadas con el fin de mejorar la salud de la zona íntima de las mujeres y adolescentes, ya que están libres de sintéticos, cuyo uso excesivo deriva muchas veces en infecciones y desregulaciones.

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La marca importa de Asia el hilado de una variedad de bambú que se utiliza para textiles. Una vez en Uruguay, las telas se procesan y se confeccionan las prendas en un taller de Aiguá con mano de obra de unas cuatro o cinco mujeres, más una red de trabajo destinado al marketing, la administración y el diseño. “Trabajamos con mujeres que nos rodean para generar un proyecto productivo, para hacer crecer este espacio en este pequeño poblado que a veces tiene serios problemas en lo laboral, y valorizamos el trabajo textil de la confección de prendas, que es un trabajo devaluado”.

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Seco dice que, al igual que el proceso de una planta de bambú, luego de años de enraizamiento están en la etapa de “sacar los primeros brotes”. “Hemos tenido muy buenas experiencias con nuestra clientela local y algunos llamados del exterior; estamos generando más diversidad de modelos para abarcar diferentes necesidades. Queremos posicionarnos como una marca de lencería sostenible en Uruguay y en la región”, agrega.

En casa

Descubrir los beneficios del bambú no quiere decir que haya que salir corriendo a comprar una planta para el fondo de la casa. Una práctica recomendable, sostiene Antúnez, es pensar primero en el propósito, es decir, si se planea utilizar para carpintería o para obtener alimento de sus brotes, entre tantos otros posibles usos. También hay que tener en cuenta la superficie donde se piensa plantar a la hora de elegir la especie, ya que algunas plantas se expanden y crecen más que otras. En conclusión, lo más conveniente es siempre asesorarse con especialistas.

Por otro lado, también es posible recuperar plantas de bambú abandonadas. En ese caso “hay mucho camino avanzado”, ya que el bambú está enraizado y es solo cuestión de “darle aire” y retomar su mantenimiento.