El verano es una época en la que la piel está más expuesta a factores que pueden afectar su salud y apariencia, como el sol y los cambios de temperatura. Por eso, es clave conocer cómo protegerla y mantenerla luminosa.
La doctora Anellia Kutscher ofrece consejos prácticos para mantener la piel luminosa, hidratada y protegida durante todo el año
El verano es una época en la que la piel está más expuesta a factores que pueden afectar su salud y apariencia, como el sol y los cambios de temperatura. Por eso, es clave conocer cómo protegerla y mantenerla luminosa.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa doctora Anellia Kutscher, especialista en dermatología y cosmetología médica, explica tratamientos seguros para la temporada, desmitifica ideas sobre lo que se puede o no hacer en verano, y ofrece consejos sobre hábitos preventivos y cuidados diarios que fortalecen la piel.
¿Se pueden tratar patologías como acné, rosácea y melasma durante el verano?
Sí, se pueden tratar en verano. Hay tecnologías que no generan fotosensibilidad y permiten manejar brotes de acné, rosácea y melasma sin aumentar la sensibilidad al sol. Cuando estas patologías empeoran —y considerando también su impacto emocional— es importante tratarlas, aunque no se puedan usar los mismos equipos que en invierno. Por ejemplo, en melasma se pueden usar microagujas como Scarlet, que emite radiofrecuencia y ayuda a recambiar la piel sin dañarla, controlar la pigmentación y evitar que el paciente llegue peor al final del verano. Lo mismo ocurre con la rosácea: si un paciente no llegó a completarse el láser en invierno, se puede rotar a microagujas para seguir tratando el componente vascular. Aunque no existen estudios comparativos directos entre láser y microagujas, sí hay estudios en melasma que muestran mejores resultados cuando se combinan ambos tratamientos. En acné también hay opciones seguras todo el año, como el láser Erbium Glass, que controla los empujes, además de limpiezas y peelings suaves con sustancias antiinflamatorias.
¿Los tratamientos en verano implican algún cuidado especial?
Si elegimos bien el tratamiento y el paciente se cuida, las primeras 24 horas son iguales en invierno o en verano: se debe evitar el sol. A las 48 horas ya puede retomar su vida normal, incluso ir a la playa, porque los microcanales ya están cerrados y puede aplicarse protector solar sin problema.
¿Qué relación existe entre la exposición solar y el fotoenvejecimiento de la piel?
La relación entre exposición solar y daño es directa, acumulativa y exponencial. Existe un fotoenvejecimiento intrínseco, ligado a la genética, y otro extrínseco, que aumenta mucho en quienes trabajan o hacen deporte al aire libre, o se exponen en horarios inadecuados. En esos casos es más difícil mantener una piel sana y rejuvenecida. La radiación UV también está implicada en el desarrollo de cáncer de piel, y el cuidado más importante ocurre en la infancia, antes de los 18 años, cuando pueden generarse mutaciones que se arrastran toda la vida. Si alguien tuvo muchas quemaduras solares o tiene muchos nevos atípicos, debe controlarse anualmente.
¿Qué errores comunes cometen las personas al protegerse del sol?
Exponerse en horarios inadecuados y pensar que la sombrilla alcanza: si no tiene filtro UV no protege lo suficiente, y además la radiación se refleja en agua, arena, pasto o nieve. Lo ideal es evitar el sol entre las 10 y las 16 horas, y usar ropa con filtro UV (UPF), que es la mejor fotoprotección, especialmente en niños, junto con sombrero con filtro.
¿Qué consejos prácticos daría para mantener la piel saludable durante esta temporada?
Es fundamental una buena alimentación rica en antioxidantes —como vitamina C y vitamina A—, junto con una dieta equilibrada, poca azúcar y buena hidratación. También es importante usar cremas o lociones corporales con activos hidratantes, porque cuanto más sana e hidratada está la piel, mejor se defiende del daño ultravioleta.