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¿Funcionan realmente las aplicaciones para medir el sueño? Para qué sirven y qué promesas no pueden cumplir
Con tentadoras promesas, las aplicaciones para monitorear el sueño se volvieron populares hace varios años, pero su precisión tiene límites claros que conviene conocer
En estos tiempos, tener una buena calidad de sueño es visto casi como un lujo al que pocos acceden. Trastornos como la apnea, el insomnio o simplemente no descansar lo suficiente son el más natural de los males, mientras que la somnolencia diurna ya se considera en varias partes del mundo un problema de salud pública.
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En la medicina, ese momento de reposo absoluto se mide desde mediados del siglo pasado bajo un exhaustivo estudio llamado polisomnografía. Consiste en pasar una noche entera en una clínica conectado a electrodos en la cabeza, el pecho, la mandíbula, los brazos, las piernas y el abdomen en un ambiente silencioso de luz tenue, para que una red de cables registre información sobre cada fase del sueño.
Hoy, sin embargo, basta con apoyar el celular en la mesa de luz o usar un reloj inteligente para que una aplicación de celular prometa prácticamente lo mismo. Presentada como “la app número uno para dormir”, Sleep Cycle dice hacer un análisis detallado del sueño: usa el micrófono del teléfono para detectar ronquidos o sonambulismo, proporciona puntuaciones de calidad de sueño, gráficos para entender los patrones y desarrollar hábitos más saludables y hasta cuenta con un “despertador inteligente” que dispara la alarma en una ventana de tiempo durante el sueño ligero para evitar sensación de aturdimiento por interrupción del sueño profundo. Según la propia empresa, más de un millón de personas la utilizan cada noche, por lo que la aplicación acumula miles de millones de sesiones de sueño registradas a lo largo de sus 15 años de existencia.
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Otras aplicaciones populares para monitorear el sueño son AutoSleep, BetterSleep, Sleepzy o Sleep Town. Comparada con la idea de conectarse a electrodos y pasar la noche en una clínica a un costo significativamente alto, la promesa de estas herramientas que, además, sostienen estar basadas en estudios científicos resulta más que tentadora. Ahora, ¿qué tan beneficiosas son realmente?, ¿qué funciones cumplen y qué cosas son imposibles de medir con precisión mediante un celular o reloj inteligente?
Los beneficios reales
“Tanto las aplicaciones como los dispositivos que se usan para medir el descanso utilizan sensores que no son invasivos para la persona, lo cual es beneficioso”, apunta la psicóloga y especialista en sueño Elianne Silberman. A su manera y dependiendo del dispositivo, estos sensores miden movimiento, pulso, temperatura y frecuencia cardíaca. No obstante, las funciones de estas aplicaciones son bastante más limitadas de lo que prometen; el sueño, en estos casos, se decodifica mediante algoritmos, pero no existe una observación y análisis real del cerebro. Por lo pronto, entonces, no son comparables a un encefalograma o una polisomnografía, que es el estudio médico más completo del sueño.
No es que las aplicaciones de monitoreo sean un fraude o puro efecto placebo, sino que hay que saber darles el uso que les corresponde, que no es exactamente el de monitorear el sueño de forma precisa ni el de diagnosticar trastornos. “Son útiles para medir patrones, pero no para diagnósticos”, concluye la especialista. Lo que sí pueden lograr estos patrones es levantar sospechas. Por ejemplo, una aplicación de celular o un dispositivo en la muñeca no pueden decodificar ronquidos, pausas respiratorias o somnolencia diurna excesiva, pero pueden ser un primer indicador para derivar a un estudio clínico con un especialista idóneo. “Por eso, las apps brindan patrones sobre cuánto descansamos en la noche, pero no sobre cómo descansamos”, asegura Silberman.
“Las aplicaciones son útiles para medir patrones, pero no para diagnósticos”, concluye la especialista en sueño Elianne Silberman.
De estas aplicaciones Silberman destaca la importancia de tener información y establecer rutinas y pautas de higiene del sueño, que en cualquier caso es beneficioso. Por ejemplo,nos pueden llevar a registrar si efectivamente nos afecta tomar café o mate después de las 17 horas o hacer ejercicio en la noche. “La información es importante; observarnos, más allá de leer lo que dice la aplicación. Personas con tendencia a la ansiedad deben prestar atención a por qué no descansaron bien. Tal vez hicieron ejercicio muy tarde o tomaron más cafeína en un horario no recomendado. Para evaluar nuestra higiene de sueño y cómo se comporta nuestro descanso, estas herramientas son útiles, complementan y suman”, detalla la especialista.
Los riesgos potenciales
En la era de lo medible, de delegar a la tecnología para tomar decisiones, los comportamientos obsesivos están a la orden del día. En ese sentido, así como los que llevan un control estricto sobre cada cosa que comen y cuentan cada caloría sin realmente necesitarlo, también hay quienes buscan tener un control extremo de cómo y cuánto descansan a partir de la información que dan estas herramientas, que en cierto tipo de personalidades pueden disparar la ortosomnia, o sea, la obsesión con el descanso. “Hay que tener cuidado con caer en la obsesión por la información que brindan” y considerar los riesgos para determinadas personas. “Si eso aumenta la ansiedad o empeora el sueño porque está controlando permanentemente, entonces no recomendamos estas aplicaciones en ese tipo de paciente”, sostiene Silberman.
Celular en la cama
En el uso de aplicaciones para medir el sueño se esconde una contradicción. Muchas requieren tener el celular cerca —muy cerca—, mientras que una buena higiene del sueño recomienda alejarse del dispositivo y cualquier otra pantalla.
Otro aspecto riesgoso de estas aplicaciones es que pueden dar una falsa seguridad en el caso de que indiquen que la persona durmió bien, cuando la sensación corporal indica lo contrario. En esa línea, también pueden causar una desconexión del cuerpo: “Está bueno poder decir ‘me siento descansada’ o ‘no me siento tan descansada’ y no basarse únicamente en la herramienta, que puede desconectarnos de nuestras sensaciones reales”.
El uso de los datos personales es otro de los puntos a tener en cuenta, ya que se almacenan, analizan y comercializan. De ahí lo importante, dice Silberman, de revisar esa letra chica tan importante que muy pocos leen, como las políticas de privacidad, los modelos de suscripción y cómo se utilizan esos datos.
A tener en cuenta
En el uso de aplicaciones para medir el sueño se esconde una contradicción. Muchas requieren tener el celular cerca —muy cerca—, mientras que una buena higiene del sueño recomienda alejarse del dispositivo y cualquier otra pantalla —salvo un Kindle, que no emite luz azul— en los momentos previos a acostarse, sobre todo en personas ansiosas, ya que esa luz emitida por el teléfono o la televisión inhibe la melatonina y es capaz de retrasar, en promedio, hasta una hora y media la conciliación del sueño. “Cuando tenemos un anillo o reloj que mide, la idea es que todo quede cancelado para que no se prenda una luz permanentemente. Es importante ponerlo en modo descanso para que solo registre datos, pero que no interrumpa el sueño”.
Existe otro tipo de aplicaciones que en lugar de monitorear, ofrecen historias, música, respiraciones y meditación, es decir, herramientas útiles para conciliar el sueño. “Estas apps me parecen buenísimas y las recomiendo. Todo lo que ayuda a conectar con el mindfulness y el tiempo presente para evitar la rumiación es genial”, siempre y cuando el dispositivo quede inactivo durante la noche para evitar distractores, indica la psicóloga.
En resumen, las aplicaciones funcionan pero hasta cierto punto, y tampoco son para todos. “Están más recomendadas para personas sanas”, dice Silberman. En casos de trastorno o sospechas, lo que corresponde es hacer la consulta médica en lugar de condicionarse con gráficas poco precisas. Para quienes simplemente quieran observar, ser más conscientes y ordenados en sus hábitos y rutinas de sueño, una aplicación podría ser un buen comienzo.