Conoció a su esposo gracias al tango. ¿Cómo es la historia?
Edad: 54 Ocupación: directora y fundadora de Mind, centro especializado en Medicina Funcional y Estilo de Vida Señas particulares: cena a las 19, su casa está llena de bibliotecas y cuando se va de viaje paga sobrepeso por libros, fue profesora de aerobox y bailarina de flamenco
Conoció a su esposo gracias al tango. ¿Cómo es la historia?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáJuan es un amante empedernido del tango. A mí me gustaba bailar. En aquel momento bailaba flamenco. Pero arrancamos porque también en ese entonces daba clases de aerobox en el club que era de mi hermana, Sunset. Entonces, fui a dejar unos folletitos en el café (Café Misterio) y charla va, charla viene, surgió el tango. Me entusiasmé y le dije que también quería tomar clases de tango. Entonces, arrancamos juntos.
¿Qué alimentos están prohibidos en su casa?
Los procesados dulces, tipo alfajores, y procesados como panchos. Son más los que entran en la categoría 80-20, es decir, de vez en cuando, pero por lo general no hay, como puede ser la harina. Sí hay lácteos, pero tienen que ser buenos. No hay dulces que no sean hechos en casa, con chocolate bueno. No hay gaseosas, salvo algún fin de semana que mi hijo haga algo con amigos. Hay mucho vino tinto. No hay café exprés. Me fascina el café y de vez en cuando tomo un buen café.
¿Cómo se adaptaron sus hijos?
Con todos hubo una etapa en la que tuvimos un poquito de conflicto, obviamente. Porque cuando son chicos y los compañeritos empiezan a llevar al colegio chizitos, alfajores o sandwichitos, ellos se sienten diferentes. Lo que hicimos fue permitirles de vez en cuando alguna cosa, para que pudieran vincularse. Por ejemplo, cuando iban a cumpleaños, tenían carta libre. Pero ahora, los grandes, que ya se independizaron, son mucho más intensos con la comida que yo. Los dos se cocinan buenísimo, los dos son recontrasanos, y la novia de uno de ellos también. ¿Sabés lo que pasa? Cuando vos realmente vivís esto como un estilo de vida, con conocimiento de causa y lo vivís con felicidad, con disfrute, todos se permean.
Estudió Medicina Funcional en Londres, una ciudad que la enamoró. ¿Qué le apasionó?
En Londres me sentí en mi casa. Soy una gran amante de la belleza en todo, en las personas, en las plantas, en las telas, en los colores, en la naturaleza. Me transmite mucha armonía. Y Londres, en la parte central, es una ciudad que tiene una estética muy cuidada, tiene mucha armonía. Eso me da placer, me inspira. Tengo estudiado que biológica y neurológicamente, lo que tiene armonía te alinea. Pero también me gustó porque me fui con 19 años. Te podés imaginar que Londres era muy divertida y Montevideo, en aquella época, era muy aburrida. Buscaba lo heterogéneo y acá era todo muy homogéneo. Allá tenía amigos de todas las nacionalidades. Por aquel entonces, acá, te ennoviabas, terminabas la carrera y te casabas y yo no quería eso. Lo veía lejísimos. Eso también me enamoró.
¿Lo consideraría como un lugar para vivir?
No, fue una etapa, me costó mucho volver, pero hoy no me voy de acá, ni loca. Cuando crecés, te das cuenta de que no es solo el poder de los tuyos —y eso que tengo dos hijos viviendo afuera— es el poder de tu tierra. Hay algo fuertísimo. Con Juan tenemos una chacra, que la hicimos toda, plantamos cada árbol. Cuando estamos ahí es como que somos uno con la tierra. Es el momento de máxima felicidad. Caminar con él por nuestros olivos, nuestras plantas es impagable.
Fue en Londres donde adoptó su pasión por el té. ¿Cómo es su ritual?
Fue antes. En Londres lo agudicé. De chica acompañaba a mamá a visitar a mi abuela todos los viernes a las cinco. Ella era descendiente de ingleses y entonces venía el carrito del té. La ventana, el jardín, el ritual del té, ese momento con mamá y mi abuela… Entonces, te va quedando como esa cosa maternal. El té tiene mucho que ver con eso. El café es como expreso, tomo y sigo. El té es recoger, unificar contigo, es un momento más de encuentro.
¿A qué hora toma el té?
El que no me puede faltar es el de las cinco. Si me falta, quedo tecleando. Pero de mañana tomo varias veces. Té con hebras, por supuesto.
En la chacra producen aceite de oliva y usted participa de manera activa del proceso. ¿Qué etapa es la que más disfruta?
A mí lo que más me apasiona es la poda. Amo podar. Cuando los olivos eran chiquitos, yo me ocupaba incluso más que mi marido, pero a medida que fueron creciendo, dejé de tener un poco de injerencia porque tenés que tener fuerza. Ahora estoy copada porque Juan me regaló una tijera eléctrica. En la chacra, termino de desayunar, me pongo la campera, agarro la tijera y los guantes y me paso el día podando.
¿Qué la desestresa?
Me desestresa tener mi momento para el té. Me desestresa demorarme. Si me sacás apurada, ya estoy mal. Me desestresa estar sola un poco, necesito mis ratos de soledad. Me desestresa leer. Amo leer. También me desestresa la chacra, es mi lugar. Me desestresa podar. También el deporte. Hice gimnasia toda mi vida. Lo hago primero por la cabeza y luego por el cuerpo. Hace poquito empecé a tomar clases de tenis. Un poquito más hondo, medito bastante seguido.
En su casa escuchan música en discos de pasta. ¿Qué tipo de música le gusta?
A mí la música me apasiona entera, de punta a punta. Me gusta el jazz, el piano, la música clásica. Con mi marido, amamos la música brasilera. El bossa y todo lo de alrededor. El tango también nos fascina.