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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs lógico que la elección de Delgado haya levantado polvareda. En plena campaña electoral, las pasiones y los temores achican el espectro de interés de los militantes: se piensa solo en ganar. Pero, aun siendo eso humano, no deja de ser un error, en cuanto esconde lo trascendente atrás de lo urgente, de lo inmediato.
Por supuesto que ganar es importante. Hay que jugar para ganar. Ganar significa poder y sin poder se puede hacer poco. Pero poder y hacer no son la misma cosa y hacer lo que se debe, menos. Por tanto, antes de que la retomada de la campaña vuelva a ahogar el fondo del asunto a pura adrenalina, recordemos qué es lo que hay que hacer. Para qué son la campaña y la elección. Una vez que pongamos lo sustancial en el centro de nuestra atención, podremos analizar si pasa por la Sra. Valeria Ripoll o hace a cosas más de fondo.
Yo quiero ganarle al Frente Amplio porque no estoy de acuerdo con su visión sobre aspectos relevantes de la realidad de mi país y sobre cómo entienden cuáles son los intereses del Uruguay en esa realidad. Para mí, además, en el Frente, prevalece una visión equivocada del hombre y de la sociedad. Una visión marcada por cierta concepción de lo que hoy suele correr con el título de “derechos individuales”: reivindicaciones personales o grupales basadas en deseos de hacer lo que me parece que me conviene sin considerar el bien de los demás, ni la existencia de un marco general de libertad ordenada y de deberes, personales y sociales. “Individual” se traduce en egoísta.
Eso forma parte, en la concepción frentista, de una visión distorsionada sobre el sentido de la vida: para qué vivimos, qué valores y objetivos deben guiar nuestro desarrollo como seres humanos, parte de una comunidad. Una visión de la vida fuertemente economicista, muy enfocada en la igualdad y el bienestar materiales, fogoneada con frecuencia por la envidia y aun el odio, que ha sustituido el viejo dogma marxista de la lucha de clases por una variante más sofisticada, gramsciana, que lleva el concepto a todo lo que puede dar rédito por la vía del enfrentamiento y del relato negativo.
Esos y otros motivos de similar relevancia me llevan a querer ganar las próximas elecciones. Pero no basta con eso. No basta con tener claro qué no me gusta del Frente Amplio. Quiero también poder tener igualmente claro en qué creen los de mi lado. En concreto, por qué y para qué es que quieren ganar.
Volviendo a la Sra. Ripoll, puede resultar una efectiva arma de ataque al Frente. Es una consideración válida de estrategia política. Ahora, más allá de su posible efectividad, ¿cuál es el contenido? ¿Denunciar que el Frente gestiona mal (lo cual es evidente)? ¿Solo eso, que nosotros gestionaremos mejor nuestro “paisito de bienestar(cito)”? ¿O de lo que se trata es de denunciar los errores de fondo, de pensamiento y de valores que padece el Frente al tiempo de ratificar los nuestros: nuestra lucha por la libertad como base para el desarrollo del ser humano, por la sociedad como superior al Estado y por la soberanía como base de la convivencia nacional?
Dicho en otros términos, la Sra. Ripoll, ¿es un refuerzo del equipo para ganar el partido o para gobernar? No es ella quien debe en primera instancia responder esa pregunta.
Ignacio De Posadas