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    Eficacia de las mascarillas durante la pandemia

    Sr. director:

    El debate sobre las mascarillas durante la pandemia de covid-19 fue un punto de tensión en el que convergieron la evidencia científica, las limitaciones logísticas y la comunicación pública. Para extraer aprendizajes válidos de cara al futuro, es necesario analizar los factores que realmente determinaron su eficacia: el material, el ajuste, el entorno de uso y el tipo de evidencia que se priorizó en las recomendaciones oficiales. Las aparentes contradicciones entre autoridades científicas reflejaban, en realidad, un desacuerdo sobre cómo interpretar la evidencia disponible en tiempo real.

    La eficacia de una mascarilla se mide a partir de dos parámetros que suelen estar en tensión: su capacidad de filtración y la facilidad para respirar a través de ella.

    Las mascarillas de tela ofrecen una baja protección frente a aerosoles y, por lo general, presentan un mal ajuste al rostro, por lo que solo fueron una opción ante las limitaciones en la disponibilidad y el costo de las mascarillas quirúrgicas durante la pandemia.

    Por su parte, las mascarillas quirúrgicas —las más utilizadas en Uruguay durante la pandemia— están diseñadas principalmente para evitar que quien las usa contagie a otros, aunque también brindan cierta protección al usuario. Estas mascarillas, típicamente de color celeste, están compuestas por tres capas distintas de un material —generalmente polipropileno— con funciones específicas de repeler, filtrar y absorber. Para que funcionen correctamente, es fundamental cumplir con dos aspectos clave: ajustar bien el clip nasal situado en el borde superior y asegurar un buen sellado mediante los elásticos.1

    Las mascarillas N95 —FFP2 según la norma europea—, en cambio, están diseñadas para proteger al usuario, filtrando eficazmente el aire inhalado, especialmente si se logra un ajuste adecuado. Este dispositivo debiera reservarse para el personal asistencial con el entrenamiento necesario para su correcta utilización, por lo que no se recomienda su uso fuera de ámbitos seleccionados. Cabe señalar, además, que los modelos N95 con válvula protegen al usuario, pero no a su entorno. Fueron concebidos originalmente para trabajadores de la construcción y la minería, donde el riesgo principal es inhalar polvo, no contagiar a otros. Por lo tanto, como lección para futuras emergencias sanitarias, este modelo con válvula no debería utilizarse en contextos de salud pública.2

    Múltiples estudios posteriores a la pandemia demostraron que el ajuste es tan determinante como el material. Las campañas de salud pública deben, por tanto, enseñar técnicas de ajuste simplificado no solo al personal de salud, sino también a la población general. Si bien una alta adherencia a las mascarillas quirúrgicas confiere una protección significativamente mayor que una baja adherencia, cuando fueron usadas por personas sin entrenamiento la tasa de fracaso fue elevada, debido tanto al incumplimiento como a la tendencia de estas mascarillas a generar fugas. En consecuencia, el beneficio real para una persona no entrenada es muy variable.

    El distanciamiento físico y la circulación de aire cuentan con niveles de evidencia más sólidos y son mejor comprendidos y aplicados por el público. La ciencia de la transmisión de patógenos respiratorios respalda firmemente ambas medidas.3 El riesgo de transmisión en espacios abiertos es significativamente menor, por lo que el uso de mascarillas al aire libre sin aglomeraciones resulta innecesario; más aún, imponer esa medida generó fricciones que pudieron reducir el cumplimiento en entornos de mayor riesgo real. Dicho esto, aunque el concepto de “mantener distancia” parece simple, su implementación en espacios reducidos y el hábito de ventilar —abrir ventanas con regularidad— presentan desafíos prácticos que no deben subestimarse.4

    Las aparentes contradicciones entre autoridades sanitarias durante la crisis no reflejaban errores científicos, sino diferencias en la forma de interpretar la evidencia en un entorno de incertidumbre. El enfoque ortodoxo —la medicina basada en la evidencia— privilegia los ensayos controlados aleatorizados, pero olvida que sus resultados solo son válidos en el contexto exacto para el que fueron diseñados. La evidencia disponible no siempre fue sólida: muchos estudios eran previos a la pandemia y otros presentaban limitaciones en su diseño. En la práctica, esto dificultaba aislar cuánto del efecto correspondía a las mascarillas y cuánto a otras medidas aplicadas en paralelo, como el distanciamiento.5 De cara al futuro, resulta recomendable adoptar un enfoque pluralista: los ensayos clínicos deben complementarse con evidencia mecanicista —ciencia de materiales, dinámica de fluidos, estudios observacionales y casos reales— sin esperar el estudio perfecto, que rara vez llega a tiempo.

    En cualquier política de salud pública, y más aún en una crisis prolongada, la equidad y la sostenibilidad económica son tan importantes como la eficacia técnica. No basta con saber qué mascarilla funciona mejor en un laboratorio: hay que preguntarse qué intervención logra el mayor beneficio poblacional con los recursos disponibles, sin generar barreras que profundicen las desigualdades existentes.

    Estudios posteriores a la pandemia evaluaron la relación entre costo, eficacia y cumplimiento, con las siguientes conclusiones principales:

    • Las mascarillas quirúrgicas bien ajustadas ofrecen una protección muy cercana a la de las N95 cuando se combinan con técnicas simples de mejora del ajuste.6
    • El costo incremental de pasar de una mascarilla quirúrgica a una N95 es alto, mientras que el beneficio adicional en protección poblacional es modesto si el ajuste de las quirúrgicas es adecuado. La estrategia más eficiente consiste en reservar las N95 para trabajadores de alto riesgo y entornos específicos, y promover el uso de mascarillas quirúrgicas bien ajustadas para la comunidad general.
    • El factor más crítico no es el tipo de mascarilla, sino la constancia y la correcta colocación. Una N95 usada de forma intermitente o mal colocada puede ser menos efectiva que una quirúrgica bien ajustada y usada sistemáticamente en los espacios de riesgo.
    • Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades demostraron que las N95 pueden reutilizarse de forma segura mediante rotación (una cada 3 a 5 días) o métodos de desinfección en seco (horno a baja temperatura, luz UV-C), lo que reduce drásticamente el costo semanal.7
    • Invertir en ventilación, filtros HEPA en aulas y transporte público, y mantener el distanciamiento en lugares críticos reduce la carga sobre la protección individual y permite que mascarillas de menor costo sigan siendo efectivas.

    El Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) tiene una sólida base declarativa de universalidad, pero en la práctica la distribución gratuita de mascarillas fue excepcional y acotada. Las compras estatales se destinaron a los organismos del Estado; la población general —trabajadores, jubilados, cuidadores, usuarios que asistían a policlínicas o retiraban medicación— debió adquirir sus propias mascarillas en farmacias, supermercados o comercios informales.8 La distribución gratuita de mascarillas por parte del Estado se limitó, en la práctica, a su inclusión en las canastas del Plan Equidad destinadas a familias de menores ingresos, sin que se acompañara de una política universal.9 Tampoco se regularon los precios: en los momentos de mayor demanda, la especulación encareció aún más el acceso.

    La efectividad poblacional de las mascarillas depende tanto de la calidad del insumo como de la continuidad y universalidad de su uso. Cuando el acceso queda supeditado a la capacidad de pago, los grupos de menores ingresos —jubilados con haberes mínimos, trabajadores informales, hogares en zonas vulnerables— quedan expuestos a usar mascarillas de tela de baja calidad o a reutilizar quirúrgicas más allá de su vida útil. Se configuró así una paradoja: mientras las autoridades recomendaban usar mascarillas sin garantizar su acceso, la propia recomendación se convirtió en un factor de desigualdad. Quien podía costearlas se protegió mejor; quien no, asumió un riesgo mayor incluso cumpliendo con la indicación. La necesidad de comprar repetidamente un insumo —sobre todo en hogares numerosos— generó fatiga y abandono, en línea con lo que la evidencia en ciencias del comportamiento describe para los costos directos recurrentes en crisis prolongadas.10

    Que las mascarillas quirúrgicas no fueran consideradas una prestación cubierta por el sistema de salud —ni en el sector público ni en el mutual— refleja una definición restrictiva de lo que constituye atención sanitaria. Para el futuro, sería deseable que los planes de respuesta a emergencias sanitarias establezcan la obligación de los prestadores de proveer gratuitamente a sus afiliados los elementos de protección personal necesarios durante una crisis, al menos para los grupos de mayor riesgo.

    Dr. Homero Bagnulo

    Dr. Carlos Vivas

    1. Centers for Disease Control and Prevention (CDC). How to knot and tuck your mask to improve fit (PSA) [video en Internet]. YouTube; 2021 [citado 2026 Abr 6]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=OD-jy7M6tEc

    2. Yang W, Myers WR, Bergman M, et al. Evaluating source control efficacy against exhaled submicron particles: Total outward leakage of surgical masks and half facepiece respirators across a spectrum of particle sizes. Aerosol Sci Technol. 2025;59(4):487-98.

    3. Talic S, Shah S, Wild H, et al. Effectiveness of public health measures in reducing the incidence of covid-19, SARS-CoV-2 transmission, and covid-19 mortality: systematic review and meta-analysis. BMJ. 17 de noviembre de 2021;375:e068302.

    4. Wang C, Li H. Public Compliance Matters in Evidence-Based Public Health Policy: Evidence from Evaluating Social Distancing in the First Wave of COVID-19. Int J Environ Res Public Health. 29 de marzo de 2022;19(7):4033.

    5. Boulos L, Curran JA, Gallant A, et al. Effectiveness of face masks for reducing transmission of SARS-CoV-2: a rapid systematic review. Philos Trans A Math Phys Eng Sci. 9 de octubre de 2023;381(2257):20230133.

    6. Brooks JT, Beezhold DH, Noti JD, Coyle JP, Derk RC, Blachere FM, et al. Maximizing Fit for Cloth and Medical Procedure Masks to Improve Performance and Reduce SARS-CoV-2 Transmission and Exposure, 2021. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 19 de febrero de 2021;70(7):254-7.

    7. D’Alessandro MM, Krah Cichowicz J. Proper N95 Respirator Use for Respiratory Protection Preparedness [Internet]. NIOSH Science Blog. 15 de abril de 2020 [citado 2 de abril de 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/niosh/bulletin/2020/n95-preparedness.html

    8. Aldecoa J, Uval N, Demirdjian S. Cuidarse de la covid-19 sale caro: el Estado compra tapabocas al triple de su costo de importación. La Diaria [Internet]. 30 de junio de 2020 [citado 2 de abril de 2026]. Disponible en: https://ladiaria.com.uy/politica/articulo/2020/6/cuidarse-de-la-covid-19-sale-caro-el-estado-compra-tapabocas-al-triple-de-su-costo-de-importacion/

    9. Coronavirus: Uruguay deja la cuarentena en busca de equilibrar la salud y la economía [Internet]. Buenos Aires: Canal 26; 5 de mayo de 2020 [citado 2 de abril de 2026]. Disponible en: https://www.canal26.com/internacionales/2020/05/05/coronavirus-uruguay-deja-la-cuarentena-en-busca-de-equilibrar-la-salud-y-la-economia/

    10. Reicher S, Drury J. Pandemic fatigue? How adherence to covid-19 regulations has been misrepresented and why it matters. BMJ.18 de enero de 2021;372:n137.