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    De la directora de programas de ONU Mujeres

    Sr. director:

    Los cuidados sostienen la vida cotidiana de todas las personas, desde la primera infancia hasta la vejez, pasando por situaciones de discapacidad, enfermedad o dependencia temporal. Sin embargo, aunque son indispensables para el bienestar de las familias, el funcionamiento de la economía y la cohesión social, durante mucho tiempo fueron considerados una responsabilidad privada y no una cuestión de interés público. Reconocer los cuidados como un derecho y como una inversión estratégica implica comprender que de ellos dependen la igualdad de oportunidades, la autonomía de las personas y las posibilidades de desarrollo de una sociedad.

    Uruguay ha sido pionero en la región al reconocer esta realidad y avanzar en la construcción de un Sistema Nacional Integrado de Cuidados. Lo hizo a partir de una idea tan sencilla como transformadora: todas las personas tenemos derecho a recibir cuidados de calidad y también a cuidar sin que ello implique renunciar a nuestros propios derechos, oportunidades y proyectos de vida.

    Esa construcción se expresa en distintas políticas y servicios: centros de atención a la primera infancia, asistentes personales, licencias parentales, subsidios para cuidados, servicios comunitarios y programas específicamente dirigidos a quienes enfrentan mayores barreras para acceder a ellos.

    Pero en este 29 de octubre, Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, queremos detenernos en un programa menos conocido que muestra con especial claridad por qué invertir en cuidados puede producir transformaciones virtuosas.

    Se trata de las Becas de Inclusión Socioeducativa (BIS).

    Las BIS permiten que niños y niñas de 0 a 2 años, y excepcionalmente de 3, pertenecientes a familias en situación de especial vulnerabilidad, puedan acceder a servicios de educación y cuidados cuando en su territorio la oferta pública es inexistente, insuficiente o no responde a las necesidades de la familia. Las becas permiten el acceso a centros privados habilitados e incluyen modalidades de atención de cuatro, seis u ocho horas diarias.

    Detrás de esa definición técnica hay historias concretas.

    “Lo cuidaba mi suegra, pero es una mujer mayor y tenía miedo, me lo cuidaba para que yo no perdiera el trabajo”.

    “Estaba trabajando en un comercio familiar y me lo llevaba conmigo a trabajar”.“Yo no trabajaba antes, no podía trabajar por eso pude acceder a la beca, si yo no tenía la beca, tal vez se me complicaba para volver rápido al trabajo”.

    “Me otorgaron la beca, él empezó y yo a los cinco días ya estaba trabajando. Me ayudó un montón”.

    “Me permitió poder seguir trabajando y estudiando; si no, iba a tener que dejar de estudiar o dejar alguna hora porque soy docente y claro, no trabajo en un solo lugar: voy de una escuela a otra, tengo a veces un día en una escuela, a veces en otra y gracias a la beca, bueno, estoy segura de que mi hija está bien atendida, que tiene las comidas, que tiene su rutina también porque a veces eso es lo que nos chocaba, que no tenía como una rutina”.

    “Me dio más posibilidad de encontrar un trabajo en el que no tenga tanta restricción por el tema del cuidado del niño”.

    “En realidad sigo haciendo el mismo horario. Pero me ayudó en el sentido de no faltar, porque yo estaba faltando mucho por ese tema, porque no tenía quien me la cuidara o no tenía con quien dejarla. Entonces la beca me ayudó mucho en ese sentido. Ahí ya no perdía el día, no perdía presentismo, entonces podía hacer todo el horario”.

    “No solo arranqué a trabajar, sino que estoy estudiando. El año pasado hice tercero, cuarto, este año quinto”.“Sí, me permitió poder continuar estudiando (...) los dos seguimos estudiando (...) este año cuando comenzó con la beca tomé un curso de marketing digital y lo estoy haciendo online y las dos horas que tengo libre las utilizo para estudiar”.

    “El apoyo del jardín fue incondicional, el año pasado hice un curso por BPS y a su vez terminé el ciclo básico”.Esta es la realidad de miles de mujeres en Uruguay que precisan resolver los cuidados de los más pequeños del hogar (0 a 2 años) para contar con una oportunidad laboral o de formación.

    Son algunas de las voces recogidas en el estudio realizado entre marzo de 2025 y junio de 2026 por Ciedur junto con la Secretaría Nacional de Cuidados, en alianza con la Red Pro Cuidados y ONU Mujeres Uruguay. La investigación se propuso precisamente analizar lo que denomina el “triple dividendo” de la inversión en cuidado infantil. Primero, se generan mejores condiciones para el desarrollo y bienestar de niñas y niños en una etapa decisiva de sus vidas. Segundo, se favorece la inserción laboral y educativa de las personas responsables del cuidado no remunerado, que siguen siendo mayoritariamente mujeres.

    Y tercero, la inversión contribuye a sostener y generar empleo remunerado en el propio sector de los cuidados, un sector altamente feminizado.

    Frente a las necesidades de cuidado de la primera infancia, las transferencias monetarias por sí solas no siempre alcanzan. Si allí donde vive una familia no existe una oferta adecuada, accesible y de calidad, el problema persiste. Las BIS fueron precisamente diseñadas para familias que viven en territorios sin una oferta pública de educación y cuidados adecuada y en el mercado tiene un costo que las familias más vulnerables no pueden pagar.

    Por eso, cuando se buscó generar soluciones laborales para la población vulnerable, desde el propio Mides se gestó el programa BIS. La evaluación de este programa ha dejado en evidencia los efectos multiplicadores que tiene esta inversión.

    Sin embargo, el Presupuesto quinquenal no ha garantizado la sostenibilidad ni la expansión del Sistema Nacional Integrado de Cuidados y como resultado el programa no cuenta con el financiamiento necesario. Con un presupuesto anual cercano a los 200 millones de pesos, equivalente a alrededor de cinco millones de dólares, las BIS alcanzan hoy a 1.270 niñas y niños. Esto representa una inversión aproximada de 4.000 dólares al año por cada uno de ellos. Se trata de un monto relativamente reducido si se considera el impacto que genera: mayores oportunidades de empleo y formación para las personas cuidadoras, acceso a servicios de calidad para la primera infancia, creación de puestos de trabajo en el sector de cuidados y mejores condiciones para el desarrollo de niñas y niños. Es una inversión que produce beneficios simultáneos para las familias, la economía y la sociedad en su conjunto.

    A menudo se analizan las inversiones públicas por su capacidad de generar empleo o dinamizar sectores de la economía. Sin embargo, la inversión en cuidados tiene un valor adicional: no solo crea puestos de trabajo, sino que amplía las oportunidades educativas y laborales de quienes cuidan, mejora las condiciones de desarrollo de niñas y niños y contribuye a reducir las desigualdades territoriales y sociales. Su impacto se concentra precisamente allí donde más se necesita, en comunidades que enfrentan mayores situaciones de vulnerabilidad.

    Invertir en cuidados no es un gasto: es una apuesta estratégica por una sociedad más igualitaria, con más oportunidades para las mujeres, mejores condiciones para el desarrollo de las infancias y un futuro más próspero para el país.

    Magdalena Furtado