Watanabe advirtió también sobre el avance de China, país con el que Japón mantiene tensiones diplomáticas históricas. Si bien Beijing parece “más estable” que Estados Unidos en este momento, dijo la profesora, los países no deberían crear demasiada dependencia con el gigante asiático. “Si China se convierte en el único líder, a menos que cambie su mentalidad para priorizar el beneficio de todos, la situación del mundo podría ser realmente pesimista”.
A continuación, un resumen de la entrevista.
—¿Cuál es su mirada sobre la situación geopolítica actual? ¿Es este el fin de la Pax Americana?
—En este momento estamos en una especie de comienzo del fin de la Pax Americana. Es el comienzo, no quiere decir que ya haya terminado la Pax Americana, lo que es además un proceso. Diría que ya no es un mundo liderado por Estados Unidos como superpotencia, así que tal vez estamos en una especie de período de transición. Y también creo que Trump 2.0 —Estados Unidos bajo el segundo gobierno de Trump— es solo una parte de Estados Unidos. No estoy totalmente segura de si este Estados Unidos-Trump 2.0 continuará así después del nuevo gobierno. Así que si el próximo presidente de los Estados Unidos tiene una idea similar a la de Trump en este momento, creo que eso aceleraría el ritmo del fin de la Pax Americana. Pero si el próximo presidente estadounidense es más cercano a (Joe) Biden o incluso a un presidente estadounidense tradicional del Partido Republicano, tal vez podrían detener este tipo de proceso o retrasar el ritmo del fin de la Pax Americana.
—Aún si alguien continúa o no el legado de Trump, hay cosas que parecen irreversibles. Dice que no es el fin de la Pax Americana, pero las cosas parecen haber cambiado y nunca volverán a ser iguales.
—Sí, algo ha cambiado totalmente. Bajo esta administración, parece haber renunciado voluntariamente a la hegemonía estadounidense o al liderazgo estadounidense. Y ya destruyó la reputación de Estados Unidos como el policía del mundo. Además, Estados Unidos se retiró de instituciones internacionales y acuerdos internacionales. Tal vez después de Trump venga alguien distinto, pero no se puede cambiar la mirada que hay hoy sobre Estados Unidos.
Al mismo tiempo, algunas de las cosas que Trump ha estado haciendo tal vez se puedan recuperar, como hizo Biden antes cuando volvió al sistema de la ONU y trató de recuperar la confianza de los aliados estadounidenses. Y también volvió a enfatizar la importancia de los valores como la democracia, me refiero a Biden. Así que ese tipo de cosas podrían pasar después de que Trump deje el cargo. No soy tan pesimista, aunque quizás lo sea dentro de tres años; todo depende del próximo presidente si este tiempo de transición podría ser temporal o permanente. Creo que todavía es demasiado pronto para perder la esperanza en el orden internacional actual.
—Quizás Trump es un síntoma de algo más y no su único responsable. Entonces, si es así, el problema de fondo persistirá.
—Trump no es una variable independiente, sino que fue un producto de cambios sociales estadounidenses a largo plazo. Es un derivado del fenómeno estadounidense, estoy de acuerdo. Cuenta con el apoyo del movimiento MAGA (Make America Great Again), gente que tiene voto determinante en la política estadounidense en este momento, pero las relaciones internacionales son algo que los estadounidenses tradicionales no moldean. Son más bien las élites o profesionales establecidos quienes continúan desempeñando un papel importante. Y al comunicarme con formuladores de políticas estadounidenses y personas de ese entorno, a la mayoría de ellos les disgusta lo que Trump ha estado haciendo. En los próximos dos años Trump tal vez continúe sacudiendo el orden internacional, pero creo que después de él, expertos estadounidenses, que hoy no pueden decir, volverán para restaurar la confianza en Estados Unidos y su liderazgo. Espero que este no sea el fin de la historia.
—En este contexto internacional, no solo que Estados Unidos se está retirando, sino que China se ha convertido en una de las superpotencias. ¿Cómo impacta eso en el panorama general?
—Sí, ese es un tema muy grande. Lo interesante es que China ya ha intentado cultivar buenas relaciones con el llamado Sur Global y países en desarrollo. China solo continúa con su política tradicional, nada más que eso. Pero como Trump destruye la reputación de Estados Unidos por sí mismo, es como un gol en contra en el fútbol. Esa es la situación. Realistamente hablando, China parece un líder algo más predecible bajo esta situación. Algunos países, especialmente en Asia, como el Sudeste Asiático, ven el liderazgo chino más predecible que el liderazgo estadounidense de Trump. Así que imagino que en otra parte del mundo se piense que el liderazgo chino podría ser mejor. Entiendo totalmente. Al mismo tiempo, China prioriza su propio interés nacional por encima del interés común. A China no le gusta el orden internacional actual porque perjudica sus propios intereses, su prioridad es cómo maximizar su propio interés nacional. Pero aun así, China sigue siendo más estable si se la compara con la impredecible administración de Trump.
En mi opinión, si China se convierte en uno de los dos líderes junto con Estados Unidos, en un marco de competencia, debería comportarse bien en lugar de buscar solo su propio interés. Pero si China se convierte en el único líder, a menos que cambie su mentalidad para priorizar el beneficio de todos, la situación del mundo podría ser realmente pesimista.
—Algunos documentos chinos mencionan la idea de un mundo donde todos estén juntos, al menos públicamente intentan mostrarse como quienes lideran ese camino. ¿No cree que sea genuino?
—No necesariamente concuerdo. Japón tiene una larga historia tratando con China y sabemos que son muy buenos explicando las cosas con términos neutrales como “destino común” para el mundo. No deberíamos tomarlo tal cual. Suelen incluir su propia interpretación especial en el lenguaje neutral. Suena bien hablar del beneficio de la humanidad, pero lo que ellos entienden por destino común puede ser totalmente diferente a lo que el resto entiende. Cuando aceptamos el lenguaje chino, debemos ser específicos y acordar qué significa cada concepto; y si hay cambios en la interpretación, debemos discutirlo y ponernos de acuerdo. Sin embargo, la táctica de China consiste en difundir un lenguaje hermoso que puede ser compartido por la contraparte, pero con el tiempo van cambiando la interpretación. Luego afirman que ambas partes estuvieron de acuerdo desde el principio con la nueva interpretación, aunque el significado original fuera otro.
Mi punto es que por supuesto que es bueno tener acuerdos, pero para eso debemos ser extremadamente precisos sobre lo que implica cada término desde el primer momento. No hay que otorgar a China el derecho exclusivo de interpretar el significado de los términos con el paso del tiempo. Cuando se habla de democracia, libertad, destino común, suena demasiado obvio, pero hay que preguntar qué quieren decir con eso. Porque si no lo haces, después será demasiado tarde.
—Uruguay ha puesto la mirada en el Sudeste Asiático, ¿cómo se está desarrollando la región? ¿Está creciendo de manera sana?
—China es muy predecible y su esfuerzo en el Sudeste Asiático se centra principalmente en la economía; puso mucho dinero, otorgó préstamos y financió inversiones. Sin embargo, los países receptores de esos proyectos deben ser inteligentes al seleccionar qué proyectos realmente benefician su infraestructura a largo plazo. Es bueno recibir inversiones chinas para los países del Sudeste Asiático, a corto plazo el dinero chino es muy útil, pero a largo plazo algunos proyectos pueden no ser la mejor opción. No todo es malo ni todo es bueno. Los países receptores deben mantenerse al mando y saber aprovechar las oportunidades sin dejarse llevar ciegamente.
—Si Estados Unidos, su aliado histórico, es menos confiable y China crece, ¿debería Japón buscar una tercera vía?
—Japón debe mantener su rumbo actual: la alianza de seguridad con Estados Unidos es el pilar central de la diplomacia japonesa y no hay margen de cambio. El gobierno de Trump es tan solo eso, la administración del gobierno y no todo Estados Unidos. Claro que impacta en las relaciones y la política internacional, pero la estructura institucional y militar de Estados Unidos sigue siendo sólida. En ese sentido, la alianza de seguridad entre los dos países es estable; existe una estrecha cooperación y confianza entre las fuerzas armadas de ambos países que se mantiene firme. La alianza de seguridad de Japón-Estados Unidos es sólida, más allá del liderazgo político. Al mismo tiempo, eso no impide que Japón fortalezca lazos con otros países. Hay socios clave como Australia, Corea del Sur y Filipinas, el top 3 de socios con los que ha fortalecido su relación, incluyendo la seguridad, durante la administración Trump. Si no estaba Trump, quizás hubiese sido más difícil consolidar esas alianzas, pero eso no implica prescindir de Estados Unidos.
—¿Coincide con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, para quien las potencias medianas deben consolidar lazos sin depender tanto de Estados Unidos?
—Coincido totalmente con esa idea. Potencias medianas es un concepto difícil, pero existen diversos actores e iniciativas importantes fuera del ámbito directo de Estados Unidos y China que deben cooperar entre ellos. Quizás fue una estrategia de Carney dar ese discurso en Davos y generar tanta atención hacia Canadá, aunque eso enoje a Trump. Comparto la idea, pero quizás Japón no puede hablar tan en voz alta y provocar a Trump como lo hizo Carney.
—No es sencillo dejar a Estados Unidos fuera de la ecuación debido al enorme peso de su economía en el comercio internacional.
—No debemos excluir a Estados Unidos, ni crear alianzas cerradas “anti Estados Unidos” que los dejen fuera. Es posible avanzar con acuerdos abiertos que permitan reintegrar a Estados Unidos en el futuro, si cambia de opinión. Es similar a lo sucedido con el CPTPP, una idea que fue de Obama pero que Estados Unidos abandonó. El primer ministro Abe gastó mucho de su capital político para sumar a Japón al proyecto y sostenerlo, y siempre mantiene la puerta abierta para la reincorporación de Estados Unidos. Es una manera realista de manejarse en este mundo, los poderes medianos pueden construir espacios pero sin excluir a los grandes, esperando que quizás se puedan unir.
—La doctrina Donroe —la adaptación que hizo la administración Trump de la doctrina Monroe— dice que América Latina está dentro de la esfera de influencia de Estados Unidos. ¿Qué opina que debería hacer América Latina en este contexto?
—América Latina tiene un gran potencial como para ampliar sus relaciones con países que piensan igual. En ese contexto, Uruguay destaca como un socio afín prometedor, por su fortaleza institucional y apertura. Si Japón piensa en socios con los que comparte miradas, en el este de Asia piensa en Corea del Sur, Australia, países que son democracias, que respetan la libertad, tienen una alta institucionalización y están abiertos al multilateralismo. Entonces, en América Latina hay muchos países, pero Uruguay es uno de los más cercanos y con una mentalidad parecida. La decisión de Uruguay de solicitar su ingreso al CPTPP es un paso excelente en esa dirección y después pueden venir los otros países del Mercosur.
Creo que en este momento Trump no le presta tanta atención a cada uno de los países de la región. Trump se enfoca principalmente en la política exterior hacia China y Medio Oriente pero sin cuestionar acuerdos comerciales de terceros.
—¿Es posible para países como Uruguay mantener un equilibrio con Estados Unidos y con China, con quien quiere firmar un acuerdo de libre comercio?
—Creo que es posible. Los países del Sudeste Asiático tienen esa estrategia: no quieren elegir un bando, sino quedar en el medio y analizan en qué cooperar tema por tema con China o Estados Unidos. Es un enfoque inteligente para países medianos. Es bueno tener un acuerdo comercial con China y también estar en el CPTPP, no son excluyentes. Quizás es bueno para Uruguay porque tiene una diversidad de mercados. Si Uruguay se vuelca demasiado a China y depende de ese mercado, cuando algo pase puede ser una carta que China use en el futuro. Es importante diversificar los mercados y tener una estrategia de construir buena relación con la mayor cantidad de países, como hace China. Una estrategia que los países siguen ahora es no depender demasiado de un país, sea China, Estados Unidos o Japón. Por supuesto que es más fácil decirlo que hacerlo.