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    Uruguay: ¿hacia una distopía o utopía?

    Sr. director:

    Los uruguayos mantenemos los mismos dilemas hace añares. Procrastinamos tanto que terminamos naturalizando y asimilando incoherencias a nuestra vida cotidiana —personal, social y política—. No voy a redundar lo que el lector conoce de sobra.

    ¿Por qué traer este tema a colación? Porque el Parlamento se dispone cumplir lo dispuesto en Ley N.º 20.391 al crear la Comisión Nacional de Bioética (CNBE) el 20/12/2024. Ahora toca seleccionar 15 titulares honorarios y sus respectivos suplentes. Hasta aquí todo bien. Pero hay peros.

    Abordé el tema en una carta a Búsqueda del 13 de agosto: “En Uruguay, ¿vivimos en el Mundo del Revés?”. Rescato unos párrafos:

    “... Dos dudas: La primera, teórica, es si se tiene clara la relación entre Ética, Bioética, Moral, DDHH, Deontología, etc. La segunda es práctica. Surge al delegarle a la Asamblea General Legislativa —máximo exponente del mandato soberano— que, en democracia, se les otorga a 129 miembros. ¿Qué se les delega? Que fundamenten por qué y para qué se eligen los miembros a la CNBE. O sea, se les reconoce de forma tácita su capacidad y ecuanimidad para tan compleja tarea. Y aquí surge un chisporroteo que corta todo el circuito, no eléctrico sino ético.

    ¿Por qué otorgarle a un cuerpo —que no ha sido capaz de abordar el tema de su propia ética política y partidaria durante décadas— la oportunidad de entrometerse en áreas que le son ajenas? Podría ser porque antes se miraron al espejo y resolvieron sus dilemas, problemas y embrollos. Experticia. Pero no, nada de eso sucedió. Tengámoslo meridianamente claro: Insumos para abordar leyes de Ética de Política Partidaria en Uruguay hay a raudales. Todos los políticos conocen, a conciencia, las falencias y carencias a resolver. Lo que falta es voluntad, buscar consensos y votar. Lo esquivan lustro a lustro.

    El mensaje ciudadano es que acuerden una Ley de Partidos el 18 de octubre y les reconoceremos credenciales básicas para que, en la sesión del 19 de octubre, voten a conciencia la integración del CNBE. Por aquello de que la caridad, la calidad y/o la ética comienzan por casa. Sí, por el Parlamento”. Fin de lo dicho en agosto.

    El 19 de octubre llegó al Palacio Legislativo el presidente de la Comisión de Bioética Española, Dr. Juan Carlos Siurana. En su conferencia compartió desveles de los cuales podemos sacar enseñanzas.

    Inicio quieren las cosas. Lo primero, en cualquier orden de la vida, es ordenar la secuencia lógica del planteo a tratar. Una forma de hacerlo es atender la semántica que sustenta los conceptos. El “Ethos” refiere a “morada”, la casa, en cuyo interior se desarrolla la conciencia y/o el carácter.

    Basado en eso, ¿qué tienen de común la ética, bioética, estética, cosmética o patética? La raíz ethos, el yo íntimo e interno, que puede analizarse desde diferentes perspectivas. Aquí surge claro que el origen, inicio y principio del ser y hacer, a escala “ethos”, es la ética pura, dura y cruda. Cuestión de prelación. Y de ahí brotan ramas según las áreas en cuestión. En algunas predomina la cuestión esencial inherente, en otras, la apariencia.

    Lo previo implica que no alcanza con el teórico “cogito, ergo sum”. Hay que ejecutar: “facit, ergo sum”. La ética, si queda en discurso, marchita; debe aterrizar para saber si aporta o no al ideal perseguido.

    La ética es parte de la masa madre. De ella crecen plantas éticas que dan o no frutos. Hora de recurrir al pensamiento complejo de Edgar Morin. Solemos analizar las áreas según costo-beneficio. Para ello, hay que registrar datos, controlarlos, estadificarlos y evaluarlos. Fallamos feo: el Instituto Nacional de Estadística (INE) está subdesarrollado. Y el Sistema Estadístico Nacional (SEN) está infradotado. Mal camino para llegar a destino.

    Imposible alcanzar un resultado veraz si lo restringimos a costo-beneficio. Hay que incluir la calidad, la ética y la población (bien común e interés general). Conclusión, Uruguay está retrasado y los uruguayos somos los responsables. Lo apuntó Ricardo Pascale: “El Uruguay que nos debemos”. Olvidamos el bíblico “por sus frutos lo conoceréis” del evangelio de Mateo.

    Que nuestros representantes avancen sobre la cuestión bioética y pospongan el fortalecimiento fundacional e imprescindible de la ética estatal, política y partidaria es toda una señal de incapacidad. Urge asimilar La búsqueda del tiempo perdido, de Proust, y atarlo al “Me duele Uruguay (sic)”, de Unamuno, que, en Salamanca, refutó al mal intencionado Astray: “Venceréis, pero no convenceréis”.

    Una cuota de humor para distender y digerir. Les estamos dejando a hijos y nietos un país similar al queso emmental, que supera al gruyere en cantidad de agujeros. El punto es que esos quesos son una delicia a consumir, mientras nuestros huecos son cráteres que escurren responsabilidades.

    Cierro con un llamado a la futura CNBE. No se dejen entrampar en desentrañar supuestas y eventuales quintaesencias y consecuencias de IA, robótica u otras yerbas que amenazan el futuro. Primero concentraos en temas urgentes; cuestiones —presentes y pendientes— que hace décadas hacemos mal, consignamos peor y, así, nos autocondenamos a persistir en la ignorancia. Sugiero cuatro temas:

    “Uruguay ante el reto demográfico”, carta de Jorge Cassinelli, Búsqueda, del 8/10/2026. Releer con atención. Estamos comenzando nuestra extinción. No es alarmismo, es pura, dura y cruda realidad.

    “La salud de las mujeres como botín” carta de María Ángeles Valdivia, mismo ejemplar y fecha. Trata sobre cómo opera el corporativismo médico en la mercantilización de la salud.

    “Cesáreas innecesarias”. Un dislate nacional que aumenta impunemente quinquenio a quinquenio. La OPS/OMS recomienda una tasa de cesáreas entre 12% y 15% de los nacimientos. Los países nórdicos se atienen a ello. En Uruguay está altísima, encima del 54%. Resultado, el 39% son innecesarias. Con un agravante, se recomienda no hacer más de dos cesáreas por el riesgo de complicaciones.

    “Demografía y salud de mujeres”. Activen neuronas, pensamiento complejo y sistematicen. Urge dejar de tranversalizar temas que multiplican desatinos. Hoy Uruguay tiene una tasa de nacimientos por mujer de 1,2 hijos. Si quisiéramos mantener la población actual, deberíamos llegar a 2,1 hijos por mujer. Para crecer, tres o más hijos. Estamos lejísimos.

    Uruguay sin uruguayos es una distopía. A eso estamos yendo.

    La densidad poblacional del país es 19 hab/km² bajísima, en 174.000 km². El Salvador, tan mentado en estos días, tiene 313 hab./km². En 21.000 km². Mientras no aprendamos a registrar datos, tener estadísticas, saber interpretarlas y objetivos claros, seguiremos macaneando y evaporándonos. Si para argumentar comparamos chicha con limonada, terminamos diciendo sandeces.

    Nuestra población disminuye. Nuestra democracia plena se autoconsume. Parménides lo tenía claro hace 2.500 años: “Ex nihilo nihil fit”. De la nada, nada sale.

    Nuestra mayor amenaza y peligro somos nosotros mismos. Excede a la ética, la economía y una larga lista de etcéteras. Urge el sentido común para armonizar todo el ser y hacer nacional. Pasar de la distopía actual e ir a la utopía de mañana es posible.

    Aclaro, el mañana es a mediados de noviembre de 2026. Cuando el Parlamento vote la ley de partidos políticos honorables, responsables, con profundo sentimiento y compromiso nacional. ¡Uruguay nomá!

    En criollo, que nuestros representantes nos representen. Que se enfoquen en las generaciones venideras. Que todos podamos mirarnos al espejo, reconocer errores inauditos y pongamos manos a la obra magna.

    Gonzalo Pou