Sr. director:
Sr. director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáShakira volvió a Uruguay luego de 25 años. Mucha agua ha pasado bajo el puente desde aquel marzo de 2000 en el Velódromo Municipal. Para entonces yo era estudiante de Medicina; estábamos estudiando en una calurosa tarde de verano, creo recordar que era un jueves pero no lo tengo tan claro; en ese momento no existía YouTube ni Spotify y la forma que teníamos de escucharla era esperar en la tele el ranking de MTV. Tampoco existían los celulares. Había noticia pero no te enterabas tanto. Recuerdo el deslumbre y la admiración que tuve al verla rockear. Sin embargo, no recuerdo nada más que eso de aquella noche.
Este miércoles y jueves vivimos dos jornadas que quedarán para siempre grabadas en nuestra memoria, y en la de nuestras hijas. No había forma de no enterarse de que algo grande estaba por suceder en el Estadio Centenario por lo menos una semana antes del evento; la ciudad se vio tremendamente afectada en su tránsito y accesibilidad, principalmente para quienes trabajamos en el polo parque Batlle; los que tenemos el lujo de tener al Centenario en el fondo de nuestra casa como vista principal fuimos testigos del armado día tras día del enorme escenario para que la reina indiscutible del pop latino hiciera de las suyas y de cómo se iba vistiendo la cancha para recibir a buena parte de las 100.000 personas que pasarían por allí.
Luego de hacer 2 horas de una cola serpenteante y pelearnos con algunos seres que osaron colarse descaradamente en distintos puntos de la misma, nos ubicamos en el anillo más alto, exactamente al lado de la Torre de los Homenajes. Estábamos bien frente al escenario; más cerca de mi ventana de la oficina del Hospital de Clínicas que de Shakira, pero adentro al fin. Desde allí vimos a la telonera Mery Deal, despidiendo el atardecer, acompañada en percusión y guitarra por los hermanos Ibarburu, que en boca de mi amiga música, siendo dos, sonaban como si fueran cuatro; palpitamos a las lobas del club de fanáticas formarse para salir en el túnel del estadio, muchos minutos antes de que ella, la Loba, apareciera. Y ahí comenzamos a darnos cuenta de que algún contratiempo estaba sucediendo.
Horas después y ya lejos del recinto nos enteramos de que hubo amenaza de bomba, lo cual hizo que la espera se hiciera muy larga para los niños y no tan niños que la estábamos esperando ansiosamente. Pero sin lugar a dudas, sin mayores repercusiones que la demora en salir, valió la pena la espera. El espectáculo deslumbró de principio a fin. La mirada 360 del estadio entero haciendo juego de luces y sonido con cada canción a través de las pulseras que el show incluye, el juego de luces del escenario con las enormes pantallas que transmiten cada paso que dan Shakira y sus bailarines en sus diferentes ángulos, generan un show impactante, pese a la distancia considerable entre el punto más alto de la tribuna Olímpica y el escenario.
El sonido en algunos momentos perdía un poco su potencia, pero no empañaba para nada lo que estaba sucediendo. De las primeras frases que la Loba dijo fue: “Voy a intentar darles todo lo que tengo”. Y así lo hizo. Lo dio todo. Un espectáculo que nos dejó boquiabiertos, en el audiovisual, en coreografías, vestuarios y con un dinamismo que solamente viví con Madonna en el año 2008 en River con su Sticky and Sweet tour. La diferencia: Shakira estaba haciéndolo en el corazón de Montevideo; en el Estadio Centenario, con el majestuoso nuevo Hospital de Clínicas con la majestuosa y nueva iluminación, y con una luna llena digna de aullar; Shakira habla en castellano, es latina, conecta con su público y vivió buena parte de su vida en el océano Atlántico de este paisito. Nos recuerda que allí, aquí, compuso varios de sus hits (Waka waka, Underneath Your Clothes, A Girl Like Me).
Da la sensación, sin seguirle mucho su ruta privada, que Shakira no había vuelto a conectar con esta tierra, hasta el momento en que vuelve a pisarla para brindar estos dos shows, y se la encuentra muy emocionada por la calidez con la que se reencuentra en Uruguay, en palabras de ella, con su manada de lobitas. Shakira con sus bailarines, perfectos, precisos, en un juego permanente con la vestimenta y los movimientos exactamente iguales de ser dobles de la cantante (al punto que la Loba se confunde entre ellas), entregan un show extremadamente perfecto en coreografía y vestuarios, fruto de la exigencia que Shakira tiene con ella y con su equipo, pero sobre todo por el tesón y perseverancia que ha tenido en la vida, integrando danzas de baile árabe que mamó de su seno materno, de su voz única y su buen gusto por la selección de los vestuarios y la recreación escenográfica.
El día 2, en un acto inesperado, fui a la cancha. Necesitaba hacerle zoom al espectáculo. Esta fiesta fue diferente. Se entraba directo, sin cola ni gente colándose. De todas formas, había que guardar lugar desde temprano y turnarse para ir al baño o comprar bebida (muy mala relación puesto de comida y bebida con el número de personas) y volver a la manada de amigas para reservar el lugar cerca del escenario. La espera fue un poco menor pero igualmente se sintió, con las luces del estadio a todo trapo sobre nosotros. Esta vez desde el campo, a diferencia de la vista panorámica del primer día, no se lograba visualizar directamente su entrada triunfal, a no ser que hubiese podido reservar “valla”.
Cuando llegó al escenario, seguida por la transmisión a través de las cámaras y en pantalla gigante, ahí la teníamos, a 30 metros. Si bien mi altura no me favorece para los espectáculos en cancha, ahora se suma una nueva barrera: por encima de las cabezas, los celulares filmando y a pesar de mis championes de suela alta, mis pantorrillas y el cuello intentaron estirarse lo más posible para poder absorber todo lo que mis ojos pudieran registrar. Este show fue tremendamente envolvente en sonido y luces; el beat de la batería resonando en el pecho, la sensación era de una fiesta electrónica. Las pantallas envolventes y con una definición increíble. El despliegue de escenografías y cambios de vestuarios en un show absolutamente vertiginoso hace pensar que atravesaste un portal y entraste en un metaverso. El show es de disfrute, transmiten un hermoso trabajo en equipo, irradian alegría y felicidad al bailar, cantar y tocar. Una fiesta para los cinco sentidos.
Del repertorio, qué decir… es ese que está grabado en el disco duro de las mujeres de más 40, integrado en la genética de las que crecimos escuchándola. Las canciones salen por los poros, desde lo más profundo de los circuitos de la memoria, y se cantan a grito pelado cada palabra, aunque puede que haga 10 años que no las escuches.
Un poco atacada de las coyunturas por la maratón de los días previos, y engentada de más (término mexicano perfecto para la ocasión, que me enseñó mi amiga Lucía), 48 horas después de Shak, tenía entradas para ver a Lali en la rambla de Punta Carretas. Estaba difícil la remontada; fuimos dispuestas a llegar muy próximo a la hora del comienzo del show y así evitar las largas esperas de cola y pensando ilusamente en quedarnos un poco al margen del gentío. Esta vez nos encontramos con un show más dark. Una noche fresca de diciembre y un público mayormente vestido de negro. Lali arranca con una potencia que es imposible no meterse entre la gente y engentarse nuevamente. Te impulsa a ir más cerca; hay una especie de hipnosis que genera la morocha. La conexión con Uruguay, que ya la hizo con un Antel Arena lleno este mismo año, auguraba un evento similar y Lali estaba muy emocionada.
Reconozco que no había estudiado para este recital. No la sigo mucho y no había escuchado sus canciones del disco nuevo, teniendo aún la resonancia de los dos conciertos de Shakira en mi mente, por ende fui con lo puesto. Sin embargo, camino al show la canción elegida por mi amiga Victoria de su nuevo álbum para ir entrando en clima fue 33… Lali tiene un magnetismo que canta y baila de principio a fin en un espectáculo también con mucha coreografía y cambios de vestuario, exigente y dinámico.
En pantalla aparecen varios invitados estrellas de sus canciones que aparecen en colaboración: Alejandro Sergi y Juliana Gattas de Miranda en Mejor que vos, la voz de la diva Moria (haciendo de Moria) ante una llamada telefónica, en una especie de parodia en alusión al nombre de su nuevo disco, No vayas a atender cuando el demonio llama. El descubrimiento: la canción con el rapero Dillom y que me llevo conmigo: 33.1
El otro punto alto de la noche del show, cuando se llena de banderas de la diversidad y aparecen en el escenario las drag queens uruguayas. De repente Lali anuncia su pequeño homenaje a Uruguay y así nos advierte de que tal vez no estemos preparados para esta sorpresa; entonces presenta a Natalia Oreiro, que aparece diosa (sin saber aún que pocos días después sería premiada con el Martín Fierro de Oro a mejor actriz) vestida de cuero rojo infernal, cantando Cambio dolor en una fusión perfecta con la voz de Lali, que se emociona y expresa que está cumpliendo un sueño; se las ve disfrutar y potenciarse compartiendo Tu veneno, y el público explota con ese feat que estábamos necesitando (y no nos habíamos dado cuenta). Nati Oreiro, otro ejemplo de tesón, esfuerzo y exigencia, tan nuestra y tan argentina a la vez; sin duda la invitada perfecta para esa noche.
Para el cierre y broche, de repente, ahí atrás, cerca de la torre de sonido, se nos abre el portal sagrado del círculo del pogo, literalmente ante nuestros pies, con la canción que es furor en la vecina orilla, con la que despierta pasiones y levanta banderas: Fanático. Un pogo respetuoso pero intenso que nos quedó servido en bandeja para sacarnos las ganas de agitar por un rato y agregar mayores dolores articulares al cuerpo.
Lali demuestra en el escenario de la rambla de Montevideo, allí junto al Río de la Plata, que es la popstar indiscutible del momento; lo acaba de confirmar el anuncio de su primer River para seguir bailando al son de la llamada del demonio, el 6-6-6; número que fue discado hasta agotar en pocos minutos, llevando a agregar una segunda fecha y agotar en menos de dos horas, augurando dos estadios de River Plate llenos para junio de 2026.
Tuve la suerte y el privilegio de ver a Shakira, Lali y Nati Oreiro, todo en la misma semana, todas brillando en su mejor momento. Lali y Shakira, pequeñas pero enormes, son las popstars indiscutibles del momento y líderes de su manada. Sin embargo, muestran a lo largo del show el vínculo y conexión con su equipo y el respeto por el trabajo colectivo; la exigencia y admiración por sus músicos y bailarines, presentando a cada uno de ellos en su debido momento, dándoles el espacio y el reconocimiento, tan necesario, demostrando que el brillo se hace entre todas.
Shakira, Lali y Nati Oreiro, como decía la remera de Lali: mis popstars fav, mujeres latinas que la rompen, brillan y deslumbran, potenciándose entre sí. Fueguitos que, en palabras de Eduardo Galeano, arden la vida con tantas ganas que, quien se acerca se enciende. Y nos prendimos fuego.
1 Ya no tengo tantos amigos, pero son los míos
Si no me da gracia ya no me río
Algunos dicen: “con la edad se pierde la ilusión”
Que todo tiempo pasado siempre fue mejor
Se me pasó en un suspiro
Los que se fueron los llevo conmigo
Toy en la cresta de la ola
y no me da vértigo
Y ahora soy yo la que le gana al tiempo
Ya caí, me morí, renací,
me quedan los recuerdos
Y ahora no, ya no me lleva el viento
Ya caí, me morí, renací,
es mi mejor momento
33 (Lali, Dillom)
Dedicado a mi manada de mujeres hermosas en su mejor momento (sin ellas no hubiese sido el mismo disfrute): Vitos, Dudú, Jou, Fede, Flor, Xime. Qué lindo haberlo vivido para poderlo contar. Y a todas las mujeres con las que trabajo en equipo y me salvan cada día: Adri, Fio, Vivi, Jannet, Anas, Gime, Jessi, Lourdes, Laura, Vilma, Marianas, Rochi. Porque ninguna se salva sola.
Natalia Bernardi De Vecchi