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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáIsrael se dirige hacia sus dos fechas más significativas en forma acelerada e inexorable: a partir del 11 de setiembre y hasta principios de octubre los judíos en todo el mundo celebraremos los días más sagrados de nuestro calendario, que en Israel son un feriado nacional. Apenas tres semanas más tarde, el 27 de octubre, están programadas las elecciones en Israel: ni es feriado nacional ni las elecciones son obligatorias. Estas de 2026 son, eso sí, cruciales.
Mientras esto sucede en aquellos lares, otros factores geopolíticos y existenciales se juegan en sus fronteras. Por lo tanto, es difícil diferenciar las declaraciones auténticas de los políticos israelíes de otras hechas con puros fines electorales. Si el fin es manipularlas para seguir alimentando la hoguera antisionista (antisemita), nada más sencillo. Está servido en bandeja.
En esta comarca, nuestro mesocrático Uruguay, que ante la ausencia de amenazas existenciales reales las tiene que inventar (el meningococo, el Niño, las infancias), hay medios de prensa obsesionados con el destino del pueblo palestino. No saben, no leen, no se informan, pero operan. Hacen como el tero, que grita bien lejos de donde puso el huevo.
A tal punto, que las recientes encuestas desfavorables a la gestión del Gobierno (que ahora parecen revertirse, aunque nada ha cambiado realmente, excepto la retórica) son atribuidas a la reticencia del Poder Ejecutivo de ser más duro con Israel por sus supuestas políticas hacia la población palestina en los territorios en disputa (Gaza, Judea y Samaria).
Si esto no fuera suficiente, la vicecanciller advierte que el primer ministro Netanyahu debería abstenerse de pisar territorio uruguayo bajo apercibimiento de ser arrestado, y la bancada parlamentaria del Frente Amplio y sus operadores de prensa cuestionan el viaje a Israel de autoridades de la oposición. Como si ellos no viajaran, y con propósitos mucho menos claros.
No caeré en el facilismo de la victimización, por justificado que sea, remitiéndome al pogromo del 7 de octubre de 2023. Las consecuencias de los actos de guerra persisten por décadas. Por ejemplo: la guerra de 1967 generó una realidad con la que Israel todavía contiende, y la Intifada del año 2000 cambió el mapa ideológico-electoral israelí para siempre. A nivel global es más claro aún: el resultado de la 2ª Guerra Mundial dibujó el mapamundi por más de medio siglo.
Por lo tanto, el tema Gaza no se resolverá de un día para otro, del mismo modo que el tema Irán no se resolvió en “doce días”. Mientras tanto, Hamás vive y lucha: se arma, se organiza, es una mafia enquistada en el territorio de Gaza. Su único límite es el ejército israelí desde su línea de armisticio acordada. En paralelo, en su frontera norte, Hizbolá no termina de ceder y el proceso de paz con Líbano es tan precario como su gobierno.
Internamente, Israel ha sido rehén de un sistema político decadente y egocentrista en que minorías marginales determinan políticas que, por lo bajo, la mitad del país no apoya. El sistema electoral lo permite, pero también tiene herramientas para corregir las anomalías. Esperemos que estas prevalezcan el 28 de octubre, del mismo modo que prevaleció la unidad nacional el 8 de octubre de 2023, al otro día del ataque de Hamás.
Es una bajeza, sin matices, señalar la anomalía como si fuera la norma. Solo se explica por el ánimo de generar más prejuicio y odio, como si eso fuera necesario. Tal vez sería más útil que algunos streamers/periodistas o medios de prensa de izquierda militante se ocupen de la escalada de asesinatos con que abre nuestro noticiero diario de cada día en lugar de amplificar la bravuconadas electorales de algunos políticos israelíes cuyos días en el poder están contados.
Israel es El Estado Judío y El Estado de los judíos. A los judíos a veces nos gusta más, otras menos. Con las cartas a la vista (#Oct7), está claro que no podemos prescindir del Estado de Israel. La fuerza y el poderío militar traen consecuencias: la principal es la autodefensa y supervivencia; la marginal es que no siempre se pueden controlar todos los factores en juego. No tengo duda de que ningún Estado en estado de guerra se esmera tanto como Israel en sus aspiraciones éticas.
Como uruguayo comprometido, judío y sionista, me siento no solo incómodo, sino elípticamente amenazado cuando las autoridades de un gobierno electo por mis conciudadanos están siendo puestas en tela de juicio por su política exterior respecto a Oriente Medio (Israel y los palestinos) y no por su inconducente gestión de los asuntos del Estado en que vivimos todos, judíos y no.
Definitivamente, como diría Hamlet, “algo huele muy mal”.
Ianai Silberstein