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¿Pocitos o de Los Pesitos?
La Intendencia de Montevideo evalúa la implementación del estacionamiento tarifado en Pocitos debido a los problemas de circulación. Sin embargo, la iniciativa aún se encuentra en etapa de análisis y no tiene una fecha definida de aplicación.
Ya sabemos que cuando las autoridades declaran que la medida está siendo evaluada, suele ser una manera amigable de comunicar que finalmente se ejecutará en un par de meses.
Según señalan, la propuesta no tiene un fin recaudatorio, sino que busca mejorar la fluidez del tránsito y favorecer la rotación de los espacios de estacionamiento. Lo mismo se dijo de los radares, que estaban destinados a educarnos, pero no paran de facturar.
“Lo importante en esos barrios es que exista espacio efectivo tanto para el estacionamiento como para la circulación”, afirmó el intendente. Y recordó que “cuando se instaló el estacionamiento tarifado en Ciudad Vieja, el problema no era que no se pudiera estacionar, sino que prácticamente no se podía circular por la zona, y el sistema tarifado terminó siendo una solución”, declaró Mario Bergara.
¿Realmente fue una solución? ¿La decadencia actual del Centro y Ciudad Vieja no habrá comenzado en los años 90, con la llegada del polémico inmovilizador de vehículos, popularmente conocido como “el cepo”?
Anecdotario: haciendo un poco de historia.
El estacionamiento tarifado en Ciudad Vieja comenzó a funcionar en 1993 y posteriormente se extendió a la zona del Centro. En esa primera etapa, fue gestionado por la empresa privada Autoparque.
Rápidamente se instalaron los expendedores de tickets de estacionamiento en medio de veredas destrozadas. Lo recaudado no se destinó a la reparación de las veredas ni a la mejora del mobiliario urbano de estos barrios.
La calle Colón y otros pequeños comercios no fueron afectados por la llegada de los shopping centers, como se dice habitualmente. En ese entonces, los shoppings no tenían la variedad de rubros que Ciudad Vieja y Centro ofrecían.
Fue tarea titánica para clientes y proveedores evitar ser guinchados; el sistema funcionaba incluso los días sábados.
Tomarse un café cronometrado en un bar del Centro se volvió estresante, las principales esquinas de la principal avenida poco a poco se convirtieron en casas de crédito. Lo mismo sucedió en las calles Colonia y San José, con restaurantes históricos.
Los centros de estudio, en una época marcada por el auge de las emergentes escuelas de informática, así como los institutos culturales y de idiomas, se vieron seriamente perjudicados. Muchos de ellos se trasladaron a otros barrios, lejos del alcance del cepo.
La vida cultural del Centro y Ciudad Vieja también se vio golpeada por el estacionamiento tarifado.
Cuando aún existían las grandes salas de cine en el Centro, durante las vacaciones de julio muchas familias provenientes de otros barrios, poco familiarizadas con el sistema tarifario, se encontraban al salir de cines y teatros con sus vehículos encepados o guinchados.
Una perla de tantas fue cuando enceparon una ambulancia en la puerta del Servicio Médico Integral, en calle Mercedes esquina Yaguarón.
Recordemos que el sistema luego se extendió al barrio Cordón, porque siempre se puede recaudar un poquito más.
El sistema tarifario no solucionó el transito en Centro y Ciudad Vieja, como afirma Mario Bergara con tanta seguridad, sino que bajó drásticamente la circulación por la implementación de un sistema que no tuvo en cuenta a los comerciantes ni a los vecinos, desconociendo, o despreciando, la identidad de los barrios afectados, expulsando a sus habitantes.
Javier Abreu