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    La Junta de Transparencia y Etica Pública

    Sr. director:

    En su columna del diario El País, Tomás Linn hace un interesante desarrollo de lo que, en las crónicas policiales, suele llamarse los “hechos de notoriedad” (i.e. la camioneta de Orsi) y concluye que el camino que han tomado esos sucesos hacia un final en la Jutep es una vía muerta. Los antecedentes inmediatos de esta Junta de Transparencia son cada vez menos transparentes.

    La actual Jutep omite en sus pronunciamientos la opinión de su cuerpo de asesores legales, lo que ha levantado razonables sospechas sobre sus últimos pronunciamientos, que contradicen los aportes de esos asesores.

    Asimismo, levanta críticas en cuanto a la transparencia de esa Junta de Transparencia la decisión —tomada por mayoría, lo mismo que la anterior— de no incluir ni mencionar la opinión discrepante de la minoría.

    Con todo eso a la vista, Tomás Linn calcula que lo que pueda decir la Jutep cuando se expida sobre la camioneta de Orsi no tendrá ningún valor ni ofrecerá ninguna garantía. En consecuencia, propone suprimir la Jutep. Sus argumentos me parecen de recibo: la Junta de Transparencia, paradójicamente, no es transparente.

    Pensando en la Jutep y en su proceso degenerativo, viene a la memoria lo siguiente. En 2024, fue sometida a la consideración de ese organismo la decisión de Carolina Cosse de levantar un Antel Arena contra viento y marea, a pesar de tratarse de algo completamente fuera del cometido que la ley le confiere a Antel. El Sr. Jorge Castro, miembro del Partido Comunista e integrante de la Jutep de ese entonces, firmó y votó un dictamen que concluía la existencia de irregularidades y un apartamiento de las normas éticas en la decisión de construir el Antel Arena. El Partido Comunista lo hizo sacar de la Jutep como chicharra de un ala por haber obrado a conciencia según su leal saber y entender, pero en contra de los intereses o las órdenes partidarias. No sé si Castro obedeció de buena gana o si se fue al demonio, huyendo despavorido de la proximidad de gente y ambientes con tan bajo cociente ético.

    Atento a estos antecedentes y teniendo en cuenta que actualmente preside la Jutep una señora que es comunista confesa (además de haber confesado que no sabe contar), Tomás Linn propone suprimir la Jutep. Por los mismos motivos —exactamente los mismos—, se podría proponer la supresión del Partido Comunista.

    Antiguamente, en mis años mozos, el comunismo asustaba a los ciudadanos conservadores por su prédica de abolición de la propiedad privada, la lucha de clases, la dictadura del proletariado y por las noticias que venían desde la URSS sobre los campos de Siberia, el Gulag, la NKVD, la falta de libertad de prensa, etc. Hoy los comunistas no dicen ni mu sobre la sociedad sin clases, la usurpación de la plusvalía ni nada del antiguo dogma. Y la URSS se acabó, se disolvió.

    En la actualidad, el Partido Comunista no asusta a nadie por ninguno de aquellos argumentos de antes. Pero es un lugar —jurídico, político y mental— donde la conciencia está sometida a las directivas partidarias; lugar donde se sigue sosteniendo que Maduro era un gobernante legítimamente elegido y que Cuba es y ha sido siempre lugar de libertad y democracia y posee un sistema económico eficiente y justo, pero que no ha funcionado del todo bien por el bloqueo.

    Pero el Frente Amplio no puede prescindir del Partido Comunista y el presidente Orsi necesita la absolución de la Jutep. ¡Qué mal andamos, Tomás!

    Juan Martín Posadas