Sr. director:
Sr. director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáIgnorar la realidad es una actitud no inteligente, combatirla a través de sus consecuencias es una actitud obtusa. En nuestra sociedad y en diferentes ámbitos de la actividad, podemos observar todos los días cómo los movimientos sociales y la dirigencia política oficialista la ignoran y pretenden modificar sus efectos, nunca sus causas.
Al grano: los salarios públicos y privados no van a crecer significativamente porque el movimiento sindical así lo reclame ni por la cantidad de mesas negociadoras que tengan instaladas los Consejos de Salarios. Lo van a hacer si en los ámbitos respectivos subyace una realidad productiva, comercial y económica que así lo permita.
En tal sentido, es cierto que el Sunca (Sindicato Único de la Construcción y Anexos) es un sindicato de larga data y de fortaleza incuestionable, pero los muy buenos salarios que desde hace mucho tiempo se pagan en la industria de la construcción no existirían si no hubiese una actividad constructiva —impulsada de manera central por la ley de vivienda promovida— que permita que los empresarios del sector construyan y los potenciales interesados adquieran bienes inmuebles en todas las zonas de Montevideo y de todas las características. Ese impulso fiscal ha impulsado a empresarios a construir y a particulares a adquirir los bienes construidos, lo que ha generado una riqueza que ha permitido que en el ámbito negocial obreros y empresarios hayan acordado salarios muy pero muy buenos para la realidad nacional. Entonces, el impulso sindical para obtener las mayores ventajas posibles es lícito, ético y productivo, pero no habría dado resultado si en la base de la negociación no existiese el boom constructivo que existe en la realidad.
En igual sentido, los excelentes salarios que cobran los trabajadores vinculados al mundo informático —fundamentalmente, productores de software— existen porque dichos programas se venden muy bien tanto en el ámbito local como en el internacional, lo cual produce riqueza en la realidad. Y ello aun cuando su sindicato no tenga la fuerza del Sunca.
Por tanto, debe apuntarse a mejorar las condiciones para que se torne en realidad la producción de bienes y servicios con clientela real, existente y compradora. Pretender aumentar los salarios de forma significativa sin que se genere riqueza suficiente para ello es negar la realidad; y en el mejor de los casos, pan para hoy y hambre para mañana.
En el mismo sentido, desear combatir la pobreza de la infancia y la pobreza en general es de lo más loable y compartible. Pero para ello se necesita de la realidad: dinero. Se piensa que, gravando al 1% más rico de la sociedad con el 1% de impuestos, el tema quedará resuelto. Seguramente, si así fuera, algún gobierno uruguayo lo habría resuelto y, sin embargo, ello no ha sucedido. Y no sucede porque la realidad indica que, ante tal afectación tributaria, va a suceder sí o sí, guste o no guste, que dicho sector de la sociedad se ausentará, como en los últimos tiempos han cerrado sus puertas en Uruguay o disminuido sensiblemente sus operaciones varias empresas internacionales. Porque, se comparta o no se comparta, el dinero huye cuando lo persiguen, y recala en comunidades o paraísos donde no se lo persiga o donde la carga tributaria sea inferior. Y, si ese dinero huyese, se perderían los puestos de trabajo, los salarios y las aportaciones al Banco de Previsión Social que de él dependen.
Tampoco se ajustan a la realidad las pretensiones vinculadas al Estado de Israel. Podrá pensarse del gobierno de Netanyahu lo que se desee, pero lo que no puede ignorarse —porque es la realidad— es que hace casi 80 años que dicho Estado existe. Por tanto, plantear como que no existiera realmente no solo es absolutamente incorrecto, sino que además choca de frente con aquellos que postulan que habría que romper relaciones con dicho Estado. Pues, si hubiese que romper relaciones, es porque en efecto existe. Es la realidad. Y, por otra parte, tales pretensiones negacionistas de la realidad no solo no aportarán para solucionar el conflicto israelí-palestino, sino que lo va a provocar será el perjuicio a Uruguay en sus relaciones comerciales no solo con Israel, sino con Estados Unidos. Lo cual resulta de tal obviedad que no vale la pena desarrollarlo. Entonces, aquellos que, como todos, quieren más puestos de trabajo y mejores salarios y dinero para la pobreza, ¿vendrán a agraviarse cuando Israel ya no compre la carne uruguaya o cuando Estados Unidos ya no pague uno de cada 10 dólares que ingresan en concepto de exportaciones uruguayas? El mundo se rige por intereses y, si no, véase la batalla que están planteándose entre sí los “solidarios y hermanados” socios mercosurianos para ingresar a la cuota con la Unión Europea.
Por último, prohibir el monoambiente en un país donde droga, tabaco y alcohol están legalizados supone tal contrasentido y confrontación con la realidad que no solo no tiene fundamento alguno, sino que aparejará consecuencias desfavorables para la población. Véase: los monoambientes son deseados por la población porque ella los compra, de forma que, si no los comprara, se dejarían de construir. Nadie construye para no vender. Entonces, ¿por qué ir contra lo que la sociedad adquiere, arrogándose un conocimiento y superioridad de que se carece? Y, de manera hipotética, si se aprobara tal proyecto, lo que sucedería sería directamente perjudicial para aquellos sectores que solo pueden acceder a dichos apartamentos y no a superficies y comodidades superiores, pues los obligaría a invertir un dinero que quizás no posean o por el cual deban endeudarse, porque algún legislador solitario entienda, a mi juicio muy erróneamente, que resulta indigno para la vida. En definitiva, ¿el monoambiente es más perjudicial para la vida que la droga, el alcohol y el tabaco?
Monty Fain
Escribano