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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn febrero de 2026 se cumplirán cuatro años desde que, bajo el eufemismo de operación militar especial, Rusia invadió a Ucrania.
Se cuentan ya más de un millon las bajas, entre muertos y heridos de ambos bandos, 6 millones de ucranianos emigraron y se han producido significativas pérdidas materiales en la infraestructura productiva, de servicios y habitacional.
Como antecedente, cabe señalar que en 2014 Rusia había anexado a Crimea, estratégica península del sur ucranianio sobre el mar Negro, cuya población tenía un 60% perteneciente a la etnia rusa.
Las excusas para la invasión del 2022 fueron que en las provincias del sureste ucraniano habitaba un alto porcentaje de rusos, que el gobierno de Kiev era nazi y que la sola posibilidad de que Ucrania integrara la OTAN, en el futuro, constituía una amenza para la seguridad de Rusia.
Hace mucho tiempo que se suceden las conversaciones en procura de poner fin a esta guerra. Participan en ellas, además de Ucrania, los Estados Unidos, las autoridades de la Unión Europea y las de sus países integrantes, así como también el Reino Unido. Son tantas las idas y vueltas, las propuestas y contrapropuestas que se han presentando, ninguna de las cuales satisface a Putin, que resulta de interés recordar los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, en la medida que el actual conflicto es el más grande después de 77 años de paz en Europa.
Es notorio que se trata de dos situaciones distintas, no comparables ni por su naturaleza ni por sus actores. Pero existen ciertas similitudes en los argumentos esgrimidos por los respectivos gobernantes para justificar las invasiones a países vecinos que vale tenerlos presente en la medida que no acordar la paz significa, de hecho, aceptar la imposición de la ley del más fuerte.
Pese a que Alemania había quedado en una situación desventajosa como resultado de las limitaciones que se le impusieron en el Tratado de Versalles, por el que se puso fin a la guerra de 1914-1918, en marzo de 1938 ocupó Austria con la aceptación de su población. Se sucedieron entonces varias reuniones tratando de evitar que Alemania continuara expandiéndose por Europa.
Cabe señalar solamente la conferencia de Múnich realizada en setiembre de 1938, en la que participaron Hitler, Mussolini, Chamberlain, primer ministro de Inglaterra, y Daladier, presidente de Francia. No fueron admitidos los representantes de Checoslovaquia. En aquella cumbre se acordó ceder a Alemania el territorio de los Sudetes situados en el noroeste de Checoslovaquia. Como contrapartida, Hitler aseguró la paz en Europa. De regreso a Londres, el primer ministro Chamberlain proclamaba: “Es la paz para toda nuestra vida” (Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial de Selecciones del Reader’s Digest. Tomo I, pág.17).
Seis meses después, en marzo de 1939, Hitler invadió Checoslovaquia y en setiembre de ese año hizo lo propio con Polonia. Fue entonces que Inglaterra y Francia declararon la guerra y los Estados Unidos se preclamaron neutrales, posición que mantuvieron hasta diciembre de 1941 cuando Japón atacó la base norteamericana de Pearl-Harbour. A partir de entonces la conflagración adquirió una dimensión excepcional que abarcó gran parte del planeta.
Se estima que en aquella guerra murieron entre 50 y 85 millones de personas. ¿Qué motivos invocó Hitler para iniciarla? En el caso de Checoslovaquia, invocó el hecho de que en los Suedetes vivían mas de 3 millones de alemanes quienes con el millón de húngaros y medio millón de eslavos orientales constituían la minoría de la población. En cuanto a Polonia, esgrimió la necesidad de poseer el territorio de Danzig. Se trataba de un corredor en el norte del país, sobre el mar Báltico, que entonces separaba el territorio de Alemania del de Prusia Oriental y que Hitler quería unir con la excusa de poder así disponer de espacio vital para la nación germana.
Es posible que quienes ahora están integrando las delegaciones de los paises que intentan lograr la paz en Ucrania tengan en cuenta los resultados de las gestiones diplomáticas mediante las que se pretendió, inutilmente, evitar aquella horrorosa guerra. También, deberían tener presente que el tiempo corre a favor del invasor. Toda dilación permite que la ventaja sea para el más fuerte.
Gral. Cr. Guillermo Ramírez