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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMe dirijo a usted con la amargura que produce ver cómo nuestra Justicia se desliza, irremediablemente, barranca abajo. Recientemente falleció el Sr. Antonio Castella —exintegrante del MLN y quien cumpliera reclusión en el Penal de Libertad—. Antonio era hermano del Gral. Daniel Castella, quien desde el pasado 31 de diciembre se encuentra bajo la figura de lo que muchos consideramos una prisión política en Domingo Arena.
Lo ocurrido ante este duelo familiar es de una crueldad innecesaria: el juez competente no autorizó al Gral. Castella a concurrir al velatorio de su hermano, negándole un derecho humano básico que, en teoría, debería ser la norma en un Estado de derecho.
Este episodio me obliga a evocar otras épocas, cuando los valores y el respeto por el dolor ajeno estaban por encima de las ideologías. Recuerdo especialmente la anécdota de un oficial del Ejército que, custodiando a un detenido del MLN al sepelio de un pariente, no dudó en ayudar a cargar el féretro junto con su custodiado ante la falta de deudos que pudieran hacerlo. Eran otros tiempos, de personas con valores y de una dignidad que hoy parece extinta.
Ante la desgraciada decisión de este magistrado, cabe preguntarse: ¿tiene esto algún sentido o lógica? ¿Es coherente con los principios de humanidad? ¿O es, lisa y llanamente, venganza?
Cuando la balanza de la Justicia se inclina solo por el odio y el desequilibrio, lo que se rompe no es solo el derecho de un detenido, sino la reserva moral de toda la sociedad. Así, lamentablemente, caminamos hacia un país donde la justicia ha sido sustituida por el revanchismo.
Eduardo Ferro