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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa política exterior del presidente de los Estados Unidos cansa, agota y por momentos desconcierta totalmente. En efecto: el hombre que había dicho que terminaría la guerra de Rusia y Ucrania, poco menos que en un santiamén, hablando con su amigo Vladímir Putin no ha logrado nada. El hombre que concentró en el mar Caribe una flota de guerra que hace acordar poco menos que al despliegue naval norteamericano en el Día D tampoco ha conseguido nada con sus amenazas al gobernante venezolano, el Sr. Nicolás Maduro, salvo hundir algunas pequeñas lanchas. Dejo de lado sus desvaríos con respecto a Groenlandia, sus discrepancias con Canadá y con México y algunas amenazas lanzadas aquí y allá contra una variedad de personas y países porque simplemente siempre me parecieron descabellados.
La realidad es que el rubio gobernante, que, como casi todos los estadounidenses y la mayoría de sus expresidentes, con dos o tres excepciones, conoce muy poco lo que ocurre más allá de algunos kilómetros de las costas de su país y entonces ha chocado con la intransigencia de Putin, que puede seguir desangrando a su ejército sin muchos inconvenientes porque dispone de 145 millones de habitantes y asimismo con la intransigencia del Sr. Volodímir Zelensky, que ha demostrado, guste o no, ser un buen dirigente de su país, al punto tal que le organizaron una especie de encerrona en la Casa Blanca tratando de forzarlo a aceptar una paz que en nada garantizaba la integridad de Ucrania, y sus dislates han llegado recientemente a manifestar que Europa no se levantará más de su decadencia —o alguna otra palabreja de su gusto—.
En cuanto a lo que la cuestión en torno a Venezuela y Maduro revela son las pocas ideas de Donald Trump sobre las relaciones internacionales. Concentró una gran cantidad de navíos, entre ellos un submarino nuclear y el portaaviones más potente de la flota, cerca de las narices venezolanas para asustar a Maduro, pero sin darse cuenta de que el venezolano no se asustó —o sus asesores no lo dejaron— y terminaron hablando ambos directamente por teléfono (¡!).
Lo que se deja ver detrás de todo esto es que el Sr. Trump no tiene ni la menor idea de cómo solucionar la contienda de Ucrania —a menos que Zelensky se doblegue totalmente— y en cuanto a Maduro tampoco. No se decide a actuar (¿o no se anima?), no sabe cómo hacerlo (lo más probable) y no se ha dado cuenta, o si lo ha hecho no le importa, de que ha entusiasmado a todo un país. Más ligerezas que estas, difícil.
Ha habido sí una excepción en su actuar internacional y debe decirse porque no es un invento, existió, no es fruto de la imaginación febril de nadie: arrojó varias bombas y misiles sobre Irán. ¿Y eso por qué? Ah, no es un secreto para nadie. Los ayatolás amenazan a Israel. ¡Vade retro, Satanás!
Dr. Esc. César Eduardo Fontana