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Peñarol va de mal en peor. Asistimos el fin de semana a un nuevo capítulo de este desastre, ya histórico, que fue Peñarol frente al Liverpool F.C. Este equipo se presentó en la cancha de Wanderers como un equ ipo sólido, con proyección de laterales, con transiciones efectivas y ambición de gol, cosa que logró en los comienzos del encuentro y que todavía no sabemos qué razón hubo para anularlo. Otro error lamentable en la larga lista de errores arbitrales.
Peñarol fue bailado por el equipo de Belvedere sin atenuantes. El mirasol no juega absolutamente a nada, es un club que no tiene funcionamiento colectivo, que no se sabe qué es lo que busca. El técnico sigue con el “vamo arriba, esto es Peñarol”. Nunca encontró un equipo titular, que es lo primero que busca un técnico con el material que dispone. No se sabe quiénes son los ejecutores de los tiros libres, los córners se ve que no son trabajados, y no hay un juego asociado. En definitiva, no hay trabajo.
El Club Atlético Peñarol, el campeón del siglo XX, parece un equipo de oficinistas que se reúnen el fin de semana a jugar y cada cual hace lo que puede. La culpa de todo este caos es del presidente del club, que por sentirse incapaz o por lo que fuere eligió a un técnico con pésimos antecedentes (dos o tres meses en varios clubes y cesado por malos resultados). Vea el lector su trayectoria y comprobará lo que estoy expresando. Y en Peñarol ocurre lo mismo, mal funcionamiento y malos resultados, con la diferencia de que no es cesado y lleva ya tres años haciendo sufrir al hincha.
El presidente le dio las llaves del club a un empleado contratado como es el técnico y amplias facultades para decidir en todas las áreas, no solo la estrictamente técnica. Es así que hizo despedir a funcionarios de varias áreas que trabajaban desde hace años en Peñarol. Esta situación es como si un empresario le da las llaves de su empresa a un empleado. Esto no existe, es absurdo.
Los periodistas, no todos, pero sí muchísimos, tienen su gran cuota parte por apoyar esta gestión técnica diciendo que no puede haber otro técnico mejor, que quién podría ser, que no hay otro, que el aura, que la camisa celeste, que la espalda, que el gol del 87, que los asados, el amiguismo y no sabemos cuántas estupideces más. La mediocridad de cierto periodismo deportivo es alarmante. Que Peñarol esté allá arriba en la tabla anual y el porqué de esto habría que preguntarles a algunos árbitros.
El presidente acaba de comunicar la continuidad del técnico, pero sin fundamentar su decisión. ¿Qué lo lleva a sostenerlo en el cargo?, ¿por qué no explica las razones?, ¿no las puede decir? De hecho, lo que hace es darles la espalda a los socios y a los hinchas que quieren el cese inmediato del entrenador por el desastre que es deportivamente el club. En un acto de soberbia ignora a la hinchada de Peñarol.
En el caso hipotético de que la institución se fuera a la B, a Ruglio no le importaría, siempre que se fuera con su amigo Aguirre. Ahora bien, ¿este no piensa renunciar por el bien del club?, porque lo que ha hecho hasta ahora solo lo ha perjudicado. Lo único que resta es llegar a las finales y perderlas nuevamente.
Basta del binomio que se apropió de Peñarol y lo destruyó. No hay ninguna persona por sobre Peñarol. El club es de los socios y de los hinchas.
Adriana C. Torres