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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEste año pasado estuve tres veces en China por proyectos de construcción en Uruguay, que se fabricaron en China siguiendo mis planos. No era la primera vez, pero esta gira de Orsi me hace pensar que mi experiencia debo compartirla, pues, habiendo tratado desde hace años, y habiendo tenido por un tiempo limitado socios chinos, sé que debemos tener cuidado en como tratamos con pueblos y sistemas de costumbres y modos de pensar tan diferentes.
La primera vez, hace veinte años, encontré un continente más que un país, con diferencias abismales, desde una capital muy soberbia, donde te miraban de arriba como suelen hacer los parisinos o los neoyorquinos con los pueblerinos de un pequeño paisito del sur, hasta la cortesía oriental exquisita de ciudades del norte, cerca de Corea, donde discutíamos de igual a igual con los ingenieros especializados en estructuras de muelles, para optimizar las mejores soluciones diseñadas a medida para las condiciones de Uruguay.
Este 2025, era otra China. El desarrollo económico se sentía, en la mejora de vida de la gente, en menos horas de trabajo, en la explosión de mejores edificios, rutas e infraestructura, con más autos, con todos los demás en motos en lugar de bicicletas: menos pobreza.
Pero tengamos cuidado: hace unos años, una de las grandes compañías chinas se acercó para ofrecer una sociedad y así presentarnos juntos a una gran obra portuaria. Que se hubieran fijado en nosotros, si bien somos pioneros en grandes obras en muelles y obras marinas, ya era un honor. Que aceptaran ser socios en partes iguales, donde tendríamos derecho de veto en cualquier decisión, era un halago para la trayectoria de una empresa de ingeniería basada en valores, donde la mayor responsabilidad es sentirse colaborador en la creación de un mundo que aún no está terminado y que será tanto mejor cuando demos el mayor empeño en construirlo con nuestro mejor esfuerzo.
Aunque, por un compromiso que tomamos, no puedo dar detalles de la relación, esta sociedad falló. Cuando un abogado de la compañía china nos planteó modificar el compromiso, dada la diferencia de tamaño de las empresas, para dejar con mayoría a la empresa china, adiviné en el aire la movida.
Si bien los diez o doce ingenieros chinos con los que nos movimos eran de excelente nivel, tal como los españoles, los franceses o los americanos, al conocernos nos menosprecian un poco. Ellos son los especialistas mundiales, ¿que puede enseñarles un sudamericano?
Y en cada reunión, cuando había que tomar una decisión, los ojos buscaban en una esquina a alguien que no había hablado nada, pero que debía asentir para seguir. Un comisario político. El principal capital de la empresa china era el estado, el partido comunista chino.
Al final rompimos el papel firmado del acuerdo, nos despedimos como amigos. No podíamos trabajar juntos en un proyecto si teníamos que cuidarnos de los abogados de nuestro socio antes de empezar a trabajar. Ya conocía y tengo amigos comunistas, pero así no se puede. Cuidado.
Al final, la terminal pesquera se hizo, en el Puerto de Montevideo, con mi proyecto, por otras empresas.
En los proyectos de este año, llegamos a inaugurar el proyecto de defensas del muelle de Terminal Mbopicuá, según mi diseño, uno de los primeros proyectos en el mundo según la nueva norma Pianc que prioriza la seguridad de las tripulaciones y personal de tierra. Un éxito, con Taihong Rubber de Yantai, Shandong.
Y ya se está montando una estructura metálica, según mis planos, de la que, con la ampliación, será la planta de semillas finas mayor y más moderna de América del Sur, construida por Canglog Steel de Zhengzhou, Henan.
Pero también encontramos deficiencias serias e irregularidades en entregas para otro proyecto en el Caribe, planteos comerciales revestidos de apariencias de ciencia que no encajaban en la ingeniería: como decimos aquí, cuentos chinos. Como con las compañías de cualquier país grande, hay que tener mucho cuidado cuando vienen a hacer dinero en un país pequeño.
Cuando vi la declaración conjunta de China y Uruguay, me decepcioné mucho.
Si era una misión comercial para abrir mercados, ¿por qué visitar al Partido Comunista y por qué ofender a Taipéi, un país democrático como Uruguay, en el oriente, apoyando a la dictadura comunista china que arresta católicos y demócratas en Hong Kong y masacró estudiantes en las protestas de la Plaza del Pueblo de Beijín?
Se puede comerciar con todo el mundo, hasta con Irán, sin necesidad de besar los pies de los dictadores.
Ing. José Zorrilla